La naturaleza y los anhelos de la sombra
O7/VII/2020
Marca la sombra el terreno pisado pegada a aquel del cual es proyección. A veces atrás, otras delante o a los costados. Fina, alargada, embrutecida o danzante. Puede ir detrás como el «doppelgänger» del cuento aquel de Allan Poe sirviéndole de «alter ego» que busca abrirle los ojos y vuelva al sendero de lo correcto y purifique sus acciones.
Pero también puede que desde atrás vaya profiriendo susurros discordantes e imperantes. Tal vez malsonantes al ser incapaz de aceptar que únicamente se trata de la proyección del cuerpo del que es imagen.
Camina la sombra siguiendo los pasos atrevidos. También los indecisos deseando ser lo que no puede ser o intentando que sea de otra índole lo terrenal desde lo que adquiere sus formas.
Desde sus variantes formas adquiere diferentes figuras en su fino y silencioso trasegar mediante su voz que a veces susurra suave al oído. Otras vocifera sobre él o lo hace desde la distancia. Cuando está a cierto espacio de separación.
Sus formas variadas puede que la enorgullezcan. Tal vez le cohíba no tener una forma definida. Tiene mil rostros y su elasticidad es suprema en el mundo natural y del subconsciente. Quizás sea pura, atenta y bien intencionada al desear que florezcan los pétalos bañados con un perfume carmesí.
O también podría querer incitar a la malevolencia marchitando los pétalos imbuyéndoles en la fragancia de la putrefacción mientras va susurrando maldiciones con susurros o a viva voz cuando se ve impotente por no poder adquirir esa forma material.
Vive la sombra. A veces perfectamente perceptible. Otras casi invisible. En ocasiones su baile se vuelve reflejo de la diversión, la síntesis de lo festivo y la alegría. Su grácil caminar es otro baile, de los más apasionados en el mundo terrenal. Su índole mágica fue, al fin y al cabo, uno de los pilares para que se originaran las leyendas que hoy conocemos al crearse bajo sus faldas y calor.

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