La extraña visita en medio de la gélida noche
"Lo tuyo no tiene nombre". Algo parecido le habría dicho su mujer. Pero aquel fin de semana era para él solo. Él mismo iba a ser casi su única compañía en esa vieja casona en mitad del desierto. Podría disfrutar de la soledad y de la fría noche que hacía tanto tiempo no degustaba. Ello mientras tenía a su lado a Ace, su querido pastor alemán de cuatro años. Tenía 48 horas por delante. Y estas las invertiría en hacer nada. Además de beber un poco más de la cuenta, tal y como estaba en esos instantes en el pórtico que disponía la vivienda. Mientras Ace dormitaba a su vera, él gozaba de un cigarro bajo la luz de la Luna en aquella noche despejada. Era bastante gélida, pero no le importaba. Llevaba puesta una gran cantidad de ropa de abrigo. Además, un gorro le cubría la cabeza. Y unos guantes sus manos. Y estos no le impedían manejar con soltura la botella de whisky. Tampoco el vaso en el que lo vertía o el paquete con cigarrillos que en su interior guardaba un mechero metálico....