Una incómoda reunión
Su rostro reflejaba incertidumbre. Además de ser incapaz de disimular el temor que la invadía. Y no era para menos. Sabía lo que su hijo entre manos se traía. Y aunque en el fondo la llenaba de orgullo, no dejaba de pensar que, tarde o temprano, tendría que ver cómo lo enterraban. Más después de encontrarse con Juan y explicarle este lo que Jesús iba a hacer. El pesar la dominaba incluso estando su corazón iluminado por verse junto a su vástago. - Sólo dime el porqué de que vayas a ser tú. ¿No puede hacerlo otro? ¿Acaso no podría ser alguno de los que te acompañan? - le preguntó mientras observaba de reojo a Magdalena. Pero no con una actitud inquisitoria, sino de alivio. - Madre, en el fondo, es una labor de todos. Lo que me compete es poner el rostro. La figura. Por decirlo de alguna forma, tomo ese papel con tal de que la gente pueda seguir el mensaje. Sin una persona que lo lleve... sería imposible nuestra misión - le contestó el joven. Por un momento, un ataque de ira pretendió d...