El punto de no retorno habido en el laboratorio
"Tengo que cambiar tu programación; lo empático no me sirve en mis propósitos". Lo dijo observando cada uno de sus movimientos. La forma en que servilmente dejaba el café que le había pedido. "Pero, señor, ¿cómo entonces habré de cumplir sus deseos si no logró ponerme en su lugar?", contestó la rechoncha figura que hacía las veces de mayordomo. Dudó en decir lo que tenía en mente. "Si no redirijo tus directrices no podré obtene r mi venganza". Suspiró. "A eso mismo me refiero", prosiguió. "Si quiero llevar a buen puerto mis planes habrás de volverte en un arma de guerra... y creo que ya sé cómo hacerlo", expresó mientras acariciaba su frondoso y canoso bigote. Número 19 lo observó. Su gesto denotaba sorpresa. Pero esta no era real. Sólo eran sus algoritmos. Y estos hacían que simulara las emociones humanas. De la misma forma que hacen los psicópatas. Aunque, bien pensando, y si llevaba a cabo lo que tenía en mente, lo podría aprovechar....