Los momentos vividos por Sheldon Cooper en días de pandemia

27/VIII/2020



Sheldon Cooper está en pleno ataque de ansiedad. ¿Qué le habrá pasado? Puede que olvidara algún evento, alguna reunión importante. Tal vez haya encontrado un objeto en un sitio diferente del que tendría que estar. Podría ser que parte de los datos de su última ecuación estén aplicados de forma incorrecta. 

Pero esto es algo imposible a no ser que uno de sus compañeros lo cambiara con la funesta intención de gastarle una malévola broma. Sus instrumentos están donde deberían y los quince botes de gel hidroalcohólico son los indicados para saciar sus necesidades antiCoVid.

La partida de rol de esa tarde fue celebrada tal y como debería. También ha transcurrido conforme a sus expectativas; es decir:ha salido victorioso. ¿Cómo iba a ser, sino? Su cena está preparada meticulosamente. Con las cantidades exactas de los correspondientes ingredientes y a la temperatura idónea. Ni un grado más ni tampoco uno menos de lo estipulado. 

Su ropa está recogida de la forma que exige: sin arrugas y prestas a ponérselas rápidamente en caso de la más que estadísticamente probable evacuación en caso de incendio, terremoto o pérdida de luz en todo el edificio. Incluso si eso ocurriera solamente en su habitación.

¿Qué puede haberle pasado? Sería un caso perfecto con tal de que La Nave del Misterio invirtiera sus esfuerzos en él. Pero, en caso de enterarse, la cólera de Cooper no sería aplacada ni con cincuenta clones de su progenitora cantando a la vez «Dulce Gatito». 

Y no, tampoco ha discutido con Amy Farrah Fowler sobre cuál de sus ramas científicas es más importante. Ese coloquio llegó a un punto muerto hace muchísimo tiempo, pues por primera vez en su vida no pudo ganar ni imponerse en una batalla dialéctica.

Tampoco es una reacción a la petición de esta a recibir un ósculo o practicar relaciones sexuales. Esto último sólo se lo pidió una vez y, desde entonces, el físico teórico se ve obligado a tomar una medicación recetada por su tan denostada Psicología con la que tratar el trauma que le ocasionó tal revelación.

Ni siquiera es consecuencia de las noches de insomnio provocadas por las ruidosas guerras de almohadas de Penny y Leonard. Podría ser, tal y como parece, algo mucho más trascendental y profundo.

Tal vez sea que todavía no funcione la máquina del tiempo, pues tiene en la punta de la lengua algo relacionado con la Teoría de Cuerdas que no consigue escupir. De esa forma podría charlar con el difunto Stephen Hawking sobre la visión de Sheldon hacia la Geología y otras ciencias que él considera menores, superficiales y, en esencia, prácticamente inútiles.

Pero, en el fondo, tiene que ver con él y la última edición de las Páginas Blancas que ha recibido. Tras desinfectarlas meticulosamente las abrió por la "H" con la intención de maravillarse con el nombre de su admirado, y también, físico teórico. La huella que indicaba su dirección de residencia ya no estaba. Y no le basta con la obra del «hombrecillo» que inspiró a tantos como él.

tenor.com


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