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Mostrando las entradas etiquetadas como Historia

La encina en la ladera de la montaña

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El invierno estaba cerca y necesitaba madera. El frío en aquella parte del bosque solía ser demencial. Por fortuna, su cabaña era pequeña y no le haría falta mucha con tal de calentarla. Por lo tanto, antes de ponerse en marcha, agarró el hacha que hacía tanto tiempo atrás le regalaron. Miró su filo y descubrió que necesitaba afinarlo. Así que sacó la piedra que guardaba hacia tal fin y se puso manos a la obra. Lo hizo sentado en la vieja banqueta del pórtico. En la misma en la que solía tomarse el café. Ya fuera cuando se levantaba o después de comer. No le costó mucho ponerla a punto. Llevaba años realizando la maniobra, por lo que le resultaba casi un gesto mecánico. Hasta instintivo. Al terminar, se levantó encaminándose a un prado habido en la ladera de la montaña cercana. Le esperaba un viejo árbol que, según sus cálculos, le llevaría cuatro días talar, por lo que realizaría un esfuerzo titánico. Era una gigantesca encina con el tronco enroscado mientras caía al suelo y acto seg...

Cuando le envolvía la oscuridad

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En medio del asfixiante calor de la noche, cuando el sudor recorría cada centímetro de su cuerpo, decidió levantarse de la cama. Salir al balcón y tomar algo de aire fresco. Pero antes pasó por el baño. Necesitaba mear. No era que tuviera mucha necesidad, aunque aligerar peso le vendría bien si después regresaba a ella. Eran cerca de las cuatro de la mañana, y quedaba poco más de hora y media con tal de que sonara el despertador. Así que, tras miccionar y bajar la tapa (no accionó la cisterna pretendiendo no despertar a los vecinos), comenzó a lavarse las manos. También un rostro completamente pegajoso por las secreciones sudoríparas. En cuanto terminó, regresó a la habitación y salió al balcón. Aunque antes iría a la cocina con tal de calentar un poco del café que tenía preparado para el desayuno y después de comer. Sería entonces que accediera a la diminuta terraza que daba a su cuarto. Una vez ahí, agarró uno de los cigarrillos del paquete de tabaco dejado sobre la mesa. Nada más en...

Al despertar en la habitación del risco

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- Toma, bebe. Hará que recuperes las fuerzas. Le ofreció un cuenco de cerámica cuya superficie estaba ligeramente quebrada. En su interior, un liquido caliente expelía vaho. Además de soltar un dulce y agradable olor. Titubeante mientras estaba tumbado en la cama, lo agarró llevándoselo a la boca. "¿Qué es?", quiso saber. - Un tónico especial - reveló la mujer -. Es vino mezclado con miel y sangre de cordero. Y unas especias secretas de las que mi mentora me habló. Es una pequeña parte de un legado que ha traspasado generaciones. Dudó en tomarlo. El motivo no eran sus ingredientes, sino el no saber de las costumbres de aquellas gentes. Pero le eran familiares. Era como si antes hubiera estado entre ellas. O en su compañía. Pero de lo que estaba seguro era en no romper lo que dedujo serían unas normas de hospitalidad. Así que... dio un sorbo al brebaje. - ¿Cómo se llamaba ella? Tu mentora... La fémina lo observó mientras lo analizaba al dedillo. Aunque no había maldad en sus m...

Un inesperado déjà vu...

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Sacó la libreta mientras esperaba el café que acababa de pedir. Al abrirla, observó su letra. Lo escrito eran apuntes. Estaban plasmados a tanta velocidad que a cualquiera que los viera le sería casi imposible comprenderlos. En ocasiones, hasta a él mismo le costaba. Y cuando eso sucedía trataba de encontrar un punto en concreto. A partir de ahí, hacía memoria y, como si fuera un truco de magia, lo que a primera vista resultaban garabatos adquirían significado. Pero ese día no supo desde dónde partir. Lo que tenía enfrente sólo eran borrones. Una ingente cantidad de páginas pinturrujeadas sin sentido alguno. Ni siquiera podía atisbar una mínima parte de lo que le llevó a hacerlo. Ante esto, una asfixiante sensación de impotencia lo dominó. La claustrofobia ante la frustración que estaba sintiendo le hizo ahogarse mientras iba quedándose sin oxígeno. Le era imposible respirar mientras su pecho comenzaba a aplastarse por su propio peso. Comenzó a marearse. A sentir los mismos síntomas qu...

La vasija en la galería de la cueva

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Fue casualidad. Buscando protegerse de la lluvia terminó adentrándose en aquella cueva. En un principio, se resguardó en el pórtico. Pero, viendo que el fuerte viento hacía que el agua entrara al interior, osó aventurarse en la primera galería que encontró. Por fortuna, la escasa luz que accedía mantenía iluminado el arranque del pasillo. Una vez dentro, su sorpresa sería mayúscula. Las paredes estaban pintadas. Además, parecían los signos escritos de alguna antigua, y quizás primitiva, lengua. Así que no tenía forma alguna de comprender lo que expresaban. Pero después, tras sobreponerse a la impresión, algo le llamó más aún la atención. Justo en el mismo centro del lugar, una vasija de metro y medio de altura estaba presente. Al acercarse, observó que su hendidura estaba cerrada. Sellada con una especie de tela raída por el paso del tiempo. Esto le permitió distinguir que bajo ella se ocultaban más capas. Tal si fuera un rudimentario sistema de cierre hermético. Cuando terminó de rela...

Poco antes de llegar a Westin Hills

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Mucho tiempo hacía que no soñaba. Y aunque sintiera nostalgia de ello, prefería seguir así. El miedo a la criatura continuaba, pero las pastillas la alejaban del mundo onírico. Por lo menos lograba descansar aunque, de vez en cuando, amaneciera fatigada. Él campaba a sus anchas en el terreno de las pesadillas y esa fue la única alternativa que encontró con tal de alejarle. Incluso habiéndolo derrotado en su momento. Además de todo el dolor que seguía padeciendo, lo que más lamentaba era haber dejado atrás su viejo diario. Aquel que abandonó en un rincón secreto que guardaba el armario de su habitación. La mudanza fue tan rápida tras la muerte de su madre... que lo dejó en medio de una impulsiva acción. Lo que pretendía era advertir a los que pudieran habitar la casa. En especial a los que fueran adolescentes, pues a las malas descubrió que los adultos solían ignorar las advertencias de los primeros. Lo vivió en sus propias carnes. Desde entonces, para que sintiera un mínimo alivio tuvi...

La quema de la máscara

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¿En serio era cierto? ¿Acaso habían dejado de necesitarle? ¿Cuándo? ¿Cuál fue el momento en que optaron por sumergirse en lo lúgubre y corrupto en vez de abrazar la justicia? ¿Qué fue lo que hizo que la ciudadanía decidiera seguir ese camino? Y lo que más le desconcertaba es que él mismo hacía tiempo que tomó ese misma dirección. ¿Cuándo? No lo recordaba. Lo único que por seguro tenía era que la máscara enmohecida vestía. Y que estaba entre sus manos. Que únicamente le faltaba un pequeño empujón con tal de arrojarla al fuego de una de tantas chimeneas de las que disponía la Mansión. Trató de hacer memoria. Y descubrir el instante en que todo dejó de importarle por mucho que continuará recurriendo a los trajes del héroe atormentado y los uniformes de dandi despreocupado. Pero no lo logró. La sensación de desconexión con la realidad le resultaba eterna. La ausencia de interés hacia ella disponía la forma de un abrigo que lo aislaba por completo. Y la indiferencia por la sociedad era igua...

La liturgia tras el punto final

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- ¿Por qué escribes? - Me hace sentir libre. En ello siento la libertad. *** Tras plasmar esto sobre el papel, lo sacó de la máquina de escribir acercándolo a su nariz impregnándose de la tinta pretendiendo atesorar el momento en su memoria. Después de dos meses, y más de un año de documentación, finalmente logró concluir el libro. También suspiró mientras se reclinaba en la silla del escritorio a la par que sonreía de oreja a oreja. Estaba satisfecho, pero aún le quedaba corregir el texto. Pero eso vendría más adelante. Después. Su intención era dejarlo reposar una semana. De esa forma, al comenzar a macerarse en su interior, le sería más sencillo. Y fluido. Aunque, por ahora, lo primero que le rondó por la cabeza fue tomarse una cerveza. A modo de frágil, y ligera, celebración. Y eso que no tenía por costumbre festejar la publicación de ninguno de sus "vástagos". Con este, y llegado el momento, serían siete en total. "Una verdadera familia numerosa", mascullaba cí...

Sobre cómo mantenían en secreto su existencia

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- Déjale, y procura no hacer ruido. Si quiere venir ya lo hará por sí mismo. No le fuerces... Tan sorprendido estaba por lo que tenía delante que casi no escuchó cómo su compañero decía eso mismo. "Pero si nos ha visto hace rato", susurró en cuanto la impresión se lo permitió agazapado como estaban en medio de la maleza del bosque. "Pensé que eran un mito, nunca creí que pudiera llegar a ver uno", continuó en voz baja. Enfrente de ellos, podía atisbar la figura de un viejo caballo. Aunque su torso era el de un anciano. Incluso apoyaba su cuerpo sobre un bastón al igual que muchas personas hacen en el tramo final de sus días. - Cerca de aquí, a unos quinientos metros, hay una cueva que va a dar a un valle escondido. Habrá unos 50 centauros. Es una comunidad pequeña, pero lo mejor es que guardemos el secreto. Si la gente se enterara, en menos tiempo del que crees estaría todo lleno de científicos que terminarían secuestrándolos y llevándolos lejos de su hogar. ¿A dónd...

La reaparición de Frank Grimes

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Cinco fueron los meses. Cinco prácticamente doblando turno en el Badulaque regentado por Apu. Y en todo ese tiempo un reconcome no cesaba de atormentarle. ¿Dónde estaría? ¿Qué fue de él? Pese a ello, los siete años que pasó internado en el psiquiátrico de Springfield casi hicieron que le olvidara. Pero algo había que, irremediablemente, lo llevaba al que, en su momento, consideró artífice de su perdición. Sería que, durante la escasa hora libre de la que disponía, se plantara ante la entrada del Bar de Moe. Desde ahí, mediante lo poco que dejaba atisbar la ventana llena de mierda, lo distinguió. Y eso le partió el corazón. Pese a todo el odio que llegara a sentir en su día... la escena que delante tenía quebró su alma hasta unos confines que ni imaginaba. Por eso titubeó. Dudó en abrir la puerta y traspasarla. Sobre si tenía la necesaria fuerza de voluntad con la que soportar todo aquello. Aun así, lo hizo. Y en miedo de todo aquel aroma a moho putrefacto mezclado con el alcohol que ll...

La excursión que dio por concluida en un baño

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La radio del coche estaba prendida. Pero hacía rato que no la prestaba atención. Incluso estando en marcha el boletín informativo, sus oídos sordos eran ante lo que sobre la mesa ponía. Sólo quería parar. Darse un respiro en aquel viaje del cual no intuía su motivo. Ni por qué en medio de un arrebato agarró las llaves y arrancó sin más propósito que desconectar. Y estando surcando el ancho de la carretera, o el meollo de un páramo perdido de la mano de Dios, vio la señal de un parador. De un restaurante ubicado a dos kilómetros. Por lo menos eso señalaba el rótulo. Trató de acomodarse en el asiento y llegar lo más rápido posible. Ese sería su lugar de descanso. Lo que pasara después... ya lo decidiría mientras comía cualquier cosa. El breve trayecto le resultó eterno. El ansia recorría su cuerpo. Cada minúsculo detalle de él fue ocupado por ella. Hasta el momento en el que notó la salida que lo encaminaba al local. Ahí giró a la derecha incrementándose la sensación de impotencia. La má...