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Mostrando las entradas etiquetadas como Terror

Cuando le envolvía la oscuridad

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En medio del asfixiante calor de la noche, cuando el sudor recorría cada centímetro de su cuerpo, decidió levantarse de la cama. Salir al balcón y tomar algo de aire fresco. Pero antes pasó por el baño. Necesitaba mear. No era que tuviera mucha necesidad, aunque aligerar peso le vendría bien si después regresaba a ella. Eran cerca de las cuatro de la mañana, y quedaba poco más de hora y media con tal de que sonara el despertador. Así que, tras miccionar y bajar la tapa (no accionó la cisterna pretendiendo no despertar a los vecinos), comenzó a lavarse las manos. También un rostro completamente pegajoso por las secreciones sudoríparas. En cuanto terminó, regresó a la habitación y salió al balcón. Aunque antes iría a la cocina con tal de calentar un poco del café que tenía preparado para el desayuno y después de comer. Sería entonces que accediera a la diminuta terraza que daba a su cuarto. Una vez ahí, agarró uno de los cigarrillos del paquete de tabaco dejado sobre la mesa. Nada más en...

La excursión que dio por concluida en un baño

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La radio del coche estaba prendida. Pero hacía rato que no la prestaba atención. Incluso estando en marcha el boletín informativo, sus oídos sordos eran ante lo que sobre la mesa ponía. Sólo quería parar. Darse un respiro en aquel viaje del cual no intuía su motivo. Ni por qué en medio de un arrebato agarró las llaves y arrancó sin más propósito que desconectar. Y estando surcando el ancho de la carretera, o el meollo de un páramo perdido de la mano de Dios, vio la señal de un parador. De un restaurante ubicado a dos kilómetros. Por lo menos eso señalaba el rótulo. Trató de acomodarse en el asiento y llegar lo más rápido posible. Ese sería su lugar de descanso. Lo que pasara después... ya lo decidiría mientras comía cualquier cosa. El breve trayecto le resultó eterno. El ansia recorría su cuerpo. Cada minúsculo detalle de él fue ocupado por ella. Hasta el momento en el que notó la salida que lo encaminaba al local. Ahí giró a la derecha incrementándose la sensación de impotencia. La má...

Una pintura con historia

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Observó el cuadro. Era grotesco. Visceral. La fealdad y lo nauseabundo dibujaban cada esquina. Cada rincón. Cada diminuto punto de su tela. No lo comprendía. ¿Cómo era posible que estuviera expuesto? ¿Qué era lo que hacía que la gente estuviera atraída por él? - Sé lo que piensas - escuchó decir justo a su lado a una voz familiar -. Pero cuenta la leyenda que en otro tiempo fue hermoso. Brillante y lleno de colores. La necesidad hizo que terminara tal y como está. Y, desde nuestra perspectiva, su creador tuvo un trágico final. Silencio. Meditaba sobre las palabras escuchadas. "Bien, entonces... ¿cuál es esa historia? Y viniendo de ti, el Martos de lo lúgubre, nada bueno puede ser". Su acompañante sonrió. Incluso soltó una ligera, y cínica, risita. - Vale, aunque has de saber que te la contaré en tercera persona. De la misma manera que lo hicieron conmigo. - Pues... adelante. *** "De la pintura salía un olor nauseabundo. En ella podía distinguirse los rastros del pus que ...

El primer vástago desde la sobriedad

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Entonces, justo cuando le puso el punto final al libro, sintió un vértigo tremendo. Tuvo que agarrarse a la silla del escritorio con tal de no caerse. Todos los miedos que sentía parecieron aflorar de repente. Como si fueran un volcán que erupcionaba tras acumular toneladas de lava. Trató de respirar, de calmarse. De despejar la mente. Y cuando todo pasó, agarró un cigarrillo y lo prendió. Había dejado atrás el egoísmo. La decisión de seguir adelante con tal de no perder a su pareja y los niños. Y ahora, aunque le quedaba pulir algunos detalles y corregir la novela, comprendió que todas las demás las había escrito él mismo. No la cocaína. Ni el alcohol o las demás sustancias. Siempre fue él. Su Yo emergiendo a través de la niebla que disfrazaba sus fantasmas. Incluso apaciguó el pánico ante la crisis del escritor que tanto temía habiéndola sufrido estando sobrio por primera vez después de tantos años. Decidió ir al pórtico de la casa. Acabar ahí el pitillo mientras tomaba un té. Lo hiz...

Los fantasmas que rodeaban la cabaña

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Sentado en el sillón mientras tomaba café, el gesto que Mara realizó al cerrar las pequeñas portezuelas de las ventanas le resultó extraño. No prestaba atención al exterior. Apartaba su mirada como si pretendiera no atisbar nada de lo que fuera de la cabaña había. Y también lo hacía cuando descorría las diminutas cortinas. Incluso, le pareció que, en ese instante, sus manos temblaban. Guardó silencio. Siguió observándola. Esa misma maniobra la repitió en todas las demás. En las seis que, durante el día, permitían que la luminosidad entrara en la sala. Entonces comprendió que lo mismo acometió con todas las que la vivienda disponía. Poco antes, recorrió cada habitación de ella. No le dijo nada. Simplemente, se levantó del otro sillón y empezó a recorrer cada estancia en un completo silencio. - ¿Por qué...? ¿Por qué estás haciendo eso? - quiso saber. La mujer se sobresaltó de forma ligera cuando escuchó su voz. Había estado ensimismada. Sumergida en a saber qué pensamientos. Y un leve ru...

Más allá del interior de la ballena

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En el fondo, no deseaba salir a la superficie. Pero la humedad habida en el interior de la ballena estaba destrozando la madera de su cuerpo. Y lo único que le dolió, aunque no mucho, fue tener que arrancarse parte de ella. Lo hizo con tal de prender lumbre, por el hambre que los dominaba. Y la primera víctima fue Cleo. Necesitaban recuperar energías. Estaban famélicos. Gepetto y Fígaro se negaron a comer. No querían participar de semejante barbaridad, decían. El pececillo los acompañó durante mucho tiempo, incluso antes de emprender la búsqueda de Pinocho. No podían hacerlo. Y él, al observar su actitud, sólo dejó escapar un gesto de satisfacción. "Más me toca", pensó. Sin más dilación, lo asó y disfrutó de sus carnes sin disimular el gozo. Después, y sin darle importancia a lo que acababa de hacer, les preguntó el porqué de que hubieran decidido ir a buscarle. "Eres mi hijo, ¿qué querías que hiciera?", cuestionó indignado Gepetto a la par que no cesaba de recrear ...

La marca tras los dos lados de la puerta

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Sentía que la cama lo llamaba. Estaba tan cansado que hubiera sido capaz de tirarse sobre ella y quedarse ahí. Sin necesidad de taparse. De ir quedándose dormido mientras el sueño iba dominándolo sin pretensión alguna. O con toda la intención del mundo. Pero en vez de ello, se despojó de la ropa. Hasta quedarse únicamente en calzoncillos. Y fue a su interior. Retiró la sábana. También la manta. Una vez dentro, disfrutó de la textura abrazando cada centímetro de su cuerpo. Entonces, abrió la cajita de los auriculares inalámbricos. Los colocó en sus oídos y activó el «Bluetooth» del ordenador portátil. Oyó el sonido musical que avisaba al momento de estar en marcha. Entró en Youtube. Buscó un documental. Su intención era ponerlo y escucharlo como si de la radio se tratara. Fue pasándolos sucesivamente hasta encontrar uno que le llamó la atención. Trataba sobre lo verdadero alrededor de la figura del Jesús histórico. No le hizo falta poner nada en el buscador. Su costumbre de dormir de es...

Un rostro que le era familiar

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Aquel rostro le agradaba. Era jovial. Risueño. Sus pómulos rojizos le trasmitían confianza. Tranquilidad. Pero su sonrisa... no era natural. Estaba forzada al estar abierta de par en par. Además, las ojeras que rodeaban los ojos eran demasiados oscuras. Y profundas. Parecía no haber podido descansar durante mucho tiempo. Lo analizó más detenidamente. Llegó a sobresaltarse por el enorme cuchillo que portaba en su mano derecha. Era enorme. Muy grande. Y brillaba bajo la luz de la lámpara del baño. Estaba teñido de un profundo rojo carmesí. Podía sentir el olor de la sangre dibujada en él. Y esto era algo que le agradaba. Le resultaba relajante. Volvió a observar su cara. Sí, le era muy familiar. Tanto que creía conocerle de toda la vida. Hasta le pareció recordar algunos momentos en los que jugaba con él siendo niño. Quizás en un parque. O alguna plazoleta en la que pasaban las tardes después del colegio. Y una pérgola le vino a la mente. Su base usándola a modo de portería mientras corr...