El Edén tras la pantalla
Era un pueblo particular. Nadie salía de sus casas. Todos trabajan en ellas. Cada miembro de las familias disponía de su reducto particular y jamás lo abandonaba. Así era desde que nacían. Hasta el momento de fallecer. Incluso las relaciones eran llevadas a cabo a través de las diferentes plataformas de Redes Sociales. Pero, además de esto, había otra particularidad. Y no era el hecho de relacionarse de esa manera, sino la circunstancia de que debían hacerlo con perfiles falsos. Daba igual la aplicación de la que tiraran. O si lo hacían mediante varias. Estos no podían mostrar su auténtica persona. Y tenían que cambiarlas cada día. A cada jornada tenían que ser nuevas y sin poder repetirse. Por fortuna, o eso pensaba nuestro protagonista, una serie de algoritmos les facilitaban la tarea. Más que nada por el dolor de cabeza que podía llegar a ocasionarle el estar un día sí y otro también teniendo que buscar un «alter ego». O varios. "Benditos sean estos vericuetos que me hacen más ...