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Mostrando las entradas etiquetadas como Horror

Una pintura con historia

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Observó el cuadro. Era grotesco. Visceral. La fealdad y lo nauseabundo dibujaban cada esquina. Cada rincón. Cada diminuto punto de su tela. No lo comprendía. ¿Cómo era posible que estuviera expuesto? ¿Qué era lo que hacía que la gente estuviera atraída por él? - Sé lo que piensas - escuchó decir justo a su lado a una voz familiar -. Pero cuenta la leyenda que en otro tiempo fue hermoso. Brillante y lleno de colores. La necesidad hizo que terminara tal y como está. Y, desde nuestra perspectiva, su creador tuvo un trágico final. Silencio. Meditaba sobre las palabras escuchadas. "Bien, entonces... ¿cuál es esa historia? Y viniendo de ti, el Martos de lo lúgubre, nada bueno puede ser". Su acompañante sonrió. Incluso soltó una ligera, y cínica, risita. - Vale, aunque has de saber que te la contaré en tercera persona. De la misma manera que lo hicieron conmigo. - Pues... adelante. *** "De la pintura salía un olor nauseabundo. En ella podía distinguirse los rastros del pus que ...

Un rostro que le era familiar

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Aquel rostro le agradaba. Era jovial. Risueño. Sus pómulos rojizos le trasmitían confianza. Tranquilidad. Pero su sonrisa... no era natural. Estaba forzada al estar abierta de par en par. Además, las ojeras que rodeaban los ojos eran demasiados oscuras. Y profundas. Parecía no haber podido descansar durante mucho tiempo. Lo analizó más detenidamente. Llegó a sobresaltarse por el enorme cuchillo que portaba en su mano derecha. Era enorme. Muy grande. Y brillaba bajo la luz de la lámpara del baño. Estaba teñido de un profundo rojo carmesí. Podía sentir el olor de la sangre dibujada en él. Y esto era algo que le agradaba. Le resultaba relajante. Volvió a observar su cara. Sí, le era muy familiar. Tanto que creía conocerle de toda la vida. Hasta le pareció recordar algunos momentos en los que jugaba con él siendo niño. Quizás en un parque. O alguna plazoleta en la que pasaban las tardes después del colegio. Y una pérgola le vino a la mente. Su base usándola a modo de portería mientras corr...

Una sombra inquietante

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En cuanto aparcó el coche subió el volumen de la radio. Estaban emitiendo un boletín informativo, por lo que decidió fumarse un cigarrillo mientras escuchaba las noticias justo antes de entrar en casa. Eran casi las siete de la mañana y el turno en el trabajo había sido duro. Más de lo normal. Y se sentía cansado. Lo único que quería era meterse en la cama y descansar. Sin embargo, bajó la ventanilla con tal de que el olor a tabaco no quedará impregnado en el interior del vehículo. Lo saboreó mientras bebía un poco del agua que llevaba en una botella de litro y medio. Y observó la casa. Era una vivienda unifamiliar de un único piso que disponía de un pequeño jardín que arreglaba los fines de semana. Siempre y cuando el tiempo lo permitiese. Y en aquel sábado parecía que iba a poder pasar un par de horas con ello. Sería por la tarde. Después de comer y habiendo transcurrido los ratos de más calor. Estaba deseando ponerse manos a la obra y soltar adrenalina. Era una tarea que le agradaba...

La condena detrás de la caverna

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Su piel era ajada. Negruzca y pútrida por las quemaduras que en su superficie dejaban verse. Además, la sangre brotaba en finas hileras mezclándose con el pus supurado por las infecciones. Pero, a pesar de ello, no parecía dolerle. Incluso reflejaba un gozo acrecentado al coger a su víctima de los hombros. Con una fuerza atroz, los apretó. Y ahí fue que, desde la distancia, pudo escuchar el crujido de los huesos mientras eran partidos. Presa del pánico, no alcanzaba a moverse. Estaba tirado sobre el suelo de la cueva. Vio la forma en que ese ser levantaba el cuerpo de su compañero con suma facilidad. En sus manos, y bajo la increíble fortaleza de aquellos brazos, parecía una pluma. Entonces, ante la incredulidad que sentía por lo que sus ojos le mostraban, aquel ser abrió la boca. Pero no lo hizo tal y como tú y yo podemos hacerlo. Esta fue agrandándose hasta casi llegar al piso de la caverna. Incluso le recordó a la de una serpiente al momento de dislocar la mandibula justo antes de a...

"Soy la imagen a la que tantas historias han dado voz"

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Le extrañó que llamaran a la puerta. Por suerte, el sonido del timbre no despertó a su hijo. Tenía apenas un mes de vida y le había costado Dios y ayuda dormirlo. ¿Quién podría ser? Beatriz tardaría una hora en llegar del trabajo y ansiaba poder descansar un poco. Estaba destrozada. Aun así, dejó a Lucas en la cuna y fue a comprobar quién la estaba reclamando. Miró por la mirilla y le pareció distinguir a la vecina de arriba. Rara vez se habían cruzado y, cuando lo hacían, le soltaba una sonrisa de oreja a oreja. Tendría unos setenta años y vivía con su marido. Los comentarios sobre ellos les tildaban de raros, aunque al mismo tiempo decían que eran muy amables en el trato. Decidió abrirle y comprobar qué era lo que quería. Quizás necesitara algo. Al hacerlo, al abrir la puerta, la anciana iluminó su rostro trasmitiendo cordialidad. "Buenas noches. Sé que es un poco tarde, pero me preguntaba si me podrías dejar un poco de azúcar. No hemos quedado sin ella y los supermercados están...

"Soy la imagen a la que tantas historias han dado voz"

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