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El concierto en un mundo sin enfermedades (VI)

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Mientras Armando oteaba por la ventana fumaba de la pipa y bebía el vino. Lo hacía en silencio. Parecía meditar a la par que, de vez en cuando, sus invitados dirigían su mirar hacia él. Suspiró y se dio la vuelta dirigiéndose a la mesa con tal de coger una manzana. "Tranquilos, no tengáis prisa". Sacó un pequeña navaja que tenía en el bolsillo de su pantalón y fue despojándola de la piel con el filo. La comió en pequeños trozos que partía con el instrumento cortante. "Es uno de los pocos caprichos que suelo darme", dijo con una voz profunda, pero sin levantar el tono. Lo hizo de tal manera que casi no pudieron escucharle. Cuando terminó de decir esto fue a la cocina. Agarró dos tazas de cerámica y la cafetera. Los llevó a la mesa y les sirvió café. "No digáis que no. Tomároslo. Os vendrá bien". Tras esto, volvió a sentarse y esperó pacientemente a que acabaran. - Estaba pensando cómo deciros lo que tengo que deciros. Así que comenzaré desde el principio. ...

El concierto en un mundo sin enfermedades (V)

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Lo que vio la dejó petrificada. ¿En serio aquello era el mundo real? ¿No sería otra recreación? Mientras corrían y corrían por las calles de aquella ciudad prácticamente derruida no podía dejar de pensar en ello. Su interés la agarraba de la mano a la par que indicaba que lo hiciera cada vez más rápido. "Corre, tenemos que llegar a algún lugar que esté protegido", le dijo entre jadeos por el esfuerzo. "¿Dónde vamos?", le espetó. "¡No lo sé! ¡Sólo corre!". Siguieron haciéndolo hasta que encontraron la entrada a un puente que atravesaba la parte baja de varios edificios. Una vez dentro, y tras cerciorarse de que nadie les seguía, se sentaron en el suelo con la intención de recuperar el aliento. - ¿Este es el mundo en el que vivimos? - Tiene toda la pinta de que sí. Pero debemos mantener la calma. Tengo que contarte algo. Le miró sorprendida. "¿De qué estás hablando?". - La manzana. La clave está en esa manzana que dijiste que podías saborear. Fue ...

El concierto en un mundo sin enfermedades (IV)

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La introdujeron en un diminuto cuarto con cuatro paredes blancas. En él sólo había una mesa alargada en cuyo extremo estaba su interés. Su rostro seguía marcado por los golpes. Parecía inconsciente sentado en aquella silla. A ella la sentaron en otra. Lo miró atentamente. Su dificultosa forma de respirar producía un sonido estridente. Trató de decirle algo, cualquier cosa, pero un nudo apareció en su garganta y se quedó muda. Recordaba cómo la metieron en el ascensor del edificio en el que vivía. Fueron siete pisos los que bajaron. Además de otros dos que iban a los sótanos de este. No sabía los que tenía, nunca se lo había preguntado. Una vez llegados al punto que indicaron en el marcador del aparato, la sacaron. Fuera había un coche. La introdujeron en los asientos traseros junto a su interés. A su lado se sentó uno de los individuos. "Estate tranquila, lo único que hará esto será dormirte", le dijo la misma voz que antes se había dirigido a ella. Le puso un espray frente ...

El concierto en un mundo sin enfermedades (III)

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Cuando salió del aparato sólo pensaba en cenar. Acaba de salir de trabajar y la ducha, además de las inyecciones que hacían que recuperaran las fuerzas, no le habían quitado el hambre. Así que se puso la bata correspondiente hacia cuando andaban en casa y fue a la cocina. Una vez allí, cogió la bandeja en la que estaba la ración correspondiente. Esta estaba basada en dos purés insípidos de color diferente y un trozo de fruta que tampoco sabía a nada. Pero ella no le daba importancia, nunca se había planteado lo que debía de ser el sabor. Llevó las papillas al microondas y las calentó. Al acercarlas a la mesa junto a la pieza de fruta accionó el aparato que registraba los mensajes habidos en la llamadas. Había estado metiendo horas extras en el trabajo. Y este, a diferencia de lo que ocurría con el ocio mediante la "relatividad coaxial", no estaban sujeto a ese fenómeno. Las 15 horas que había invertido la dejaron destrozada, pero el milagro recuperativo dejó como nueva. Esa ...

El concierto en un mundo sin enfermedades (II)

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Una de las características del diseño de aquella sociedad es que estaba orientada a no perder el tiempo. Por ello, y centrándose en el aspecto de la producción laboral, los periodos destinados al ocio estaban supeditados a un fenómeno que llamaban "relatividad coaxial". Es decir, cada cinco minutos que pasaban divirtiéndose en aquel artefacto tenían la sensación correspondiente al transcurso de una hora. El desgaste físico sentido durante ese lapso era trasladado al cuerpo. Y la recuperación se llevaba a cabo en el mismo lugar en apenas 2 minutos mediante una serie de sustancias químicas que eran inyectadas al cuerpo. Esto también sucedía cuando al finalizar la recreación del laburo recobraban fuerzas. Y ella, a través de la diversión que le correspondía por medio del mandato legal, estaba en el concierto con la esperanza de poder charlar con él. Decían que estas se realizaban igual que en los Tiempos Oscuros, cuando nada funcionaba y el mundo estaba sumido en las tinieblas....

El concierto en un mundo sin enfermedades

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Aunque no tenía pensado afeitarse, estaba en la obligación de ello. La longitud de su barba excedía lo reglamentario, por lo que fue al baño con la intención de arreglarla según lo estipulado. Agarró la maquinaria correspondiente siguiendo meticulosamente las instrucciones que debía cumplir. Con tal fin disponía de unas herramientas que le señalaban dónde y cómo rasurarse. Así que, cuando terminó, fue directo al habitáculo en el que disfrutaría del concierto. Este se celebraría en la misma sala de estar de su vivienda. Y esta no tenía ni 40 metros cuadrados. A ese espacio se le unía la habitación, el baño, la cocina y un diminuto pasillo de cuatro metros de longitud. Llevaba viviendo allí desde los 24 años. Ese era el momento en que se alcanzaba la mayoría de edad y la gente se independizaba. Además, tanto él como las gentes que residían en aquella ciudad nunca habían visto el firmamento. Nunca habían sentido el aire del exterior. De hecho, al instante de ir a dar a luz, las madres era...