La vasija en la galería de la cueva
Fue casualidad. Buscando protegerse de la lluvia terminó adentrándose en aquella cueva. En un principio, se resguardó en el pórtico. Pero, viendo que el fuerte viento hacía que el agua entrara al interior, osó aventurarse en la primera galería que encontró. Por fortuna, la escasa luz que accedía mantenía iluminado el arranque del pasillo. Una vez dentro, su sorpresa sería mayúscula. Las paredes estaban pintadas. Además, parecían los signos escritos de alguna antigua, y quizás primitiva, lengua. Así que no tenía forma alguna de comprender lo que expresaban. Pero después, tras sobreponerse a la impresión, algo le llamó más aún la atención. Justo en el mismo centro del lugar, una vasija de metro y medio de altura estaba presente. Al acercarse, observó que su hendidura estaba cerrada. Sellada con una especie de tela raída por el paso del tiempo. Esto le permitió distinguir que bajo ella se ocultaban más capas. Tal si fuera un rudimentario sistema de cierre hermético. Cuando terminó de rela...