Tras las paredes de su retiro
El sonido de los arañazos en la puerta eran cada vez más frecuentes. Al igual que los golpes. Por fortuna, estaba fortalecida con metal. Y lo mismo sucedía con el exterior de las ventanas. Aquellos monstruos no tenían forma alguna de entrar. Pero, pese a ello, estaba nervioso. Alerta. El temblor de su mano mientras fumaba el cigarrillo lo indicaba. Aun así, disfrutaba viéndoles a través de la pantalla del televisor que mostraba las imágenes de lo que sucedía en el pasillo del edificio. Dio un sorbo al café que tenía en la taza de cerámica. Los seres eran horrendos. Sus figuras putrefactas y desfiguradas no dejaban ver nada de lo que antaño fueron. No había ni un atisbo de humanidad en ellos. Quizás solamente el envoltorio, pero estaba tan contaminado que ni en lo más mínimo se parecían a él. O eso quería creer, pues de vez en cuando realizaban gestos que los delataban. Y con estos se comunicaban entre sí. Aunque no comprendiera el maldito lenguaje que usaban. De repente, los vio marcha...