El flotar del pompón de diente de león
Habían pasado más de 12 años desde que abandonó aquella cabaña en compañía de Bilbo. Y aunque las noticias sobre Beorn le llegaban constantemente no regresó al territorio del cambiante. Y ahora que volvía a estar frente a él le seguía sorprendiendo su imponente estatura. Se sentía diminuto a su lado a pesar de su también gran tamaño. Además, aunque jovial y sincera, su escudriñante mirada conllevaba que estuviera alerta. Aunque tuviera la certeza de que la desconfianza que mostró al momento de conocerse hacía tiempo que desapareció. - Te felicito - comenzó a decir Gandalf -. La paz y la tranquilidad preside este lugar. Estás haciendo un gran trabajo. En ese momento, un pompón de diente de león cruzó la estancia con una embaucadora parsimonia. Beorn alzó suavemente el brazo y lo agarró por su tallo de una forma exquisita y delicada. Quién hubiera dicho que aquella finura escondiera a uno de los guerreros más temidos de la Tierra Media. De hecho, si no llega a ser por él no hubieran sali...