El último día del neandertal
Sentado junto al fuego de la hoguera, agarró una pequeña concha de molusco. Era fina, y al tacto daba la impresión de haber sido pulida. Pero no era así. Era una de las que cuyo interior les sirvió de cena la noche anterior. Y ahora, mientras observaba el amanecer desde la entrada de la caverna, algo en su interior parecía moverse. Era pena. Tristeza. Algo que siempre le acompañó desde que tenía uso de razón. Y esto también sucedía con la inmensa mayoría de sus congéneres. Pero desde hacía siete inviernos no vivía con ellos. En su lugar, sus compañeros eran otras gentes. Y estas eran más delgadas y altas. No eran robustas, al igual que él. Pero disponían de más conocimientos sobre el mundo que les rodeaba. Lo que más le sorprendió al ir conociéndose fue la inmensa variedad de herramientas que atesoraban. Muchas eran nuevas. Nunca antes las contempló. Pero las que le eran familiares eran mejores. Estaban perfeccionadas. Su unión al clan sería de casualidad. Había escuchado hablar de ell...