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Mostrando las entradas etiquetadas como Rutina

Un viaje en tren que parecía circunstancial

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Sus manos temblaban. Lo hacían de tal manera que el llavero se le escurrió cuando fue a introducir la correspondiente en la cerradura. Atrás dejó la euforia que lo acompañaba. La sonrisa constante que dibujó su rostro hasta poco antes de llegar a casa. Hacía cinco minutos que el corazón le dio un vuelco. Y aunque sabía que nada debía de lamentarse, el malestar fue inundando su cuerpo. Una especie de raro escalofrío no dejaba de recorrerlo. Su estómago se retorcía por un constante, pero intermitente, dolor punzante. En cuanto logró abrir la puerta, un ligero alivio lo abrazó. Pero no conseguía difuminar esa gris sensación. Sólo la mitigaba. Como si la disfrazara o fuera la sacarina usada con tal de prevenir los males del azúcar. Tras resoplar, cruzó el pasillo hasta llegar a la sala de estar. Y una vez allí, dejó caer la mochila del trabajo en el sofá y se tiró en él llevándose las manos a la cabeza. - ¡Hombre! ¡Ya era hora de que llegaras! - era su compañero de piso justo después de oí...

El origen de la fragancia del rey

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Aunque la cabeza todavía le daba vueltas, decidió levantarse de la cama. Por suerte, el punzante dolor que sentía hacía unas horas que desapareció. Trató de seguir durmiendo en cuanto se despertó por su malestar. Fue al baño con mucha dificultad y regresó a la comodidad de las mantas y sábanas. Y ahora, tras volver a abrir los ojos, una exquisita fragancia llamó su atención. Así sería que iría al salón y encontrara a su compañero de piso fumando un peta de una florida marihuana. Pero antes de ello, pasó por la cocina y cogió el paquete de cereales. Y vertió parte de su contenido en una taza de cerámica. Hasta arriba. Casi hasta que rebosara su tope. Pero no los mezcló con leche. En su lugar, agarró la botella con agua fría que guardaba en la nevera. No tenía el estómago en condiciones. - Vaya, por fin hace acto de presencia la Bella Durmiente - comentó su compañero nada más verlo -. ¿No te da vergüenza? Capullo, son casi las cinco de la tarde. - Anda, no me jodas... y pásame algo de es...

La historia de la curiosa anécdota en el diario quehacer

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En cuanto llegó a casa, dejó la mochila con la ropa del trabajo al lado de la cama tras atravesar el pasillo que llevaba a la habitación. Y una vez hecho esto, fue al baño. Estaba meándose. Llevaba la media hora del viaje que realizó en autobús aguantándose. No había ninguno que fuera público cerca de la estación. Además, la gente no cesaba de pasar por el lugar. Así que optó por esperar y no hacerlo en cualquier esquina. Así que, una vez acabada la faena, se lavó las manos con jabón. Y ya aclaradas, hizo lo mismo con el rostro. Quería quitarse los restos de sudor que hubiera en ella. Después, iría a la sala de estar. Se sentó en el sofá con la intención de prender la televisión y hacer tiempo hasta que llegara su compañera. Llevaban casi un año viviendo juntos y estaban más que contentos con la situación. Estaba deseando poder conversar con ella. Pero en esa jornada llegó antes de tiempo. Se sorprendió al momento de escucharla introducir la llave en la cerradura a la par que abría la ...

La forma en la que Firulais invertía su tiempo

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25/VIII/2020 Firulais tenía una curiosa costumbre. Siempre que volvía de su paseo del mediodía se sentaba delante del ordenador. Ponía música y veía monólogos de humor de cualquier artista dedicado a ese ámbito artístico. Su cuenco de agua lo colocaba en el lado izquierdo de la pantalla porque era diestro. De esa forma no corría peligro de derramar el líquido mientras manejaba el ratón. Justo ahí, junto a la pata con la que usaba el aparatito que había adoptado el nombre de ese diminuto roedor, había un pequeño plato morado donde estaba un sandwich. Normalmente solía ser de pechuga de pavo. Y lo aderezaba con mostaza y salsa brava, además de unas gotitas de tabasco. Mientras iba dando minúsculos mordiscos a su tentempié recuperaba fuerzas a la par que miraba los correos que había recibido. También la serie de notificaciones de las distintas redes sociales en las que estaba dado de alta. Todo esto le solía llevar media hora, el tiempo justo para poder saborear tranquilamente el aperitiv...

"Soy la imagen a la que tantas historias han dado voz"

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El coñac en la inspiración del escritor

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Con el ordenador encendido, y reclinándose hacia atrás en la silla, aunó sus manos tras colocarlas en la parte posterior de la testa. Llevaba dos horas delante de él y la inspiración parecía haberle abandonado. Además, le dolía la cabeza de estar tanto tiempo frente a la pantalla. Pero alargó el brazo hacia el paquete de tabaco que tenía en la mesa. Cogió un cigarrillo, lo encendió y dio una profunda calada. También bebió un trago del coñac que solía tomarse con tal de que las ideas surgieran. "Quizás debiera cambiar de sistema; esto no fluye", pensó. Llevaba más de 20 años usando el mismo método. Incluso estando en las oficinas de la redacción. Pero solía hacerlo cuando estaba sin compañía, cuando sus compañeros abandonaban el lugar. Fue un trato que hizo con su jefe. En las fechas que comenzó a escribir novelas ya estaba prohibido llevar a cabo semejantes prácticas. Así que, como no sabía si la chispa se presentaría, aprovechaba al máximo aquellos instantes. Pero ahora esta...