Una historia sobre un parque y la cerveza de después
- ¿Estás segura? ¿En serio quieres que te la cuente? - Sí, ¿por qué no? - Te contaré la historia si prometes no analizarme... - ¿Y eso? - Eres psicóloga. Parece que siempre estás escudriñando a la gente... - ¿Y qué tiene de malo? - Puedes llegar a ponernos cardíacos con esa actitud. Aunque no lo estés haciendo. - Ese efecto tiene nombre, y lo llamamos sugestión... - A eso me refiero. Ni que fueramos Pavlov y el perro de marras... - Tampoco te pases. ¿Me vas a contar la historia o no? No quiero hacerte perder el tiempo. - Ya te lo he dicho. Lo haré si prometes no analizarme. - No te prometo nada. Si lo hago será de forma inconsciente. Podría ser algo inherente a la profesión. U oficio, si lo prefieres. - ¿Y por qué me da la impresión que estás condicionándome con tal de que lo haga? - Pues porque lo estoy haciendo. - Es decir; que no me queda otra que contártelo. - No diría que llega a tales extremos. Si quieres podemos dejarlo para otro día. - No, lo mejor es que lo haga y así me quito...