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Mostrando las entradas etiquetadas como Folclore

Por primera vez desde la Guerra sucedida en los Cielos

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- ¿Por qué? ¿Por qué te santiguas si sabes que no te servirá de nada? El párroco no contestó. Sólo lo miró. Lo analizó de arriba abajo buscando algún resquicio por el cual escapar. Alguna muestra, por mínima que fuera, de debilidad. Pero pareció resignarse. Sabía de sobra que no habría ninguna. Y que lo mejor sería escucharle. Si comenzaban una lucha ninguno de los dos saldría vencedor. Menos aún derrotado. Lo único lograrían sería destruir todo lo que alrededor de la antigua, y reconvertida, Mezquita, había. - ¿Qué has venido a hacer aquí? Llevamos más de 1.000 años sin vernos. ¿Cuál es el motivo de que hayas venido? ¿Y por qué justo ahora? - preguntó el cura sin mostrar signo alguno de temor. De hecho, no lo sentía. - ¿Acaso no lo intuyes? - lo dijo con una neutralidad extrema, pero su tono guardaba un ligero tono de burla - Pues no sé... ¿no va siendo hora de que te me unas? Ya no crees en Padre; hace tiempo que perdiste la fe en él. Por mucho que cada poco tiempo acudas a su presen...

Los fantasmas que rodeaban la cabaña

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Sentado en el sillón mientras tomaba café, el gesto que Mara realizó al cerrar las pequeñas portezuelas de las ventanas le resultó extraño. No prestaba atención al exterior. Apartaba su mirada como si pretendiera no atisbar nada de lo que fuera de la cabaña había. Y también lo hacía cuando descorría las diminutas cortinas. Incluso, le pareció que, en ese instante, sus manos temblaban. Guardó silencio. Siguió observándola. Esa misma maniobra la repitió en todas las demás. En las seis que, durante el día, permitían que la luminosidad entrara en la sala. Entonces comprendió que lo mismo acometió con todas las que la vivienda disponía. Poco antes, recorrió cada habitación de ella. No le dijo nada. Simplemente, se levantó del otro sillón y empezó a recorrer cada estancia en un completo silencio. - ¿Por qué...? ¿Por qué estás haciendo eso? - quiso saber. La mujer se sobresaltó de forma ligera cuando escuchó su voz. Había estado ensimismada. Sumergida en a saber qué pensamientos. Y un leve ru...

La revelación en la terraza del bar de un pequeño pueblo

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Estaba sentado en la terraza del bar. Delante suyo, un espresso le acompañaba aguardando a que terminara el vaso de agua. Este aclaraba su paladar, y garganta. A continuación, de trago ingirió el café. Después, abrió la botella de plástico y vertió parte de su contenido en un vaso de tubo con un par de hielos. Consumió un poco de su contenido y desplegó el periódico con intención de leerlo. Pero no llegó ni a fijarse en la portada. Le interrumpieron. - Gracias por venir a misa. Siempre será bienvenido - era el cura de aquel diminuto, y rústico, pueblo. - Ah, hola Padre. Por favor, siéntese. ¿Quiere tomar algo? El párroco dudó. Aunque solía juntarse con los lugareños, no tenía por costumbre acompañarlos en tales menesteres. Pero ese día, sin saber por qué (o tal vez sí), decidió que haría una excepción. "Una tónica, si no le importa". - Qué va a ser molestia. Por favor, acomódese. Su anfitrión se levantó y fue directo al interior del local. Pero antes le indicó que aguardara ...

Una reunión de sordos

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El portazo fue tremendo. Incluso quedó temblando el portalón a pesar de su inmenso tamaño. Y en medio de todo ello, en su interior estaban debatiéndose la rabia y amargura por tener la impresión de haber condenado a un hombre inocente. Por ponerle en el lugar de alguien que merecía un fuerte castigo por sus crímenes. Ello sabiendo que con ese acto propició la tranquilidad de la cúpula de los religiosos judíos. Además de que volviera a reinar la paz en aquel paraje tan alejado de Roma. ¿Pero qué precio habrían de pagar? Entró en las estancias que disponía por ser el Prefecto de Judea. Lo hizo rápido. Dejándose llevar por los sentimientos que lo apresaban. De esa forma, iría cruzando los pasillos hasta alcanzar su despacho. Una vez dentro, y sintiendo cómo le temblaban las manos, trató de ponerse un vino que lo relajara. Vertió en él un poco de agua que rebajara su dureza. Lo bebió de trago. Inmediatamente, pudo sentir sus efectos. La manera en que su cuerpo terminaba ablandándose a la p...

Una incómoda reunión

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Su rostro reflejaba incertidumbre. Además de ser incapaz de disimular el temor que la invadía. Y no era para menos. Sabía lo que su hijo entre manos se traía. Y aunque en el fondo la llenaba de orgullo, no dejaba de pensar que, tarde o temprano, tendría que ver cómo lo enterraban. Más después de encontrarse con Juan y explicarle este lo que Jesús iba a hacer. El pesar la dominaba incluso estando su corazón iluminado por verse junto a su vástago. - Sólo dime el porqué de que vayas a ser tú. ¿No puede hacerlo otro? ¿Acaso no podría ser alguno de los que te acompañan? - le preguntó mientras observaba de reojo a Magdalena. Pero no con una actitud inquisitoria, sino de alivio. - Madre, en el fondo, es una labor de todos. Lo que me compete es poner el rostro. La figura. Por decirlo de alguna forma, tomo ese papel con tal de que la gente pueda seguir el mensaje. Sin una persona que lo lleve... sería imposible nuestra misión - le contestó el joven. Por un momento, un ataque de ira pretendió d...

Las jornadas previas a la partida

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- Creo... creo que ya va siendo hora de que regresemos a Nazaret . Al oír esto, le sonrió. "Estoy de acuerdo, ¿pero cómo vamos a vivir cuando lleguemos allí? ¿De qué vas a trabajar?". - De lo mío - contestó José -. Antes de partir, el marido de tu prima me dijo que estaría esperándome. Cree que si monto un pequeño negocio no tendremos problemas. Dice que con mi experiencia me será fácil ganarme la confianza de los clientes. - ¿Y él va a hacer algo al respecto? - No lo sé. Pero, como sacerdote que es, goza de buen nombre. - Pero si Zacarías e Isabel viven en Jerusalén... ¿cómo van a poder ayudarnos? - Lo más seguro que con su palabra. Pero van a instalarse en Nazaret. Quieren que Juan crezca como un niño normal, estando alejado de la clase social que les corresponde. Y están deseando que él y Jesús lo hagan juntos. - Vaya, eso sí que no me lo esperaba. - Me comentó que desean llevar una vida cercana a la gente corriente. Así el niño conocerá lo que es la realidad. Y teniendo a...

La charla mientras bebían agua

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- ¿ Hace cuánto tiempo que no nos vemos? - lo preguntó mientras cogía la garrafa de agua y vertía su contenido en los tarros de cerámica que había sobre la mesa. A continuación, se sentó en el taburete que estaba libre mirándole directamente los ojos de su invitado. - Pues, si no me equivoco, van a hacer 18 años. Fue cuando os fuisteis de Nazaret. Poco después de que la montáramos en el Templo de Jerusalén. - Sí, me acuerdo. No debimos soltar todas aquellas ranas en su interior. - La que liamos. La bronca que nos echaron fue tremenda. - Sí, eran buenos tiempos. Bendita juventud. Al decir esto, le indicó con un gesto de la mano que bebiera. Que le acompañara. Tras hacerlo, y dejando de lado todas las formalidades, le preguntó por cómo le había encontrado. - Ha sido casualidad - contestó -. De hecho, ni te buscaba. Nada más llegar, nos comentaron que había una persona que bautizaba a la gente en el río. Además de proclamar la próxima venida del Señor. Me sentí intrigado. Y decidí acerca...