Un rostro que le era familiar
Aquel rostro le agradaba. Era jovial. Risueño. Sus pómulos rojizos le trasmitían confianza. Tranquilidad. Pero su sonrisa... no era natural. Estaba forzada al estar abierta de par en par. Además, las ojeras que rodeaban los ojos eran demasiados oscuras. Y profundas. Parecía no haber podido descansar durante mucho tiempo. Lo analizó más detenidamente. Llegó a sobresaltarse por el enorme cuchillo que portaba en su mano derecha. Era enorme. Muy grande. Y brillaba bajo la luz de la lámpara del baño. Estaba teñido de un profundo rojo carmesí. Podía sentir el olor de la sangre dibujada en él. Y esto era algo que le agradaba. Le resultaba relajante. Volvió a observar su cara. Sí, le era muy familiar. Tanto que creía conocerle de toda la vida. Hasta le pareció recordar algunos momentos en los que jugaba con él siendo niño. Quizás en un parque. O alguna plazoleta en la que pasaban las tardes después del colegio. Y una pérgola le vino a la mente. Su base usándola a modo de portería mientras corr...