La historia del porro que se fumó sin darle importancia (XV)
vice.com Le pareció que llamaban al timbre. Pero no estaba seguro. Así que bajó un poco la música. Entonces sí, volvieron a llamar y descolgó el telefonillo. "Cartero", contestaron al preguntar quién era. Accionó el botón que abría la puerta del portal y colgó el aparato. Regresó el volumen al nivel que estaba y continuó fregando los cacharros. No eran muchos, pero los suficientes con tal de hacer una curiosa torreta. En estas, mientras seguía con la tarea, creyó oír que de nuevo reclamaban. Pero esta vez era a la misma casa. Se secó las manos con un trapo tras cerciorarse que dejaba el grifo cerrado y atravesó el pasillo. Una vez estuvo en la puerta miró por la mirilla. Era el cartero. Le abrió. "Tengo un paquete para tí". Se conocían desde hacia tiempo, así que pasó por alto el trámite de identificación. "Qué raro, no he pedido nada". - Ey, yo no sé nada, pero está a tu nombre. - Alguien me lo mandará. ¿Dónde hay que firmar? - Aquí mismo-, comentó mient...