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Mostrando las entradas etiquetadas como Saruman

"Ninguno de nosotros es perfecto e infalible"

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- Acaba de llegar el último de nosotros... Nada más decir esto, una mirada que trataba de disimular su rabia contenida se posó sobre él. "Siempre traes noticias que sabíamos de antemano; tal vez deberías replantearte si seguir o no con tu misión en la Tierra Media". A su rostro le cubría la sombra que producía el sombrero que portaba, pero Radagast distinguió el brillante y furioso fulgor de los ojos de Saruman. - Entonces no tendrá sentido que te comunique que es Gandalf quien acaba de llegar a los Puertos Grises -comentó El Marrón con resignación. - Eso mismo. Demasiado tiempo llevamos esperándole. Parece que su costumbre de llegar a destiempo la va a seguir conservando mientras vista su nuevo cuerpo desgastado. - Entonces... imagino que ya tendrás constancia que Narya está en su poder después de que Círdan se lo haya ofrecido. Aunque a regañadientes, nuestro hermano lo ha aceptado. Al oír esto, Saruman apretó con fuerza su báculo. Lo sabía, pero no podía disimular su ira p...

Saruman y su perspectiva ante una reunión con los Istari

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Aquel viaje le estaba destrozando. Y no era por el hecho de recorrer miles de kilómetros sobre aquel caballo (algo que, por cierto, hacía estragos es sus sangrantes hemorroides), sino por tener que abandonar su confortable morada y encontrarse con unos magos que, en su fuero interno, no soportaba desde hacía mucho tiempo. Aunque lo de Gandalf lo llevara con entereza. Incluso con humor. Lo veía de vez en cuando. Y cuando sucedía se entretenía dándole de beber un poco más de lo necesario. Aquello hacía que al de las grises barbas le diera por bailar una estrambótica danza que le recordaba a la del Sombrerero Loco. Respecto a los dos Azules se congratulaba con la idea de que estuvieran en lugares inhóspitos y perdidos de la Mano de Ilúvatar. Su misión les llevó a parajes tan lejanos que pensar en que pudieran fallar en su cometido le daba paz. Y por qué no decirlo: agrandaba su ego y le sumía en un reconfortante orgasmo. Pero lo de Radagast... aquello no tenía nombre. ¿Cómo osaba ser un I...