La leyenda de los gatos que caminaban sobre dos patas
Dos semanas eran las que llevaba acudiendo al parque. Siempre en el último momento, cuando quedaba una hora para que lo cerraran y la oscuridad de la noche comenzaba a reinar. Solía sentarse en el mismo banco observando la gente pasear mientras fumaba un par de cigarrillos. Pero también a un gato negro que parecía acompañarle desde el primer día en que fue. Y este lo miraba con ojos curiosos. Como si estuviera leyéndole la mente. Tenía por costumbre quedarse delante suyo. Y rara vez apartaba la mirada. Al principio, le puso nervioso esa actitud, pero iría acostumbrándose. Total, era un gato haciendo cosas de gatos. ¿Que podría hacerle? Se quedaba ahí durante todo el tiempo que pasaba sentado. A veces se acicalaba. Otras dormitaba. Incluso movía la cabeza en dirección a los ruidos que le llamaban la atención. Pero, por norma general, sólo rompía su inmovilidad cuando iba a marcharse. Entonces, tras caminar unos pocos metros, miraba hacia atrás a modo de despedida. O eso quería pensar. ¿...