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Mostrando las entradas etiquetadas como Moraleja

¿Dónde terminó su par?

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El frío acorralaba su cuerpo. Lo sentía duro, agarrotado. Pero no era una sensación física. Resultaba ser psicológica. El temor, el pánico y la incertidumbre lo dominaban en aquella esquina. ¿Dónde estaba su par? Una cosa era tener que padecer aquel enorme agujero raído en la parte superior de su anatomía. Y otra muy distinta encontrarse desamparado del mundo. En más de una ocasión escuchó historias similares. Sobre todo cuando era niño. Nunca les dio importancia. Menos aún según iba creciendo. A medida que la adultez encaminaba lo que era el ciclo vital de un calcetín. "Cuento de viejas". En su día lo describió de tal tesitura al que era su compañero. "Sólo nos quieren acojonar", comentó a continuación el otro. "¿Estás seguro de eso? Mira que como sea real", prosiguió... En ese instante... las palabras de su inseparable resonaban más que nunca en su cabeza. ¿Dónde se había metido? Recordaba... recordaba dar vueltas y más vueltas en medio de un insufrible ...

La Corona que buscaban fundir

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Era un Rey extraño. Tan raro era que decidió vivir entre la plebe. Optó por ser una persona normal. Sentir lo que padecían en su día a día. Y, para ello, tomó la resolución de abdicar. Dejar el poder y que el gobierno del Reino pasara a estar en manos de la gente. Aunque nunca antes hubiera sucedido algo parecido en lo que a partir de entonces dejaría de ser territorio bajo su mandato. Pero, a pesar de ello, existía en aquellas tierras una Ley que explicaba los pasos a seguir con tal fin. Y estos decían que debía coger su corona y fundirla. Con ese gesto rompería las ataduras que maniataban al pueblo. Pasarían a ser dueños de sus existencias sin nadie que las dirigiera. Ni siquiera el clero tendría potestad en tales ámbitos. Aunque resultó que, llegado el momento de realizar la acción, la corona desapareció. Nadie supo lo que sucedió. La consternación presidía el clima de la ceremonia y las miradas inquisidoras comenzaron a poseer a los presentes. Todos se acusaban entre ellos. Todos s...

El origen de la fragancia del rey

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Aunque la cabeza todavía le daba vueltas, decidió levantarse de la cama. Por suerte, el punzante dolor que sentía hacía unas horas que desapareció. Trató de seguir durmiendo en cuanto se despertó por su malestar. Fue al baño con mucha dificultad y regresó a la comodidad de las mantas y sábanas. Y ahora, tras volver a abrir los ojos, una exquisita fragancia llamó su atención. Así sería que iría al salón y encontrara a su compañero de piso fumando un peta de una florida marihuana. Pero antes de ello, pasó por la cocina y cogió el paquete de cereales. Y vertió parte de su contenido en una taza de cerámica. Hasta arriba. Casi hasta que rebosara su tope. Pero no los mezcló con leche. En su lugar, agarró la botella con agua fría que guardaba en la nevera. No tenía el estómago en condiciones. - Vaya, por fin hace acto de presencia la Bella Durmiente - comentó su compañero nada más verlo -. ¿No te da vergüenza? Capullo, son casi las cinco de la tarde. - Anda, no me jodas... y pásame algo de es...

Más allá del interior de la ballena

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En el fondo, no deseaba salir a la superficie. Pero la humedad habida en el interior de la ballena estaba destrozando la madera de su cuerpo. Y lo único que le dolió, aunque no mucho, fue tener que arrancarse parte de ella. Lo hizo con tal de prender lumbre, por el hambre que los dominaba. Y la primera víctima fue Cleo. Necesitaban recuperar energías. Estaban famélicos. Gepetto y Fígaro se negaron a comer. No querían participar de semejante barbaridad, decían. El pececillo los acompañó durante mucho tiempo, incluso antes de emprender la búsqueda de Pinocho. No podían hacerlo. Y él, al observar su actitud, sólo dejó escapar un gesto de satisfacción. "Más me toca", pensó. Sin más dilación, lo asó y disfrutó de sus carnes sin disimular el gozo. Después, y sin darle importancia a lo que acababa de hacer, les preguntó el porqué de que hubieran decidido ir a buscarle. "Eres mi hijo, ¿qué querías que hiciera?", cuestionó indignado Gepetto a la par que no cesaba de recrear ...

La circunstancia en medio del bosque

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- ¿Sabes? Podría soltarte. Liberar tu pata de la trampa. Pero algo me dice que no debería hacerlo. - ¿Qué estás diciendo? ¿Por qué no vas a soltarme? - Por una sencilla razón. Y esta es práctica. Lógica. O consecuente, si lo prefieres. Eres un lobo. Y como tal, por mucho que te ayude a liberarte, ¿quién me dice que no me atacarás en cuanto lo haga? - ¿Y? ¡Y tú un zorro! ¿Quién me dice a mí que no aprovecharás esta situación de ventaja? ¿Que saltarás sobre mi aprovechando esta circunstancia? - Podría hacerlo, pero tú también podrías hacer lo mismo en cuanto me acercara con tal de liberarte. Guardaron silencio mientras se observaban mutuamente. El zorro contempló la pata del lobo. La herida en ella habida era profunda. Tanto que dejaba ver el hueso a la par que estaba rodeado de la carne desgarrada. No había sangre. Las larvas no permitían que coagulara mientras estaban alimentándose de ella. Debía llevar varios días así. El olor a podredumbre inundaba el ambiente. - ¿Me prometes que si ...

El baile en la oscuridad del parque

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Le hablaba cuando la noche abrigaba. Al momento en que la luz de las farolas iluminaba su piel de porcelana. Y lo hacían leyéndose los labios. Él le contaba cómo serían sus vidas desde el momento en que estuvieran juntos. Ella, con unas sonrisa de oreja a oreja, le describía la gente que durante la jornada pasó por la tienda. Se conocían hacía seis meses atrás. Desde entonces, él pasaba por al lado del escaparate cuando iba a trabajar. Al volver también. Y cuando el ocaso estaba acercándose regresaba. Ese instante era el único en que tenía libertad con tal de poder expresarse. En el que podía ser ella misma. Y a él, eso lo fascinaba. Nunca antes hubo conocido un corazón tan puro y reluciente de esperanza. Pero tenía miedo. Le daba pánico no saber qué hacer si querían llevar un camino normal. Ignoraba por completo qué debía realizar con tal de que tuviera papeles. Qué trámites seguir para que fuera una persona en regla. Y ella le decía que estuviera tranquilo. Que ya encontrarían el mod...

El ocaso de la lengua común

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Los ojos le dolían. Así que, después de frotárselos un poco con tal de aligerar el malestar, dejó el libro que estaba leyendo. Se quitó las gafas y las introdujo en el estuche que llevaba en el bolsillo derecho de la bata que vestía. A continuación, contempló el fragor de las llamas que había en la chimenea que tenía enfrente. También al viejo pastor alemán acostado a su vera. "¿Sabes? Cuentan que, hace mucho tiempo, todos los seres de la creación compartíamos el mismo lenguaje". Estas palabras iban dirigidas a su nieta. A sus 27 años estaba acurrucada en el otro sillón habido en la sala de estar. Había ido aquel fin de semana a la cabaña familiar que tenían en mitad del monte. Y lo hizo con tal de evadirse de la rutina diaria. Pero, aun así, llevaba más de dos horas ultimando unos detalles del trabajo. Para ello, usaba un ordenador portátil que estaba encima de una mesita. Y esta la tenía sobre sus piernas. Al oír lo que el anciano le comentaba, dejó lo que estaba haciendo y...

Una de las historias narradas por el cuentacuentos que tocaba la flauta

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16/X/2019 Hubo una vez un cuentacuentos que los narraba a la luz de una hoguera. Los inventaba inspirándose en la forma de las llamas y, de esa forma, según los iba creando, los relataba. Siempre lo hacía acompañado de una flauta, la cual tocaba entre cada una de las estrofas. Sus historias versaban sobre duendes y espíritus. Árboles y animales. También sobre el Ser Humano. Una vez contó una basada en el baile de las llamas de las hogueras. Estas siempre danzaban en mitad de la noche. Y al acercarse el día dejaban la fiesta disponiéndose a descansar. Llegó un día en el que decidieron continuar el baile durante las horas del día. Todo iba bien hasta que abandonaron el recinto en el que solían celebrar. Ocurrió que agrandáronse en tamaño y fueron multiplicándose. La fiesta se descontroló. Ya no había jolgorio, sino un desenfreno que hizo temblar a los habitantes del lugar: personas, animales y plantas. La llamas fueron desplazándose de un lugar a otro destrozando todo lo que encontraron ...