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Mostrando las entradas etiquetadas como Conversación

Muten Rōshi, el legendario maestro de artes marciales, nos recibe en su casa

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(Nota: esta entrevista ficticia es producto de pedirle a la IA Gemini que representara al conocido personaje de "Dragon Ball". Ha sido el resultado de un pretendido experimento aprovechando que el «Mangamore» de Zornotza celebraba los días 10 y 11 de octubre su vigésima edición). "La Escuela Kame enseña a vivir bien, no a buscar la muerte en batalla" Aunque teóricamente está retirado, el anciano ermitaño continúa desempeñado un papel importante en la defensa del planeta. Tanto que, incluso a día de hoy, sus antiguos alumnos siguen acudiendo a él a la hora de pedirle consejo. Su experiencia en el combate y la vida le avalan. Además de enfrentar mil batallas, ha visto enemigos que poca gente alcanzarían a imaginar. Observador y parco de palabras, cuando habla termina explayándose desde el fondo de la sabiduría. El misterio en torno a él es igual, o mayor, que su fama de experto marcial. De hecho, varias generaciones de luchadores han pasado por su escuela, la cual, po...

La liturgia tras el punto final

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- ¿Por qué escribes? - Me hace sentir libre. En ello siento la libertad. *** Tras plasmar esto sobre el papel, lo sacó de la máquina de escribir acercándolo a su nariz impregnándose de la tinta pretendiendo atesorar el momento en su memoria. Después de dos meses, y más de un año de documentación, finalmente logró concluir el libro. También suspiró mientras se reclinaba en la silla del escritorio a la par que sonreía de oreja a oreja. Estaba satisfecho, pero aún le quedaba corregir el texto. Pero eso vendría más adelante. Después. Su intención era dejarlo reposar una semana. De esa forma, al comenzar a macerarse en su interior, le sería más sencillo. Y fluido. Aunque, por ahora, lo primero que le rondó por la cabeza fue tomarse una cerveza. A modo de frágil, y ligera, celebración. Y eso que no tenía por costumbre festejar la publicación de ninguno de sus "vástagos". Con este, y llegado el momento, serían siete en total. "Una verdadera familia numerosa", mascullaba cí...

El primer paso tras el fin del viaje

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Después de tanto tiempo viajando, al fin podía estar en un baño en condiciones. No era que no le gustara la naturaleza, pero en ese instante hacer sus necesidades en un sitio cómodo era lo que más anhelaba. Así que, una vez dentro de la estancia, abrió la ventana y comenzó a soltar todo el lastre que cargaba. Sin prisa y con determinación hasta sentirse igual de ligero que una pluma. Al terminar, y nada más higienizar sus partes íntimas, accionó la cisterna. Aquel cúmulo de anécdotas desapareció muy despacio dejando una profunda marca en la pared del inodoro. Ante esto, la activó de nuevo y pasó la escobilla buscando dejarlo impoluto. Al realizarlo, contempló el paisaje que la ventana le ofrecía. Aspiró la fragancia que del exterior provenía y con fuerza dio brío al ambientador para lavarse a continuación las manos con agua y jabón. También el rostro. Nada más finalizar la maniobra, dejó atrás el habitáculo con tal de dirigirse al salón. Sentado en un sillón estaba su anfitrión. Llevab...

Un viaje en tren que parecía circunstancial

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Sus manos temblaban. Lo hacían de tal manera que el llavero se le escurrió cuando fue a introducir la correspondiente en la cerradura. Atrás dejó la euforia que lo acompañaba. La sonrisa constante que dibujó su rostro hasta poco antes de llegar a casa. Hacía cinco minutos que el corazón le dio un vuelco. Y aunque sabía que nada debía de lamentarse, el malestar fue inundando su cuerpo. Una especie de raro escalofrío no dejaba de recorrerlo. Su estómago se retorcía por un constante, pero intermitente, dolor punzante. En cuanto logró abrir la puerta, un ligero alivio lo abrazó. Pero no conseguía difuminar esa gris sensación. Sólo la mitigaba. Como si la disfrazara o fuera la sacarina usada con tal de prevenir los males del azúcar. Tras resoplar, cruzó el pasillo hasta llegar a la sala de estar. Y una vez allí, dejó caer la mochila del trabajo en el sofá y se tiró en él llevándose las manos a la cabeza. - ¡Hombre! ¡Ya era hora de que llegaras! - era su compañero de piso justo después de oí...