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Mostrando entradas de junio, 2026

El lago que Ozco, el árbol viajero, encontró

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Era un árbol enigmático. Curioso. De los que comienzan a andar cuando quieren conocer mundo. Tal vez por la necesidad de degustar nuevos horizontes. O disfrutar de la salinidad de tierras diferentes a la suya. El caso es que, un día cualquiera, desenterró sus raíces y comenzó a usarlas a modo de pies. Quizás sin propósito. O puede que con uno enorme. De los que si es pretendido explicar a alguien resulta muy complicado encontrar las palabras exactas. Sería entonces que, en su posiblemente inconsciente trasegar, llegara a las faldas de una montaña. En ella, tal si fuera la inocente lengua de un niño al burlarse de un adulto, una cascada arribaba a su meta formando un pequeño lago. Y sus aguas eran dulces y cristalinas. Además de tranquilas. Los peces nadaban sin importarles el mundo que les rodeaba. El que había fuera de ellas. Y, al mirarlos danzar en un rítmico baile que sólo ellos podían descifrar, el árbol ensimismado se quedó. Tan embriagado estaba en ese trance que, cuando levantó...

LO QUE ESCONDÍA AQUELLA PUERTA

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  Quizás no supiste abrir la puerta. O la llave pesaba tanto que te resultó imposible blandirla. Lo que escondía eran un gran corazón que rezumaba amor sin mirar lo diferente. Era alegría y muestras de calor en cada pálpito por el que bombeaba sangre. Y dentro guardaba una ventana que, al abrirla, dejaba entrar aire refrescando las más tristes almas. No distinguía de etnias, menos aún de lugares del nacer. Le eran indiferentes cada fe, y las suspicacias. Veía las tiernas llamas que bailotean dentro de cada ser. 

Por primera vez desde la Guerra sucedida en los Cielos

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- ¿Por qué? ¿Por qué te santiguas si sabes que no te servirá de nada? El párroco no contestó. Sólo lo miró. Lo analizó de arriba abajo buscando algún resquicio por el cual escapar. Alguna muestra, por mínima que fuera, de debilidad. Pero pareció resignarse. Sabía de sobra que no habría ninguna. Y que lo mejor sería escucharle. Si comenzaban una lucha ninguno de los dos saldría vencedor. Menos aún derrotado. Lo único lograrían sería destruir todo lo que alrededor de la antigua, y reconvertida, Mezquita, había. - ¿Qué has venido a hacer aquí? Llevamos más de 1.000 años sin vernos. ¿Cuál es el motivo de que hayas venido? ¿Y por qué justo ahora? - preguntó el cura sin mostrar signo alguno de temor. De hecho, no lo sentía. - ¿Acaso no lo intuyes? - lo dijo con una neutralidad extrema, pero su tono guardaba un ligero tono de burla - Pues no sé... ¿no va siendo hora de que te me unas? Ya no crees en Padre; hace tiempo que perdiste la fe en él. Por mucho que cada poco tiempo acudas a su presen...

LA LIBERACIÓN DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

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  La monja comenzó a desvestirse con ardiente picardía. Bajo los hábitos, las prendas de encaje incrementaron su exuberante gracia libre de los males.  El cura ambicionó saborear el arte que la monja ofrecía. No existía pecado, sólo eran los dones que Dios otorgaba a modo de eucaristía en aquella tarde. Sus cuerpos comenzaron a danzar en la liturgia de la fe cuando los dulces sudores expresaban la sangre del Cristo. El altar fue el templo consagrado en el que los fluidos irradiaban bajo las arengas del Omnipresente. Y en Él, la situación hubo de excitarle, pues bajó a tomar parte del ritual dejando en la cruz la sombra del don. Y sería entonces que la Trinidad más Santa tuviera encaje en las Escrituras leales ante lo que el Hombre prohibir dictó. 

EL "Y TÚ MAS" SIN SER NIÑOS

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  Trump gritó por una Palestina libre. Y Netanyahu lloró por el daño causado. De repente, la cordura adquirió sentido. El resto de líderes mundiales dejaron de jugar al "y tú más" sin ser niños. Les dio por purgar la inquina de los beneficios. Pero despertó en la barra del bar. Apoyado. Resultaba ser un sueño mientras estaba puesta la tele. Dormitando, pidió otra cerveza. Pues si nada de lo visto fue cambiado... mejor sería seguir perdiéndose.

ERA EL ARMAZÓN DE SU ESPÍRITU

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  El fuego brotaba de su boca: era pasión, alegría, tesón, fe. El miedo por quebrarse. Los asaltos de cada batalla: cada temor, caída, mareo, golpe. La lucha por no ceder. Ese fuego que brotaba de su boca era el armazón de su espíritu al necesitar alivio. Pero también lo gozoso al poder mantener el ímpetu cuando la claudicación le solía tentar. Los fantasmas vueltos en su mejor arma cuando parecía rebosar el baúl  al resultar recargado.

Y SIENTE QUE LE VA GUSTANDO MÁS

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  La lengua bífida se lamenta. Las fétidas escamas la cubren llegando el olor a sus entrañas. No encuentra consuelo. Sólo siente el hedor. La lengua bífida se fustiga. Lo insano es el traje que la viste haciéndole nacer crueles llagas. No encuentra descanso. Sólo siente dolor. Una vez trató morderse. Lo único que logró fue perder un trozo. Y de él emergieron los gusanos que del pedazo se alimentaban y, a la par, de la lengua bífida también. Lo más curioso de todo ese proceder es que, después, los bichos obtendrían la belleza al transcurrir el tiempo. Pero la lengua bífida igual prosiguió conviviendo con la peste.  Ese mal se enraizó. Como la raíces que van extendiéndose bajo tierra mientras buscan los nutrientes de la vida. Ese mal gangrenó. Igual que los diccionarios le confieren a lo negro la potestad de ser cada verbo del mal.  La lengua bífida se carcajea. La va cubriendo la podredumbre y siente que le va gustando más. No encuentra remanso. Sólo siente rencor.

LO QUE ME RESULTA INTERESANTE...

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  No me gusta correr. No tengo prisa, aunque no me sobre el tiempo prefiero caminar lento que acabar tropezándome en cualquier esquina. Y si me haces correr... pues vaya ganas de andar jodiendo al prójimo. Tal vez estés aburrido... o sin nada mejor que hacer. ¡Pues menuda risa! Prefiero sumergirme en mí... me resulta mucho más interesante que lo de los demás. Cada uno tiene lo suyo, no me interesa lo ajeno. Y no me gusta los temas del corazón, aunque si deciden exponerse que cada cual aguante su vela. Y más aún me disgustan las celdas que por su carácter no permiten ver el horizonte sin estar nublado. Me gusta deleitarme en mí... aunque nada interesante pueda tener. ¡Ja, pues vaya gracia! Y mira que tengo ombligo, esa cicatriz en todos. Y menos aún me atrae la censura del que implanta los silencios. ¡Y mira que son hermosos! Pero al ser impuestos huelen fatal. Confunden placebo y la anestesia, o puede que en el fondo no. Eso de crear oídos sordos debe serles una afición grata....

CÓMO ERAN IGNORADOS VELO Y TELÓN

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  El hacedor de las penas hizo de la castidad el instrumento con el cual dirigir cada una de las zancadas con tal de beneficiarse del silencio que construyendo fue. Su centro eran las miserias mediante las cuales lograba los desvíos en su profundo herir sin que fueran percibidas sus acciones dirigiendo a los abismos que levantando fue. Igual que Pilatos al rato de las manos lavarse, pero con intención plena. Y con el escarnio, a modo de Sanedrín, consiguió la más pulcra herramienta con tal de que su posición no sufriera ningún daño. Incluso, hasta lograr lapidar su cenit mientras adquiría mayor soltura lo que hubo de ser su trono social con el que ser Santo. Haría resonar sus risas, pero si de un espejismo fuesen fueron de lo sordo. Orgulloso de su gracia, veía cómo eran ignorados velo y telón en su uso de vestir el paisaje con sus formas indicando cómo debía de ser todo por su propio interés.

EL FUEGO QUE, QUIZÁS, NO LE HIZO PERDERSE...

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  El fuego le hizo perderse, pero le acompañó en el camino a modo de llama siendo incapaz de extinguirse. Además, lo hizo con propósito... con intención en su mente. Se perdió, tal vez, queriendo tropezarse con lo que dejó atrás. Quizás fuera su alma, o la sangre que por sus venas circuló.  Aquello que fue la parte esencial de todos sus vínculos. El fuego le hizo encontrarse, le hizo ver que seguía siendo él mismo pese a las vivencias  con las que hubo de cruzarse. 

LA GALA EN SU CAMINO A LA "NORMALIDAD"...

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  Tras cuatro días en la gala la fiesta careció de sentido. Las bebidas quedaron calientes y en el fervor del limbo las mentes. Los canapés fueron consumidos dejando la estela de la gula en una marca cada vez más latente. Igual que un alimento que se repite dando las muestras de su malestar al tomar el cuerpo de lo fijo. El sentido de lo "normal" cuando le dan un giro completo. Una rara forma de costumbre  creando un muro cada vez más grande.

SIN QUE SU AUSENCIA COBRARA

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  Se fue. Se quedó. Se marchó dejando la esencia en el céfiro a modo de su perfume. Estuvo, por lo tanto, siempre presente sin que su ausencia cobrara de las penas de los que le conocieron al verterles sus ganas del vivir. Contagió, por lo tanto, la luz de soles sin que fuera descubierta  la segunda estrella que le da sentido al sistema al que debes tu existir. Y con ellas la risa de su semblante a modo de gloria por el tacto de su calor.

Un viaje en tren que parecía circunstancial

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Sus manos temblaban. Lo hacían de tal manera que el llavero se le escurrió cuando fue a introducir la correspondiente en la cerradura. Atrás dejó la euforia que lo acompañaba. La sonrisa constante que dibujó su rostro hasta poco antes de llegar a casa. Hacía cinco minutos que el corazón le dio un vuelco. Y aunque sabía que nada debía de lamentarse, el malestar fue inundando su cuerpo. Una especie de raro escalofrío no dejaba de recorrerlo. Su estómago se retorcía por un constante, pero intermitente, dolor punzante. En cuanto logró abrir la puerta, un ligero alivio lo abrazó. Pero no conseguía difuminar esa gris sensación. Sólo la mitigaba. Como si la disfrazara o fuera la sacarina usada con tal de prevenir los males del azúcar. Tras resoplar, cruzó el pasillo hasta llegar a la sala de estar. Y una vez allí, dejó caer la mochila del trabajo en el sofá y se tiró en él llevándose las manos a la cabeza. - ¡Hombre! ¡Ya era hora de que llegaras! - era su compañero de piso justo después de oí...

El primer vástago desde la sobriedad

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Entonces, justo cuando le puso el punto final al libro, sintió un vértigo tremendo. Tuvo que agarrarse a la silla del escritorio con tal de no caerse. Todos los miedos que sentía parecieron aflorar de repente. Como si fueran un volcán que erupcionaba tras acumular toneladas de lava. Trató de respirar, de calmarse. De despejar la mente. Y cuando todo pasó, agarró un cigarrillo y lo prendió. Había dejado atrás el egoísmo. La decisión de seguir adelante con tal de no perder a su pareja y los niños. Y ahora, aunque le quedaba pulir algunos detalles y corregir la novela, comprendió que todas las demás las había escrito él mismo. No la cocaína. Ni el alcohol o las demás sustancias. Siempre fue él. Su Yo emergiendo a través de la niebla que disfrazaba sus fantasmas. Incluso apaciguó el pánico ante la crisis del escritor que tanto temía habiéndola sufrido estando sobrio por primera vez después de tantos años. Decidió ir al pórtico de la casa. Acabar ahí el pitillo mientras tomaba un té. Lo hiz...

Los fantasmas que rodeaban la cabaña

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Sentado en el sillón mientras tomaba café, el gesto que Mara realizó al cerrar las pequeñas portezuelas de las ventanas le resultó extraño. No prestaba atención al exterior. Apartaba su mirada como si pretendiera no atisbar nada de lo que fuera de la cabaña había. Y también lo hacía cuando descorría las diminutas cortinas. Incluso, le pareció que, en ese instante, sus manos temblaban. Guardó silencio. Siguió observándola. Esa misma maniobra la repitió en todas las demás. En las seis que, durante el día, permitían que la luminosidad entrara en la sala. Entonces comprendió que lo mismo acometió con todas las que la vivienda disponía. Poco antes, recorrió cada habitación de ella. No le dijo nada. Simplemente, se levantó del otro sillón y empezó a recorrer cada estancia en un completo silencio. - ¿Por qué...? ¿Por qué estás haciendo eso? - quiso saber. La mujer se sobresaltó de forma ligera cuando escuchó su voz. Había estado ensimismada. Sumergida en a saber qué pensamientos. Y un leve ru...