Una carrera a la desesperada
Al tropezarse con el cubo de basura cayó al suelo. Sintió un profundo, y punzante, dolor que comenzó en las palmas de las manos y fue ascendiendo hasta sus hombros. Aun así, y haciendo dos veces el amago de volver perder el equilibrio, logró mantenerse en pié y proseguir su huida. Detrás de él iban cinco varones que le perseguían con la intención de lincharle. Y tenía decidido no darles esa satisfacción. Por lo menos hasta llegar a casa y completar lo que se había propuesto. Así que siguió corriendo mientras oía sus voces llamándole de todo. Y lo hizo pese a que sentía que su cuerpo no podía más. No, no le iba a dar la oportunidad de claudicar. Primero tenía que acabar su tarea. Poco antes, hacía media hora, había encontrado a aquel que era su objetivo. Llevaba observándole dos semanas. Fue un tiempo que resultó suficiente con tal de saber cada mínimo detalle de su rutina diaria. Solía levantarse temprano. Sobre las siete de la mañana. Y media hora después comenzaba una caminata de die...