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LA LANA DEL VIEJO JERSEY

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  Entre toda su ropa de abrigo... había un jersey que lo usaba en verano también. En invierno llevaba a cabo su cometido y con el calor no molestaba. Fue tejido con las finas lanas salidas de un ovillo que manaba corazón. En él vestían múltiples recuerdos... y las lejanas caricias recibidas ayer. Pero con el paso de los tiempos... fue desgastándose. Los hilos salieron de su lugar y fue marchitándose su color. Con dolor, decidiría guardarlo en un arcón de madera que lo preservase. Aunque de vez en cuando solía echarle un vistazo  mientras dibujaba una sonrisa. Esta guardaba alegrías y penas; las imágenes de lo que vivió vistiéndolo. También de las que lo acompañaron en unas tardes cualquiera o las especiales. Y las veces que solía mostrarlo... solía presentarles los recuerdos y la imagen de la luz del alma que en su día lo tejió. 

SUS DEMONIOS, FANTASMAS Y SUEÑOS

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  Sus demonios eran infinitos. Tantos que, con sorna, tenía por costumbre ofrecerlos con tal de compartir todos sus matices. Y con sus fantasmas solía hacer lo mismo. Aunque cambiara su imagen sin disimular pretender. También los compartía. Pero sin recelo ni gastando sus luces al paso de la lobreguez. ¿Qué buscaba con todo ello? Pues, en realidad, nada de nada. Quizás expresarse. Tal vez liberarse. ¿De qué? En el fondo no lo sabía, pero sentíase completo.  Incluso lo hacía con sus alegrías cuando sentía ganas de expresarlo. Aunque no fuera a cada momento también ese aspecto lo compartía. Pero solía proteger sus sueños entre suaves mantas y los algodones. Era su forma de verles surgir  después de soñarles. 

LA HISTORIA DE UN DESALIÑADO FREGADERO

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  Ese fregadero llevaba más de un mes atascado y sin expectativas de ser arreglado mientras los residuos iban creciéndose al ir amarrando las esquinas de cada recodo. Hacía tiempo que dejó de brillar dejando paso al silencio. Lo único legible era el "tic tac" del gotear del agua pareciendo un reloj sin llegar a discernir las horas. Resultó que una vez los "bichos feos" fueron a su vera poniendo su empeño en el hecho de volver a brillar. Y con unos gestos lentos lograron que volviera el irradiar a lo lustroso de sus figuras al brotar desde su núcleo.

El prolegómeno antes de la llegada del eclipse

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Tanto tiempo mirándolo estuvo, que ignoró por completo que había cobrado vida. Aunque, quizás, siempre la tuvo. Tal vez en un ámbito que le era imposible captar. Uno que, incluso siendo material, fuera incapaz de percibir. "Podría ser así; por mi parte, te he visto correr a través de estos terrenos desde que tenías unos 10 años... desde la primera vez que viniste a pasar el verano". Esto que comentó le sorprendió un poco. Pero el pánico que le envolvió en cuanto lo vio bajar del palo... y caminar sobre las tierras vestidas por el campo de trigo... hacía rato que desapareció. En el fondo, en lo más profundo de su corazón, siempre deseó que tuviera un alma. Que pudiera caminar junto a él y contarle aquellas cosas que hubiera visto desde las alturas de la estaca. - Tampoco tengo mucho que contarte. Aunque puede que sean bastantes - le confesó cabizbajo el espantapájaros -. Te puedo narrar la forma en que circulan las estaciones, pero no creo que comprendieras mi punto de vista. ...

LO SUMERGIDO EN SU SUEÑO

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  En su sueño... la oscuridad se esfumaba  dando la impresión de nunca existir  en el mundo. En el sueño... la esperanza gobernaba sin la necesidad de intervenir  ley de mandos. En él, la calma dejó de rugir cuando al final obtuvo su espacio. Quizás fue que hizo mucho escándalo, pero logró emerger sin imponer su postura y menos aún el existir del cómo han de ser las cosas. Quizás fue que hizo del disimulo el útil con el que no coaccionar a las masas en su derecho de sentir más allá del son de su alma. En él, la luz disponía de cuerpo sin que hubiera que interferir. No había lecciones, ni el interruptor que acceso le diera a la intimidad de las habitaciones. Y cada sentido de las sensaciones vestían en sus capas lo ajeno de la moda y los cuartos. En él, no había señores, ni dueños; menos aún las horas o algo que laminara las emociones.

El show debe continuar (El mundo aguardando el abrir de sus puertas)

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Los años fueron desgastándose en un ambiente de monotonía. Sin darse cuenta, diez serían los que transcurrieron desde que abandonó la cúpula de Christof . Y ante él, un mundo nuevo hizo acto de presencia. Paulatinamente, trataría de acostumbrarse a su nueva existencia, pero nunca logró sentirse cómodo. El trabajo diario en un pequeño supermercado le ayudaba a soportarlo. Pero, desde que Lauren rompió la relación que mantuvieron, el vacío era más profunda a cada jornada que pasaba. Fue entonces que comenzaron las dolorosas mañanas. Y las noches impregnadas de alcohol con tal conseguir dormir. El malestar le duraba hasta el mediodía, cuando con disimulo bebía la primera cerveza. Transitaba de esa manera un círculo oscuro del cual no quería salir. No lo deseaba. Sólo ansiaba llegar a casa después de trabajar y tirarse en el sofá. Comer algo e ingerir el contenido de las muchas latas que guardaba en la nevera. La mayor parte del espacio de ella la destinaba a su «jarabe particular». Así la...

UN PESO EVAPORADO

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Se evaporó el fondo de su armario. Quizás fue un acto de magia, pero comenzó a sentirse como pocas veces antes. Y con ello la mochila que le hacía ser jorobado y monstruoso ante los ojos de los demás. Aunque sobre esto nunca le dio importancia: el peso sólo era suyo sin importar las miradas.  Fue sintiéndose fluir como si fuera un río. Aunque, en ocasiones, su agua pareciera ir secándose volviendo después a emerger. Nadie le dijo que sería fácil, él mismo comprendía que no podría serlo. Sería por ello que forjaría su valor... cuando no daba más de sí. Sería su empeño en proseguir lo que fue transformando todo aquel peso.