De vuelta a la Isla Nublar
- Son preciosos, pero larguémonos de aquí. Ellie no prestó atención al doctor Grant cuando este comentó aquello en voz baja. En su lugar, continuó analizando detenidamente lo que tenían en frente. Ocultos entre espesos helechos gigantes, no apartaba la vista de aquel T-Rex a punto de atacar al triceratops. Su marcado plumaje era vistoso. Demasiado florido si con él pretendía camuflarse entre la vegetación. Pero, entonces, recordó el caso de los tigres. Estos, desde nuestro punto de vista, parecen no pasar desapercibidos en la naturaleza. Sin embargo, a ojos de sus presas resultan casi invisibles. En el supuesto de verlos, los perciben con una tonalidad verduzca. Es prácticamente imposible que noten su presencia. - ¿En serio? Estamos en dirección contraria al viento. No nos va a detectar - protestó Ellie -. ¿Qué es lo que tenemos que temer? - De ellos nada - contestó Alan -. Están ensimismados teniéndose uno frente al otro. Pero los más pequeños tienen que estar en los alrededores aguar...