Una reunión de sordos
El portazo fue tremendo. Incluso quedó temblando el portalón a pesar de su inmenso tamaño. Y en medio de todo ello, en su interior estaban debatiéndose la rabia y amargura por tener la impresión de haber condenado a un hombre inocente. Por ponerle en el lugar de alguien que merecía un fuerte castigo por sus crímenes. Ello sabiendo que con ese acto propició la tranquilidad de la cúpula de los religiosos judíos. Además de que volviera a reinar la paz en aquel paraje tan alejado de Roma. ¿Pero qué precio habrían de pagar? Entró en las estancias que disponía por ser el Prefecto de Judea. Lo hizo rápido. Dejándose llevar por los sentimientos que lo apresaban. De esa forma, iría cruzando los pasillos hasta alcanzar su despacho. Una vez dentro, y sintiendo cómo le temblaban las manos, trató de ponerse un vino que lo relajara. Vertió en él un poco de agua que rebajara su dureza. Lo bebió de trago. Inmediatamente, pudo sentir sus efectos. La manera en que su cuerpo terminaba ablandándose a la p...