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HUBO UNA VEZ EN LA QUE TUVE PELO

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  Anoche soñé que tenía pelo. Vaya cosa más curiosa, pues hace muchos años que voló y me acompaña la imagen de mi frontis por mondo y lirondo. Lo raro es que resultó en invierno. Me refiero a las escenas que fueron marcadas en el sueño, pues las fechas en octubre  las relacionan con el otoño. Y toda aquella mata de pelo tenía por bien abrigarme. Además de concederme un grato calor en un frío que pelaba. Un calor que si fuera verano... le daría por agobiarme. Y al sueño le dio por darme también una muestra de la primavera. 

DEL MUNDO RESPIRÓ EL AIRE QUE LO ENVOLVÍA

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  Al comenzar el día contempló su mundo. Uno que compartía con el resto de la gente que suele ir por la calle. Al arrancar su día del mundo respiró. El aire le envolvía  mientras vibraba su sangre con lo que tenía delante. Quizás un poco de sudor fue recorriendo sus pieles al ir disfrutando de la brisa mientras a saber en qué pensaba.  Hasta quizás se distrajo  al ver una gracil ave  que con gracia le daba por surcar los aires de la plácida ciudad. 

EL ORIGEN DE LA GRAN ROCA

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  Pútridas tornáronse las aguas cristalinas. Además, estancadas cogieron sus formas cuando las noches tomaron el tono de lo oscuro. Al ser así, fue desapareciendo la vida.  Hasta que no quedó signo alguno.  Y menos aún los retales que pudieran indicar su paso.  Después, cuando los lodos secaron, emergió una gran roca aséptica ocupando los rincones. Resultaba dura y de gris color.  Hasta también terminó inolora  y sin gama de matices. 

La quema de la máscara

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¿En serio era cierto? ¿Acaso habían dejado de necesitarle? ¿Cuándo? ¿Cuál fue el momento en que optaron por sumergirse en lo lúgubre y corrupto en vez de abrazar la justicia? ¿Qué fue lo que hizo que la ciudadanía decidiera seguir ese camino? Y lo que más le desconcertaba es que él mismo hacía tiempo que tomó ese misma dirección. ¿Cuándo? No lo recordaba. Lo único que por seguro tenía era que la máscara enmohecida vestía. Y que estaba entre sus manos. Que únicamente le faltaba un pequeño empujón con tal de arrojarla al fuego de una de tantas chimeneas de las que disponía la Mansión. Trató de hacer memoria. Y descubrir el instante en que todo dejó de importarle por mucho que continuará recurriendo a los trajes del héroe atormentado y los uniformes de dandi despreocupado. Pero no lo logró. La sensación de desconexión con la realidad le resultaba eterna. La ausencia de interés hacia ella disponía la forma de un abrigo que lo aislaba por completo. Y la indiferencia por la sociedad era igua...

"Tangles", te puede pasar a ti o a tu vecino

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La ópera prima de Leah Nelson homenajea a los héroes que dejamos atrás premiosebastiane.com ¿Una película cuyo hilo conductor es el Alzheimer sería capaz de dejar esa demencia en un segundo plano? Pues, partiendo de lo visto en "Tangles" de la canadiense Leah Nelson, la respuesta es afirmativa. Y es que, en el fondo, el largometraje es un más que sentido, y cálido, homenaje a todos aquellos héroes que, por los motivos que fueran, vamos dejando atrás. Al cúmulo de sensaciones vividas en determinada etapa de nuestra trayectoria. En concreto, desde los momentos previos a que a la madre de Sarah le diagnosticaran la enfermedad y llegando al camino abierto tras su deceso. En medio, es narrada la lucha de la joven por abrirse paso en el mundo gráfico, su activismo dentro de la comunidad LGTBIQ+ y los inicios de su relación con Donimo. Y, por supuesto, los miedos y frustraciones padecidos ante el paulatino proceso del mal y las tensiones en, y con, su familia. Esto teniendo en cuent...

"CUANDO PASE EL TIEMPO, LO HARÁS"

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  Aquel niño que fue lo visitó. Sin apartarle la vista, el crío le preguntó si en realidad era él porque no lo reconocía. "Es normal, te he visto crecer... y tú a mí no", le contestó, "cuando pase el tiempo, lo harás". "¿Pero tú me reconoces?", preguntó el crío al momento y sin dejarle de mirar. - Sí... si no... ya no sería yo... - ¿Es eso una adivinanza? Negó mientras le observaba muy sonriente.  - No, la falta de inocencia.

LAS VIVAS MARCAS DE LAS EXPERIENCIAS

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  Cargaba su peso. El suyo, pero los de otros también, en una mochila que el tiempo desgastó más de lo que pudiera notarse. Había que fijarse mucho con tal de notarlo: ajadas, pero risueñas solían verse sus costuras. Sus tonalidades fueron también otro ejemplo: gastadas, pero las vivas marcas de las experiencias. Llevaba los pesos.  Los suyos, y los de otros, por tener  a alguien que cargara con el total de ellos en el fin de que nos les truncase. ¿De él olvidándose terminó? Él contestaría en negativo.  Algunos dirían lo contrario.