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La conversación sentados en el banco

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Con un gesto de su mano lo invitó a sentarse. Era un trozo viejo de madera sobre dos rocas haciendo las veces de banco. La seña lo sorprendió, pues estaba de espaldas a él. No le podía haber visto llegar, por lo que dedujo que habría percibido el sonido que creaba cada paso que daba al ir acercándose. Ante esto, aceptó la oferta y se colocó encima del pedazo de leño. Los hombros de ambos quedaron casi a la par. - ¿Sabes? Lo único que me pesa del paso de los años es este dolor que siento en las manos. A veces parece como si dentro de ellas circulara arena en vez de sangre. Cuando dijo esto a modo de bienvenida, el visitante observó el semblante de su antiguo maestro. A sus 70 años, tenía el rostro completamente envejecido. Gastado por las horas bajo el Sol, su oscura tonalidad hacía todavía más palpable los surcos de las marcas de la vejez. Aún así, al momento de verle sonreír, notó que sus afables características seguían presentes. "¿Y ahora cómo te ganas la vida?", quiso sab...

LAS CANCIONES CON LAS QUE PUDO LIBERARSE

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  Convirtió sus poemas en canciones. No todas, pero sí muchas otorgándoles melodías. Y por ello puso empeño, y también mucho cariño. Tenía por costumbre hacerlo por la noche, aunque también durante el día en función de su corazón. No lo hizo por obligación, más bien fue la necesidad de aflorar el sentir de sus sensaciones. Volvió sus sentidos en pasiones. No todos, pero sí todas de cada cual que florecía. No sería por compartirlo, aunque sí por expresarlo. Con ello aprendió a componer, quizás un nuevo lenguaje. Un nuevo método con el que poder alcanzar su propio corazón y lo que en su alma solía esconderse. Hasta soñar pudo con los días que venir habrían sin pesarle el tiempo o lo que en los futuros se esconden.  Con ello aprendió a sentirse, hasta alcanzó a liberarse. 

AL PERCIBIR LO DE LO MÁS PLENO

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  Liviano. Ligero. Igual que la pluma surcando los cielos al soplar la brisa en el horizonte. Y estos los abraza embriagado por el candor en su rezumar cuando al Sol sale al amanecer. Y los atesora sin sentir los calendarios en su sino al ser candado donde clausurarles.   Al sentirse carente de peso, al percibir lo de lo más pleno, sería que sintió su propio cuerpo.

LAS PIEDRAS TALLADAS

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Tenía un par de piedras en su mano. De las que "cantos" les llaman. En ellas grabó dos nombres; eran de gentes que no conoció. Ni siquiera con las que se cruzó. Deseaba aspirar a su recuerdo. A que fueran la memoria que guarda las imágenes. En el fondo, conocerles pudo al formar parte de su camino. En otras tantas hizo lo mismo con los variados paisajes que pudo llegar a ver en fotografías. En ellas sus nombres grabó. Y sus parajes los soñó. En ellas buscaría hacer presentes los días en que caminar soñase bajo el fulgor del mismísimo Sol.

SOMOS DISTINTOS, SOMOS IGUALES

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20/II/2021 Las lágrimas y la sangre, dos elementos siempre tan enraizados en la condición humana. Parece que nos olvidamos de toda su importancia por el desahogo que otorgan las primeras, la forma de purificar  nuestro siempre tan personal espíritu. El otro factor es el que encierra nuestras más profundas raíces. Esas primeras emergen  en el depender del marcado contexto, con la situación personal, y, partiendo de ahí, el peso del precio de toda su valía no radica por cómo son derramadas. Cada una, todas las almas, enfocará con todas las entrañas sus densas sensaciones, la manera  de florecerlas o esconder.  De alegría o pena suelen ser y parecen emanar desde el interior de la que es nuestra coraza. Esa misma que parece ser forjada por la historia de todos aquellos que antes caminaran entre las tan intrincadas  lindes de páramos curvos; bosques con un  vigor que, incluso, llegan a alcanzar desiertos de luz inerte.  Desde todo ese parecer que parece que...

Un maquiavélico, y ambicioso, propósito

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Le bastó un simple zarpazo con tal de cortarle la cabeza. Fue rápido. Certero. Metódico. Los ojos en ella abiertos de par en par dejaban ver la sorpresa. Lo inesperado de la acción. Y en sus perplejas fauces, la rosada y larga lengua tembló momentáneamente a consecuencia de los espasmos musculares. Pero todo terminó en un instante. Contempló la testa tirada en el suelo. El charco de sangre que la rodeaba. Y esto hizo que volviera a emerger su hambre. El cerebro. Lo que más ansiaba era disfrutar de cada uno de sus matices. La esponjosidad que destilaría al ser masticado. Y después engullirlo. Más teniendo en cuenta que no había podido disfrutar el del burro. Pero ahora podría desquitarse con lo del interior del cráneo del zorro. Y este había sido listo. Muy listo. Pero cometió el error de robar la cabeza del equino. La quería para él tras convertirlo en el chivo expiatorio que habría de salvarle la vida. Tras haber burlado el hambre que padecía el león. Unas seis horas atrás, al momento...

El trámite de la conversación

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- Bien, ¿cómo está? ¿Le duele la cabeza? -quiso saber el agente. - Parece que me la estuvieran martilleando por dentro. Es un dolor insoportable. - Imagino que en el hospital le habrán dado calmantes para ello. - Sí, lo han hecho. - Vale, de acuerdo. Ahora necesito que me cuente todo. - ¿Dese el principio? - Sí, desde el principio. - Está bien. Pero déjeme hacer un poco de memoria. - Tómese todo el tiempo que necesite. *** "Cuando esta tarde llegué a casa me sorprendió el olor a comida recién hecha. Mi mujer iba a pasar el fin de semana con los niños y sus padres. Viven en un pueblecito que está a las afueras de la ciudad. Y yo me quedé porque tenía trabajo acumulado. "Pensé que los habría dejado allí. Que había vuelto. No hubiera sido la primera vez que lo hacía. Dejarlos allí y regresar dándome una sorpresa. Así que la saludé y fui directo a la habitación. No contestó. Así que supuse que no me escuchó. "Dejé las cosas del trabajo y me cambié de ropa. Me puse la que sue...