SU MANERA DE ENCONTRARSE
No dejó de jugar. Tal vez porque nunca dejó de ser niño. O porque consideraba que la adultez no debía ser escollo que lo frenase. Gustaba de soñar. Quizás porque disfrutaba con el mundo. O porque cavilaba que sus paisajes se extendían más allá de las sensaciones. Solía remojarse con los rocíos y las gentiles temperaturas que por donde fuera solía tropezarse. Cuando sentía ganas de descansar buscaba lugares apartados queriendo disfrutar del silencio con su transitar hacia el serenar. Era su manera con la que encontrarse al momento de sentir que su alma vestía la imagen de los adultos. El sonreír amaba. No le gustaba que fuera algo forzado. Era el mal que le encontraba a las edades cuando dejaban olvidada la niñez.