EL TRÉBOL QUE GUARDABA UNA BRÚJULA
Con el trébol de cuatro hojas en su mano negaba la misma suerte mientras tenía aquel rato de los perfectos sin disponer de la casualidad. Encerró sus recuerdos en su piel haciendo que al atardecer florecieran. Al trébol pasó las flores con tal de que les sirviera de morada en caso de que llegarán los fríos. Con esto la risa fue motivo suficiente con tal de que continuara negando la misma suerte. En aquel gesto había todavía mucho más que unos designios y directrices. Con el trébol cuyas hojas eran cuatro sintió el calor de parajes al notar que los tonos eran encanto sin traslucir en lo superficial. El trébol tenía cuatro hojas, pero podía haber tenido más (o menos). Le hubiera dado el mismo significado: no contendría nada de la suerte, tendría del corazón y la mente. Las hojas disponían de alma, él mismo hizo que tuvieran su sentido. Aunque no tuvieran nada de místico: disponían del caminar errante y brújula señalando el norte.