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PORQUE EL PENSARLAS...

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  Nunca estuve aquí. Pero tengo la sensación  de que antes... ya estuve... Y mis ojos... mis ojos ven  cosas que no vieron  pero que antes  también vieron. Y mi piel... mi piel siente lo que sintió sin haberlo sentido jamás. Y en cuanto  al olfato...  nunca olí cosas que no oliera... pero las olí sin olerlas en el anteayer posterior  al mañana. Y bebo... bebo la cerveza que no bebí porque el pensarlas es beberlas estando bien frías.

En una laboriosa mañana de resaca

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01/III/2025 Su temblorosa mano casi no le dejaba llevar el vaso con agua a la boca. Y esta la tenía completamente reseca. Aun así, realizó un valeroso esfuerzo tratando de beber su contenido. Ello con un temor más que palpable ante la posibilidad de que el estómago se le encogiera cuando el líquido llegara a él. La noche había sido más dura de lo normal. Y desde hacía un tiempo atrás, cada vez que hidrataba su cuerpo nada más levantarse, sufría la misma sensación. Incluso, en más de una ocasión, había terminado vomitando y viendo los restos de la batalla alcohólica en la que había estado sumergido. Así que hizo de tripas corazón y se armó de todo el valor que le quedara en medio de semejante resaca. "Hay que ser hombre de noche y no muñeco de día". Recordó lo que tantas veces le habían dicho cuando era adolescente. Cuando comenzaba a salir de fiesta y le levantaban antes de las ocho, estuviera como estuviese, con tal de que ordenara el trastero. Habiendo pasado los años, en o...

EL JARDÍN DE LO COTIDIANO

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  Adultos queriendo volver a la infancia. Infantes deseando ser adultos. Algunos lo describen de "Ley de vida", otros le llaman un "sinsentido" al perderse en esas sensaciones. Calvos añorando tener pelos y los melenudos temiendo perderla. "No llueve a gusto de todos", dicen. Los que anhelan el estar cagando cuando otros suelen mandar todo a la mierda. Los que pasan olímpicamente.  Los que se mueven desde la indiferencia y los que se preocupan por todo. El que de un grano hace una montaña y el que al ir atravesando un llano estima que atraviesa el Everest. Personas, al fin y al cabo, presentes en este curioso jardín con flores, o sin tenerlas, en su lid que representa lo diario.

LOS MOMENTOS DE LA RELATIVIDAD

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  Azúcar en las heridas. Y la leche de tonificante con la cual revitalizar cada cuerpo. Y las aguas en las almas. Las cervezas con tal de darles el calor y el kalimotxo con tal de refrescarlas. Un cigarro que las acompañe. Un pintxito que las fortifique en medio de las barras, o las terrazas, mientras se le da forma y color al tiempo.  La metáfora del volar mientras dibujamos los instantes. Ya sea en la mañana, la tarde o sin el sol desde la relatividad.

QUIZÁS MIENTRAS EL ALBA TOMA UN CAFÉ

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  El alba le canta a la mañana Tal si los sueños ocurrieran despiertos en cada atardecer donde las flores germinan. Puede que sentada en una mesa mientras bebe café acompañado por unas tostadas. Incluso podría fumarse un cigarrillo. Ahí los muros serían de fantasía. A nada le prohíben cruzarlos y averiguar qué guardan con tal de que palpite cada corazón.  El alba le baila a la esperanza. Tal si su calor despertara cuerpos  dormidos por tener jardines sin tonalidad.  

MÁS ALLÁ DE TIEMPO Y EL ECLIPSE

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  Puede que el tiempo sea nuestro dueño. O puede que no. Quizás sólo nos mira al igual que lo hacemos con las estrellas. En el mismo modo que con este eclipse. Quizás el tiempo es nuestro refugio. O puede que no. Quizás sólo nos guarda al igual que lo hacemos con la memoria. Puede que sólo seamos un grato instante. Podría ser que sólo sea una ilusión. O que lo viviéramos mucho antes...  incluso que lo volvamos a transitar.  Hasta puede ser parte de un todo.  Algo unido aunque todas sus partes nunca tengan la constancia de las otras. 

¿Dónde terminó su par?

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El frío acorralaba su cuerpo. Lo sentía duro, agarrotado. Pero no era una sensación física. Resultaba ser psicológica. El temor, el pánico y la incertidumbre lo dominaban en aquella esquina. ¿Dónde estaba su par? Una cosa era tener que padecer aquel enorme agujero raído en la parte superior de su anatomía. Y otra muy distinta encontrarse desamparado del mundo. En más de una ocasión escuchó historias similares. Sobre todo cuando era niño. Nunca les dio importancia. Menos aún según iba creciendo. A medida que la adultez encaminaba lo que era el ciclo vital de un calcetín. "Cuento de viejas". En su día lo describió de tal tesitura al que era su compañero. "Sólo nos quieren acojonar", comentó a continuación el otro. "¿Estás seguro de eso? Mira que como sea real", prosiguió... En ese instante... las palabras de su inseparable resonaban más que nunca en su cabeza. ¿Dónde se había metido? Recordaba... recordaba dar vueltas y más vueltas en medio de un insufrible ...