LA BOLA DE NIEVE Y ATLAS
La bola de nieve logró detener el mundo. Fue con tranquilidad, con mucha paciencia. Y mientras, creció en tamaño. Suave su ritmo fue. Cargado de los esmeros que traen las caricias buscando dar la paz. Transformar en algo nuevo. Al fin, Atlas consiguió descansar al librarse de su misión que con tanto esmero forjó con sus artes. Una roca usó a modo de banco y mientras miraba la bola de nieve fue cargando sus pulmones con el aire con tal de reponer fuerzas. Su corazón se llenó de gozo y pudo de los quebrantos liberarse mientras el sudor iba surcando su piel al terminar la batalla. Fijó, entonces, su atención en su propia fe. En las veces que le tentó la pena en el tirar de la toalla. Y le dio por reírse al sentirse por fin lleno. Agarró la bola de nieve y de su agua bebió hasta verse saciado.