La conversación sentados en el banco
Con un gesto de su mano lo invitó a sentarse. Era un trozo viejo de madera sobre dos rocas haciendo las veces de banco. La seña lo sorprendió, pues estaba de espaldas a él. No le podía haber visto llegar, por lo que dedujo que habría percibido el sonido que creaba cada paso que daba al ir acercándose. Ante esto, aceptó la oferta y se colocó encima del pedazo de leño. Los hombros de ambos quedaron casi a la par. - ¿Sabes? Lo único que me pesa del paso de los años es este dolor que siento en las manos. A veces parece como si dentro de ellas circulara arena en vez de sangre. Cuando dijo esto a modo de bienvenida, el visitante observó el semblante de su antiguo maestro. A sus 70 años, tenía el rostro completamente envejecido. Gastado por las horas bajo el Sol, su oscura tonalidad hacía todavía más palpable los surcos de las marcas de la vejez. Aún así, al momento de verle sonreír, notó que sus afables características seguían presentes. "¿Y ahora cómo te ganas la vida?", quiso sab...