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LA HISTORIA DE UN DESALIÑADO FREGADERO

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  Ese fregadero llevaba más de un mes atascado y sin expectativas de ser arreglado mientras los residuos iban creciéndose al ir amarrando las esquinas de cada recodo. Hacía tiempo que dejó de brillar dejando paso al silencio. Lo único legible era el "tic tac" del gotear del agua pareciendo un reloj sin llegar a discernir las horas. Resultó que una vez los "bichos feos" fueron a su vera poniendo su empeño en el hecho de volver a brillar. Y con unos gestos lentos lograron que volviera el irradiar a lo lustroso de sus figuras al brotar desde su núcleo.

El prolegómeno antes de la llegada del eclipse

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Tanto tiempo mirándolo estuvo, que ignoró por completo que había cobrado vida. Aunque, quizás, siempre la tuvo. Tal vez en un ámbito que le era imposible captar. Uno que, incluso siendo material, fuera incapaz de percibir. "Podría ser así; por mi parte, te he visto correr a través de estos terrenos desde que tenías unos 10 años... desde la primera vez que viniste a pasar el verano". Esto que comentó le sorprendió un poco. Pero el pánico que le envolvió en cuanto lo vio bajar del palo... y caminar sobre las tierras vestidas por el campo de trigo... hacía rato que desapareció. En el fondo, en lo más profundo de su corazón, siempre deseó que tuviera un alma. Que pudiera caminar junto a él y contarle aquellas cosas que hubiera visto desde las alturas de la estaca. - Tampoco tengo mucho que contarte. Aunque puede que sean bastantes - le confesó cabizbajo el espantapájaros -. Te puedo narrar la forma en que circulan las estaciones, pero no creo que comprendieras mi punto de vista. ...

LO SUMERGIDO EN SU SUEÑO

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  En su sueño... la oscuridad se esfumaba  dando la impresión de nunca existir  en el mundo. En el sueño... la esperanza gobernaba sin la necesidad de intervenir  ley de mandos. En él, la calma dejó de rugir cuando al final obtuvo su espacio. Quizás fue que hizo mucho escándalo, pero logró emerger sin imponer su postura y menos aún el existir del cómo han de ser las cosas. Quizás fue que hizo del disimulo el útil con el que no coaccionar a las masas en su derecho de sentir más allá del son de su alma. En él, la luz disponía de cuerpo sin que hubiera que interferir. No había lecciones, ni el interruptor que acceso le diera a la intimidad de las habitaciones. Y cada sentido de las sensaciones vestían en sus capas lo ajeno de la moda y los cuartos. En él, no había señores, ni dueños; menos aún las horas o algo que laminara las emociones.

El show debe continuar (El mundo aguardando el abrir de sus puertas)

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Los años fueron desgastándose en un ambiente de monotonía. Sin darse cuenta, diez serían los que transcurrieron desde que abandonó la cúpula de Christof . Y ante él, un mundo nuevo hizo acto de presencia. Paulatinamente, trataría de acostumbrarse a su nueva existencia, pero nunca logró sentirse cómodo. El trabajo diario en un pequeño supermercado le ayudaba a soportarlo. Pero, desde que Lauren rompió la relación que mantuvieron, el vacío era más profunda a cada jornada que pasaba. Fue entonces que comenzaron las dolorosas mañanas. Y las noches impregnadas de alcohol con tal conseguir dormir. El malestar le duraba hasta el mediodía, cuando con disimulo bebía la primera cerveza. Transitaba de esa manera un círculo oscuro del cual no quería salir. No lo deseaba. Sólo ansiaba llegar a casa después de trabajar y tirarse en el sofá. Comer algo e ingerir el contenido de las muchas latas que guardaba en la nevera. La mayor parte del espacio de ella la destinaba a su «jarabe particular». Así la...

UN PESO EVAPORADO

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Se evaporó el fondo de su armario. Quizás fue un acto de magia, pero comenzó a sentirse como pocas veces antes. Y con ello la mochila que le hacía ser jorobado y monstruoso ante los ojos de los demás. Aunque sobre esto nunca le dio importancia: el peso sólo era suyo sin importar las miradas.  Fue sintiéndose fluir como si fuera un río. Aunque, en ocasiones, su agua pareciera ir secándose volviendo después a emerger. Nadie le dijo que sería fácil, él mismo comprendía que no podría serlo. Sería por ello que forjaría su valor... cuando no daba más de sí. Sería su empeño en proseguir lo que fue transformando todo aquel peso. 

SU MANERA DE ENCONTRARSE

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  No dejó de jugar. Tal vez porque nunca dejó de ser niño. O porque consideraba que la adultez no debía ser escollo que lo frenase. Gustaba de soñar. Quizás porque disfrutaba con el mundo. O porque cavilaba que sus paisajes se extendían más allá de las sensaciones. Solía remojarse con los rocíos y las gentiles temperaturas que por donde fuera solía tropezarse. Cuando sentía ganas de descansar buscaba lugares apartados queriendo disfrutar del silencio con su transitar hacia el serenar. Era su manera con la que encontrarse al momento de sentir que su alma vestía la imagen de los adultos.  El sonreír amaba. No le gustaba que fuera algo forzado. Era el mal que le encontraba a las edades cuando dejaban olvidada la niñez. 

Una conversación mediante un sistema poco convencional

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- Deberías marcharte. - ¿Y eso? - Algunos no ven con buenos ojos que una chica esté bebiendo sola en la barra. Al oír esto, dio un trago a la botella de cerveza. Acto seguido, y tras guiñarle el ojo al camarero, se dio media vuelta aprovechando que la banqueta daba esa posibilidad. Y observó a los allí presentes. La mayoría eran hombres. Apenas habría otras cinco mujeres. Muchos le devolvieron el gesto. Parecían pedirle que abandonara el bar. Les sonrió. Y volvió a girarse hacia la barra. "Ponme un chupito de whisky", le pidió. - ¿Estás segura? Puedes tener problemas. - Te he dicho que me lo pongas - dijo bruscamente - Y sube un poco el volumen de la televisión, por favor. Lo suficiente para que pueda escucharla. El joven le puso el trago e hizo lo que le ordenó. Por su parte, ella lo consumió de golpe y dio otro sorbo a la birra. "Tranquilo, en cuanto la termine me marcharé", le anunció al chico inmediatamente después. "Idiotas, el mundo acaba de ser reconstru...