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BELLAS PALABRAS ERAN SUS ARMAS

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  De tanto predicar sobre la paz le fue inmune el dolor. Del ajeno especialmente, ya que le producía placer. Incluso ofrecía el bálsamo con el cual aletargar los males y crecieran después en sus formas. Eran bellas palabras sus armas, y guiar en el correcto proceder ante su mirar atento. De la paz que tanto mencionaba su desgaste logró. También liberó su mente  al colmar sus emociones. Del dolor nunca más nada supo, pues la palabra desapareció por arte de magia. Las que se quedaron fueron las brújulas de la inercia, las que señalaban a su gozo.

LO HABIDO DETRÁS DEL SONIDO DEL MAR

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  La noche me trae el sonido del mar. Y con él, sus tonos cargados con lo dulce de la sal dando color al paisaje. Además, del viento sus texturas. Y su luz en el Sol bailando con lo frágil de la paz  vistiendo su digno traje. Y después, ofreciéndole un brindis, puedo saborear el vino que los ríos ostentan en sus cauces. Y, también, las frutas que florecen tal si resultasen trofeo que festeja el hecho del existir. 

Alice Cooper recupera su tarjeta de crédito

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La perdió estando en una gasolinera Perfil de Instagram   Este día 8, a Vincent Damon Furnier le fue retornada una tarjeta de crédito extraviada. Quizás a muchos de ustedes no les suene el nombre. Pero es el padrastro de Freddy Krueger; o por lo menos su alter ego y figura artística, ya que fue el encargado de darle vida en la «Pesadilla final: La muerte de Freddy» que Rachel Talalay estrenara en 1991. Aunque si les mencionamos a Alice Cooper caerán más fácilmente en la cuenta. La concatenacion de eventos tuvo su origen en Payson, Arizona. En una gasolinera de la zona, Geoff Guy encontró la mencionada tarjeta. Fue al introducir la suya que se percatara que el reducto estaba ocupada. Tras comprobar la identidad del titular, su hijastra sería quien reconociera al músico. De hecho, Furnier cambió legalmente su nombre en 1975, adoptando de esa forma el de la agrupación que le otorgó prestigio. En la actualidad, más de 50 millones de discos vendidos son los que atesora, además de tener ...

DICES PODER DARME UN TROCITO DE PAZ

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  Dices pretender querer venderme el cielo. O tal vez un rinconcito de paz con tal de tropezarme conmigo mismo mientras sea como tú quieres. Dices querer curarme del dolor con la cura que tú sólo sabes puede sanar cualquiera de mis heridas. Dices conocer cada rincón de mi alma de la manera de quien pretende hacer del otro alguien mucho mejor. También que me darás un nuevo modelo. De sentir, vivir y también de amar con tal de poder sentirme satisfecho si me acojo a tus patrones.

MAS ALLÁ DE SUS DIATRIBAS PERSONALES

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  Dormir. Sus sueños anhelan dormir. No despertar en un prado verde antes de la erupción de un volcán al paso de lo que vendrá por su discurrir. Y reír. En su mente no quería reír. Y ni llorar en cada fría tarde antes del ocaso al darle un abrazo  a la noche que danza por venir. Ni imaginar. Ni fantasear. Aunque a cada rato estuviera en tal menester estando despierto. Pero deseaba descansar sin sentir cansancio. Y reír sin estar alegre siendo "normal" raro. Aunque lo de lo "normal" no fuera claro en un mundo donde las imperfecciones es mucho más que la norma. O la estampa que es impuesta por los que buscan disimular sus dejes  mientras se centran en los de los ajenos. 

EL CANTAR DE LA FLOR EN EL AGUACERO

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La flor le cantaba al dolor. A la pena mientras florecía en un ataúd con la madera pulida y aguaceros persistentes. Desde los días sentenciados le cantaba. Sin miedo al venir del alud cargado de las tragedias que conforman a los seres.  Pero no comprendía que en el sufrir los que se van no se marchan, ya que les da por quedarse en lo más profundo. Quizás como los fantasmas que nos regala la mente con tal de que tengan cuerpo. O sus voces en los oídos buscando tranquilizarse aún sabiendo de su ausencia. Pero sí que comprendía del sentir al ver a los que se quedan en su querer marchitarse  por lo que les dejó.  * Nota : este poema está parcialmente inspirado en Marjane Satrapi 

LA BOLA DE NIEVE Y ATLAS

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  La bola de nieve logró detener el mundo. Fue con tranquilidad, con mucha paciencia. Y mientras, creció en tamaño. Suave su ritmo fue. Cargado de los esmeros que traen las caricias buscando dar la paz. Transformar en algo nuevo. Al fin, Atlas consiguió descansar al librarse de su misión que con tanto esmero forjó con sus artes. Una roca usó a modo de banco y mientras miraba la bola de nieve fue cargando sus pulmones con el aire con tal de reponer fuerzas. Su corazón se llenó de gozo y pudo de los quebrantos liberarse mientras el sudor iba surcando su piel al terminar la batalla.  Fijó, entonces, su atención en su propia fe. En las veces que le tentó  la pena en el tirar de la toalla.  Y le dio por reírse al sentirse por fin lleno. Agarró la bola  de nieve y de su agua bebió hasta verse saciado.