LAS ÚNICAS BOMBAS QUE CONOCIÓ ERAN LAS DE LA VIDA
Va caminando entre las vías del tren. Porta una mochila. Es su equipaje; además de lo vivido y lo que dejó atrás. Puede que su viaje no tenga fin. Nunca conoció las bombas. Por lo menos las de verdad: las de la vida le eran comunes. Puede que menos que en otros, o su sentir fuera mayor. A saber con qué lidiaba, qué era de lo que escapaba. Pero, mientras tanto, aquellos railes resultaban no estar solos. Ni tampoco acompañados. Caminando oteaba los paisajes. O los ignoraba. En su mente, además de lo fatigado, florecían las dudas. Quizás viajaba sin más; porque sí... ...siguiendo la estela de una rueda que rodeaba su corazón tratando de borrar su coraza de metales. Aunque podría ser que todo aquel largo bagaje pudiera tener su núcleo en algo que sólo él comprendería.