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La reaparición de Frank Grimes

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Cinco fueron los meses. Cinco prácticamente doblando turno en el Badulaque regentado por Apu. Y en todo ese tiempo un reconcome no cesaba de atormentarle. ¿Dónde estaría? ¿Qué fue de él? Pese a ello, los siete años que pasó internado en el psiquiátrico de Springfield casi hicieron que le olvidara. Pero algo había que, irremediablemente, lo llevaba al que, en su momento, consideró artífice de su perdición. Sería que, durante la escasa hora libre de la que disponía, se plantara ante la entrada del Bar de Moe. Desde ahí, mediante lo poco que dejaba atisbar la ventana llena de mierda, lo distinguió. Y eso le partió el corazón. Pese a todo el odio que llegara a sentir en su día... la escena que delante tenía quebró su alma hasta unos confines que ni imaginaba. Por eso titubeó. Dudó en abrir la puerta y traspasarla. Sobre si tenía la necesaria fuerza de voluntad con la que soportar todo aquello. Aun así, lo hizo. Y en miedo de todo aquel aroma a moho putrefacto mezclado con el alcohol que ll...

SI DESPUÉS LA NECESITAN...

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 Es más peligroso vestirse... que disfrazarse. Hasta es más obsceno mostrarse... que recubrirse. Presentarse... ser de tal o cual manera continúa siendo mal visto. "Desaconsejable", en función de los "quién" velan por un mundo casto. Declararse... describirse de tal forma siendo ajeno a lo dictado: es "vituperable". La floritura de los "qué" niega y borra la redención. Pero luego la reclaman si sucede  que después la necesitan.

La excursión que dio por concluida en un baño

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La radio del coche estaba prendida. Pero hacía rato que no la prestaba atención. Incluso estando en marcha el boletín informativo, sus oídos sordos eran ante lo que sobre la mesa ponía. Sólo quería parar. Darse un respiro en aquel viaje del cual no intuía su motivo. Ni por qué en medio de un arrebato agarró las llaves y arrancó sin más propósito que desconectar. Y estando surcando el ancho de la carretera, o el meollo de un páramo perdido de la mano de Dios, vio la señal de un parador. De un restaurante ubicado a dos kilómetros. Por lo menos eso señalaba el rótulo. Trató de acomodarse en el asiento y llegar lo más rápido posible. Ese sería su lugar de descanso. Lo que pasara después... ya lo decidiría mientras comía cualquier cosa. El breve trayecto le resultó eterno. El ansia recorría su cuerpo. Cada minúsculo detalle de él fue ocupado por ella. Hasta el momento en el que notó la salida que lo encaminaba al local. Ahí giró a la derecha incrementándose la sensación de impotencia. La má...

LAS TEXTURAS EN EL ORDEN DEL CAOS

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  Qué curioso... el hoy es el mismo ayer vestido del mañana el "qué será" guardando. Y la luz del día... la noche iluminando. Un puzzle desordenado con sus piezas colocadas. Un puente que va cruzando ríos que todavía no alcanza.  Orillas ocupadas por montes mientras siguen ascendiendo sin llegar a su tope cuando los cielos sin llamarles les reclaman. El orden dentro de los caos que disponen de texturas. Agua salada que fue dulce por lo minerales que abrazó en un día presente. Y la locura nos viste nuestros desnudos... ...sin constancia de lo casto que camufla su sentencia...

PUEDE QUE A OTROS NO LES SIRVIERA...

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  En toda su vida, en todo lo que ella fue, sólo un día optó por pasarlo  sin compañía alguna. Solo, en soledad, consigo mismo. En esa fecha aprendió tanto de sí, compendio tanto de su persona... ... que pensó  que obligatorio fuera el que todos alguna vez así estuvieran. Aunque el mismo Dios lo prohibiera. Aunque el mismo Demonio negara. Pero quién... pero quién era él para obligar a que la gente  pasara por ello. Lo que una vez le valió... puede que a otros no les sirviera.... guardó, entonces, aquella experiencia en un rincón que tuviera sus sudores. Si otros...  si otros querían pasar por ello... que así fuera... no iba a negárselo... menos aún... obligarlos.

EL ECO DE LA CALMA QUE QUEDÓ MUDO...

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  Al ser rasgada la calma la tormenta fue tornándose vestido con que los barcos vistiesen. Era gala, floritura y jarana al ser la calma ignorada y borrada de los finos diccionarios ya sin función aparente. Sin su cuerpo característico. Sin internet a modo de cuarto. La tormenta fue la cama por la cual fue volviéndose cotidiano el hecho del apartarse las miradas. Eran neutras (también frías) al carecer de brújulas al estar los ojos dados por lo opaco. No señalaban el norte por olvidarse del magnetismo que suele otorgar significado.  Al terminar la tormenta... la calma carecía de la razón al haber sido borrado el horizonte por el cual su presencia solía anunciarse. Y lo que era su eco estaba mudo: no tenía lugar la afonía.  

EL OTOÑO DE LAS HOJAS DERRAMADAS

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  Olvida la Fé. Pero, sobre tí mism@, resérvala  al igual que le pides al invierno que llegue cuando  con la primavera  también lo haces. "Ven, llega", reclámale. Pero no te olvides de tí  reclamando por tí mismo en una tarde de verano con un café. Y las veces que rompas  tu propio  corazón  suéñale  al otoño de las hojas derramadas. La Fé... La Fé... olvídala... si no es en tí en lo que crees... olvídala... la Fé... olvida la Fé de los dogmas... y religiones...