EL VIOLÍN QUE QUEDÓ GRABADO
El violín terminó perdiéndose. Y con él, sus notas y melodías; ese calor que profesaba (y la pasión). Pero sus raíces quedaron. Enraizaron en la sangre y florecieron en la piel. Quedó grabada su seña. Fue mucho más que un recuerdo. Traspasó generaciones, también épocas y edades. Y en las noches alumbraba. Su calor (y pasión) fueron testimonio: legado perdurando por los días (una presencia más que constante).