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Un columpio, la hierba y el jarrón quebrado

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Siete años después de caerse el jarrón todavía podía escuchar su sonido al quebrarse. Sucedió minutos antes de que dejaran la casa y, desde entonces, exceptuando la persona que una vez a la semana iba a limpiarla, nadie había regresado. "No sé cuándo volveré, lo que quiero es recordar cada detalle cuando lo haga", contestó al momento de preguntarle el porqué de que no quisiera que lo recogieran. Y ahí estaba. Igual que lo dejó. En frente de la chimenea que el asistente encendió horas antes de que llegara. Tal y como le pidió pretendiendo que el edificio estuviera caliente. Sus restos no brillaban al estar cubiertos de polvo ya que prohibió que lo quitaran. Cerró los ojos y escuchó la suave música que antaño presidía cada rincón. Sin motivo aparente, se agachó y agarró uno de los pedazos. Si apretaba un poco podría cortarse. Lo dejó de nuevo con la misma delicadeza. Y avivó el fuego. Entonces sintió las voces que antaño la vestían, y abrigaban. Las risas. Los susurros. Alguna ...

DE LO COMPLICADO Y LO SENCILLO

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  Lo fácil es que transcurra el tiempo. Y lo sencillo, no darse cuenta de cómo sucede. El no percatarse de la proximidad de las metas cuando toman cuerpo en el sendero. Fácil es olvidar una fotografía  y recordarla con tiempo después. Lo complicado suele ser recordarla sin ignorar aquellos instantes.  Ese no omitir del mundo al que forma fuimos dando. La sencillez que suele disponer todo lo que disfrutamos tener.  Lo fácil, sencillo, complicado, fluido... ha de depender de cómo lo construimos. Depende de si es muralla. Depende de si es llanura. Pues depende de lo que depende.

LA CAUTELA DE LAS FLORES AL FLORECER

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  Veo tristeza. Incluso en los ojos de los que fingen estar alegres. Los que lo están tienen por manía no percatarse de lo de los otros y crean un círculo. Uno de disfraces brillantes que no permiten brillar a los que suelen por iluminar sin recurrir a artificios carentes de los sentidos que son naturales.  Y, mientras tanto, las flores siguen floreciendo. Pero lo hacen con cautela, pues les dieron a conocer de las de plástico que carecen de fragancias. 

El regalo de Kirsty al regresar

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El vaso estaba frío. Y el agua condensada en su exterior dibujaba formas curiosas. Tratando de descifrarlas, se quedó un buen rato observándolas. Esto provocaba que su sed incrementara a la par que delante suyo le aguardaba la cerveza. Decidió esperar un poco más. Así que agarró un puñado de los frutos secos que le ofrecieron y fue comiéndolos a tandas. Los masticaba. Los ingería. Y volvía a empezar. Repitiéndolo hasta en cuatro ocasiones. - ¿Vas a estar así todo el día? Esto lo sobresaltó. Miró al lugar del que provenía la voz. Justo a su vera, sentada en un taburete, vio que Kirsty le observaba con su característica sonrisa. Incluso llegó a morderse el labio. Era un "tic" bastante común en ella. Y recordó la primera vez que lo vio. Fue en una comida social. Días antes de que Larry y Julia fallecieran en el extraño incendio habido en la antigua casa familiar. - ¿Qué haces aquí? No esperaba encontrarte en un lugar como este. Lo último que supe de ti... es que estabas ingresad...

Cuando le envolvía la oscuridad

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En medio del asfixiante calor de la noche, cuando el sudor recorría cada centímetro de su cuerpo, decidió levantarse de la cama. Salir al balcón y tomar algo de aire fresco. Pero antes pasó por el baño. Necesitaba mear. No era que tuviera mucha necesidad, aunque aligerar peso le vendría bien si después regresaba a ella. Eran cerca de las cuatro de la mañana, y quedaba poco más de hora y media con tal de que sonara el despertador. Así que, tras miccionar y bajar la tapa (no accionó la cisterna pretendiendo no despertar a los vecinos), comenzó a lavarse las manos. También un rostro completamente pegajoso por las secreciones sudoríparas. En cuanto terminó, regresó a la habitación y salió al balcón. Aunque antes iría a la cocina con tal de calentar un poco del café que tenía preparado para el desayuno y después de comer. Sería entonces que accediera a la diminuta terraza que daba a su cuarto. Una vez ahí, agarró uno de los cigarrillos del paquete de tabaco dejado sobre la mesa. Nada más en...

EN NUESTRO FRÁGIL TRANSITAR Y GIRAR

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  Cada paso que das. Cada paso que alguna vez diste, va formando la persona que eres. Hasta la que serás, pues todavía tienes muchos que te quedan por dar. Y no siempre serán buenos, y menos aún agradables. Son las experiencias. Las escenas que nos hacen crecer o pueden parecernos un lastre. Las que nos cautivan en el trasegar del mundo. En su frágil girar. Pues, aunque cambia con el paso del tiempo, en sus formas sigue siendo él con sus claros, y también sus sombras. Algo que también sucede con nosotros, pues somos de él una parte entre todas las que lo conforman.  Aunque no lo percibamos, aunque no nos veamos parte. Los trazos que pintas... los trazos que alguna vez pintaste también forman la persona que eres. Aunque las pinturas no plasmen lo de alrededor... sino tus fantasías.

Al despertar en la habitación del risco

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- Toma, bebe. Hará que recuperes las fuerzas. Le ofreció un cuenco de cerámica cuya superficie estaba ligeramente quebrada. En su interior, un liquido caliente expelía vaho. Además de soltar un dulce y agradable olor. Titubeante mientras estaba tumbado en la cama, lo agarró llevándoselo a la boca. "¿Qué es?", quiso saber. - Un tónico especial - reveló la mujer -. Es vino mezclado con miel y sangre de cordero. Y unas especias secretas de las que mi mentora me habló. Es una pequeña parte de un legado que ha traspasado generaciones. Dudó en tomarlo. El motivo no eran sus ingredientes, sino el no saber de las costumbres de aquellas gentes. Pero le eran familiares. Era como si antes hubiera estado entre ellas. O en su compañía. Pero de lo que estaba seguro era en no romper lo que dedujo serían unas normas de hospitalidad. Así que... dio un sorbo al brebaje. - ¿Cómo se llamaba ella? Tu mentora... La fémina lo observó mientras lo analizaba al dedillo. Aunque no había maldad en sus m...