Una pintura con historia
Observó el cuadro. Era grotesco. Visceral. La fealdad y lo nauseabundo dibujaban cada esquina. Cada rincón. Cada diminuto punto de su tela. No lo comprendía. ¿Cómo era posible que estuviera expuesto? ¿Qué era lo que hacía que la gente estuviera atraída por él? - Sé lo que piensas - escuchó decir justo a su lado a una voz familiar -. Pero cuenta la leyenda que en otro tiempo fue hermoso. Brillante y lleno de colores. La necesidad hizo que terminara tal y como está. Y, desde nuestra perspectiva, su creador tuvo un trágico final. Silencio. Meditaba sobre las palabras escuchadas. "Bien, entonces... ¿cuál es esa historia? Y viniendo de ti, el Martos de lo lúgubre, nada bueno puede ser". Su acompañante sonrió. Incluso soltó una ligera, y cínica, risita. - Vale, aunque has de saber que te la contaré en tercera persona. De la misma manera que lo hicieron conmigo. - Pues... adelante. *** "De la pintura salía un olor nauseabundo. En ella podía distinguirse los rastros del pus que ...