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Las raíces de un maquiavélico, y meticuloso, complot

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Mina estaba apoyada sobre la pared observabando el paisaje a través de la ventana del castillo. Lo hacía de brazos cruzados dándole la espalda al Conde. Y el nerviosismo que este sentía iba incrementándose por momentos. Quiso acercarse y consolarla, pero su intuición le alertaba sobre la inutilidad de la acción. Lo único que lograría sería complicar aún más la cosas. - Sé que me dijiste que sería complicado acostumbrarme a esta nueva forma de ver el mundo. Me resulta más hermoso, pero al mismo tiempo parece completamente artificial. Sus tonalidades son frías y secas. No tienen nada de calor. Al decirlo no delataba rencor. Pero sí rabia. Una cólera que trasmitía la impotencia que sentía. "Así es. Y que, por mucho que tratara de explicártelo, no llegarías a hacerte una idea", expresó el Conde. "Que hasta no calzarte unas vistas similares a los que poseo no lo comprenderías, y que, aun así, te llevaría más tiempo de lo que supondrías". Esto último lo expresó con una vo...

"SERÉ TU NUEVO AMO"...

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"Yo soy tu nuevo Dios", le dijo sonriente a la par que mimaba su rostro con caricias llenas de calor y satisfacción a punto de eclosionar. "Al fin seremos un uno", comentó prometiéndole la verdadera figura de la felicidad. Y las verdaderas formas de cada mañana mientras estuviera con él al no haber otro sentido.  "Seré tu nuevo amo", comentó riéndose  ante la sensación del éxito sentido después de tanto tiempo pretendiendo que a su vera hubiera de estar.  Y ahora que lo tenía atado sobre aquella vieja silla de madera sabía que lo que dijo la psicóloga fue un fingido diagnóstico con la intención de frenarlo en su búsqueda de construir su calma con lo que más había deseado en su vida  imbuida por lo secano.  * Nota: este poema está inspirado en algún que otro post habido en « X ».

Una reunión de sordos

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El portazo fue tremendo. Incluso quedó temblando el portalón a pesar de su inmenso tamaño. Y en medio de todo ello, en su interior estaban debatiéndose la rabia y amargura por tener la impresión de haber condenado a un hombre inocente. Por ponerle en el lugar de alguien que merecía un fuerte castigo por sus crímenes. Ello sabiendo que con ese acto propició la tranquilidad de la cúpula de los religiosos judíos. Además de que volviera a reinar la paz en aquel paraje tan alejado de Roma. ¿Pero qué precio habrían de pagar? Entró en las estancias que disponía por ser el Prefecto de Judea. Lo hizo rápido. Dejándose llevar por los sentimientos que lo apresaban. De esa forma, iría cruzando los pasillos hasta alcanzar su despacho. Una vez dentro, y sintiendo cómo le temblaban las manos, trató de ponerse un vino que lo relajara. Vertió en él un poco de agua que rebajara su dureza. Lo bebió de trago. Inmediatamente, pudo sentir sus efectos. La manera en que su cuerpo terminaba ablandándose a la p...

LO CURIOSO EN ÉL (O ELLA)

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  "Que no te rías", le dijeron. Lo curioso es que no reía sus chistes. Aunque el bufón fuera de la corte de aquel reino. "Que no sonrías", le ordenaron. Lo raro es que no le era agradable. Aunque la más bella fuera de aquel territorio. Pero cuando estaba solo sonreía desde la risa. Aunque fuera en la intimidad o la multitud fuera el jolgorio que pintara los paisajes. Y solía ser por millares sin poder describir el número haciéndole ser lo que era: la vasta persona al ser de su propia expresión.    

EL TRÉBOL QUE GUARDABA UNA BRÚJULA

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  Con el trébol de cuatro hojas en su mano negaba la misma suerte mientras tenía aquel rato de los perfectos sin disponer de la casualidad. Encerró sus recuerdos en su piel haciendo que al atardecer florecieran. Al trébol pasó las flores con tal de que les sirviera de morada en caso de que llegarán los fríos. Con esto la risa fue motivo  suficiente con tal de que continuara negando la misma suerte.  En aquel gesto había todavía mucho más que unos designios y directrices. Con el trébol cuyas hojas eran cuatro sintió el calor de parajes al notar que los tonos eran encanto sin traslucir en lo superficial. El trébol tenía cuatro hojas, pero podía haber tenido más (o menos). Le hubiera dado el mismo significado: no contendría nada de la suerte, tendría del corazón y la mente. Las hojas disponían de alma, él mismo hizo que tuvieran su sentido. Aunque no tuvieran nada de místico: disponían del caminar errante y brújula señalando el norte. 

SIN TOMARLO POR LEY

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Sota, caballo, rey,... la mesa con el tapete siendo sinónimo de la vida en las fructíferas tardes. Quizás con el humo del tabaco al inundar el ambiente, o sin presente estar. Quizás con el sabor de los tragos; con el alcohol siendo parte o sin ser de forma. Sin tomarlo por ley... que disponer de matices hace que la vida no sea plana y menos aún dirigible.  Aunque pueda parecer un juego: sota, caballo, rey... Sin el valor de lo previsible y menos aún buscando la fama después de imponerse en la partida. Aunque pueda resultar un mundo: sota, caballo, rey... Con lo percibido por la mente y el corazón en cada palpitar  cuando la sangre cruza las venas. 

DONDE SON JUNTADOS CIELOS Y BOSQUES

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  Tras los límites de las montañas están guardados los horizontes en los que contemplar los eclipses con su trasegar a través de los cielos. Y cada bosque resguarda las almas de los sueños que las dan de beber desde tazas con la savia dulce que corre por el interior de los troncos. Suelen juntarse los bosques y los cielos en los lugares donde la lluvia con lo árido no combate. No son contraparte al tener el mismo cuerpo. Aunque no son de lo mismo  al ser diferentes.  Son el fulgor en la noche sin que tenga que caminar el día al haberse vuelto los dos en un todo. Son sus límites las agrias horas con su gastar en los clareceres mientras estos pulen las canciones por las cuales dibujan el firmamento.