LA MÚSICA QUE LOS ACOMPAÑÓ
No residieron cenizas. Quedaron las flores de lo que una vez fue. La música que los acompañó fue volviéndose la puerta que daba la bienvenida al compás de las notas nacientes. Unas con cuerpos de los recuerdos sin importarles las horas por cada una de las risas que dieron en vestir horizontes. No quedaron las pavesas. Fueron los colores brillando en los mares. Y cada despertar disponía de calor aunque los inviernos resultasen fríos en los momentos que renace el día portando el traje de nieve. Y cada dormitar guardaba los fuegos que nunca llegaron a extinguirse al quedar sus semillas latentes por la fertilidad del presente.