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Su descubrir de la normalidad estando en el parque

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Nada más atravesar el puente, lo atisbó sentado en uno de los bancos del parque. Parecía llevar una gabardina. Y una gorra que, desde la distancia, no dejaba distinguir parte de su rostro. Pero lo reconoció por su increíble envergadura. A pesar de haber dejado de ser una gárgola hace una semana... sus dimensiones seguían siendo descomunales. Y que estuviera bebiendo un café no le sorprendió. De hecho, era un ferviente consumidor de él. Lo que le extrañó fue que lo acompañara de un pequeño puro. Era como si estuviera celebrando su recién adquirida naturaleza. El hecho de ser un ser humano y poder caminar entre ellos siendo una persona normal. Entonces, mientras avanzaba hacia su compañía, imaginó lo duro que podría estar suponiéndole toda aquella situación. Aunque la hubiera deseado durante muchísimo tiempo. Según decía, no le importaba transformarse en piedra durante el día. Lo que le amedrentaba eran las miradas de la gente al verlo. El miedo que sentían estando delante de él. Y eso e...

La tragicomedia de un estrambótico amanecer

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21/XI/2019 Estacionó el coche en línea entre otros dos justo delante de su portal. Llovía a mares y estaba fumando un cigarro. La ventanilla entreabierta dejaba salir el humo mientras se recostaba un poco en el asiento y miraba el movimiento de los limpiaparabrisas despejando el agua. Tanto su velocidad, que en esos momentos era pausada, como la forma en la que el agua se deslizaba por el cristal resultaban relajantes. Parecía que la intensidad de la lluvia no iba a cesar, por lo que tiró la colilla por la ventana y decidió apagar el motor. El interior del vehículo estaba caliente, pero a pesar de ello optó por abandonarlo. Aunque volvió a encenderlo para subir y cerrar la ventanilla. Al salir, lo cerró apretando el botón del mando de las llaves. Cruzó la calle corriendo dirigiéndose al bar. Paró en la entrada; esta estaba protegida del agua porque la orientación de la entrada daba al fondo. Se sacudió un poco la ropa mojada. Empujó una de las dos puertas que daban la acceso al local,...

LA CONDICIÓN DEL SILENCIOSO TESTIGO

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  Cantó y lloró las palabras que a la risa no le dijo. Y menos a la locura que alguna vez tuvo que abrazarle. Conversó muchas veces con el silencio desde la plenitud de las horas estando presente la locura en condición de silencioso testigo. Soñaba con las tardes al amanecer mientras un café tomaba sin ir enfriándose por el calor. Entonces, quizás a pleno pulmón, una canción entonaba  sin su letra llegar a comprender. Cantó y lloró cada nota que a la brisa no le ofreció. Y también a la locura que tuvo la osadía de escucharle.

AL DARSE EL CASO DE QUE SUCEDIERA

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  Las formas de pensar diferentes fueron vueltas en las magias negras que daban cuerpo a los chivos expiatorios. Resultaba fácil, más sencillo, encontrar un responsable que buscar las causas de lo que condujo consigo el Caos. Señalados fueron los foráneos, y algunos locales también, con tal de preservar el sistema que condujo a todo. Afirmaban estar basándose en hechos omitiendo que su forma de actuar fue lo que dio lugar a los males. Fueron vistiendo de esta manera la oscuridad al darle a la luz sagrada un cuerpo. Una tela con vez de envoltorio en la que desde sus límites nada saliera. Y cuando se diera el caso de que sucediera sólo habrían de mirar a otro lado. Tal como si no fuese con ellos lo que forjaron a modo de tragedia griega. 

LO FORASTERO EN LOS RECUERDOS

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  Le duele ver llorar al espejo. Lo ve desnudo estando vestido con un traje de etiqueta y los mocasines de las fechas especiales. Tiene delante un desconocido. Hasta teniendo sus mismos rasgos y cada marca de la edad que fueron dibujando cada poro de su piel. Incluso percibe un olor que le resulta tan común mientras le es ajeno lo que expresa. Le son forasteros los recuerdos. Le resultan raros y anónimos a pesar de que sus auras tienen algo que podrían ser cercanos y reales.  Y respecto a sus marcos dorados le parecen cantos de sirena: estima que debería echar cera a lo que son los oídos de los dos. Y no es que tenga algo en contra de ellas; le parece que es el sumun de lo que siempre rechazó.  Será que no resuelve el reflejo. Desea poder ojearlo desnudo en su don de lo natural y sin el decorado del plástico al ser flores.

El mundo aguardando el abrir de sus puertas

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El muro estaba levantado hasta la inmensidad. Debía tener un límite, pero no alcanzaba a verlo. En su lugar, parecía unirse al firmamento creando una extraña sensación de unidad. Y esta daba lugar a una asfixia que nunca antes había sentido. A una claustrofobia que le hizo doblar sus rodillas quedándose postrado sobre el suelo mientras jadeaba y trataba de coger aire. La sed lo invadía. Llevaba día y medio surcando las aguas en la pequeña embarcación. Bajo el Sol abrasador del cual se protegía mediante una pequeña tela que servía a modo de sombrilla. Aun así, su piel estaba quemada. Y sus labios completamente resecos por la deshidratación. "Tranquilo, puedes beber. Es agua potable. Hace mucho rato que dejaste atrás el límite de la salada que protege este lugar", oyó que le decía una voz. Trató de localizar su origen. Pero no vio a nadie. "Respira, bebe. Después pasarás una puerta y podremos encontrarnos", dijeron. "Pero hazlo despacio, no vaya a ser que te de u...

EL HILO, EL OVILLO, EL FRUTO Y LA PLANTA

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  Al ir los hilos tomando forma van desprendiéndose de su cuerpo con tal de forjar otro presente: el recipiente que resguardará lo que fue primero con tal de ser punto  del que partir lo siguiente. Ello porque su condición continúa siendo la misma. Será entonces que sus formas no reciben ningún cambio.  Van amoldándose a la estructura que les da cobijo dándole a su núcleo una coraza que envuelve; y del ovillo que resultó ser queda su misma esencia en el fruto que habrá de convertirse en la planta.