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MÁS ALLÁ DEL CAMINANTE AL QUE SU CAMINO QUIEREN ENCAUZAR

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  Lo desgastaron. Lo llegaron a usar tantas veces que terminó en la frontera del olvido. "Caminante,  no hay camino,  se hace camino al andar". Y si, por lo que sea, es recordado, es diferente la raíz que le fuera concedida. "Caminante,  no hay camino,  se hace camino al andar". Lo tiñen, lo pintan de lo trémulo al momento de pretender cuestionar qué fue dicho sin ser escuchado. "Caminante,  no hay camino,  se hace camino al andar". Porque es diferente el oír... el acto no tiene núcleo. "Caminante,  no hay camino,  se hace camino al andar". Es parecido al vivir... sin poder sentir el calor. "Caminante,  no hay camino,  se hace camino al andar". Y menos la manta  que en los inviernos  vierte cobijo y protege  las ranuras más diminutas de los cuerpos. "Caminante,  no hay camino,  se hace camino al andar". Y no nos referimos al verso...  sino al traje  que le fue otorgado por la patria. "Caminante,...

EL "ATREZZO", MÁS BIEN

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  Las cartulinas. De papel o no. El "atrezzo", más bien, en las ciudades junto a sus muros y lo poco verde que sea del vivo natural. Porque los vinos, y las cervecitas, dicen que no son los de antes. Tampoco sus habitantes. Hasta los saludos, y las despedidas,  cambiaron en las ciudades fruto de las sociedades. Las de alabanzas. Y los destinos fijados por alguien  que no quiso ver cambiar los tiempos. Por mucho que avancen. O que mutan disimulan. Decorados, maniquís o frías estatuas en sus amarres con los paisajes. El carnet que vuelve ciudadano y la opinión permitida. El arma que atesora el silencio en aquellos que lo imponen en su uso constante y cotidiano dando forma a la censura. Su mayor éxito cosechado: usarla sin ser consciente.  Su objetivo: lograr lo excelente. Moldear. Amasar. Decorar sentimientos.  Y convertir el término de "paz" en una acción del mercado de valores. Una que estará en un peligro constante ante los bombardeos de la alarma. Y si los ene...

SOY LO QUE SERÉ Y LO QUE FUI (43)...

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Me presento: soy el que soy , ni menos, ni más. Yo, mi yo y mi ser. La luz de mi ser al anochecer.  Con mis sombras, miedos y... ¡joder! Y con poco pelo también.  Soy el que soy. Lo que seré y lo que fui en una suma a la que le da por crecer.  En mis buenas y malas también... Y sin ánimo de joder. Soy el que soy por lo que alguna vez vi o hasta soñara sin el acto de dormirme.  Me describo: soy el que soy en las mañanas. Mi yo y mis tardes.  La luz de mi ser en fino papel. Un poco de tinta y las palabras expresándose.  El rato en el que vuela la mente  sin sentir las prisas.

PORQUE CADA VEZ SU SABOR ES DISTINTO

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Va por su camino favorito. En él siempre encuentra un algo con lo que sorprenderse aunque conozca los palmos que tiempo atrás fueron pintándose. Siempre bebe de la misma fuente porque cada vez su sabor es distinto. También cómo acaba saciándose al refrescar su alma. Entonces, respira profundo y suele proseguir sin determinar cuál será el rumbo. Aunque sepa cuál es su Destino, pues este puede discurrir por distintas sendas. Y también descansa. Sobre todo al sentir desfallecer en medio de su liberador cansancio, pues su corazón late más fuerte. Y siempre se siente él mismo, aunque las diatribas hagan que vaya transformándose. Será cosa de evolución, o de disfrutar sin estancarse. 

Ignoró las llamadas de sus rescatistas

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Tras perderse, no cogió el teléfono porque no conocía el número A través de estas líneas no pretendemos realizar ningún ejercicio, o sermón, moralizante. Ni mucho menos. Es algo que no nos corresponde. Además, llevarlo a cabo es una tarea que requiere de un gran esfuerzo físico, e intelectual. Es más, hacia tales fines ya hay sectores sobradamente especializados. Pero si, con este texto, logramos que la reflexión aflore, aunque sea en una única persona, quizás sea una buena señal. Por lo tanto, e introduciéndonos en la materia que nos compete, haremos un pequeño viaje en el tiempo. Será de forma imaginaria y, con tal fin, tendremos que retroceder hasta 2021. En concreto, y habiendo cruzado el charco que separa Europa de América del Norte, nos trasladaremos a las Montañas Rocosas. En esta cordillera que cruza Canadá y los Estados Unidos de América se encuentra el monte Elbert. Con 4401 m de altura, es el más alto del estado de Colorado. Específicamente, eran días en los que con la List...

LA PLUMA QUE DABA ACCESO A LO QUE ESCONDÍA LA PUERTA

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  No le dejó pasar. La puerta, cerrada a cal y canto, era una barricada infranqueable. Su peso la volvía en un duro muro inamovible. Le propuso un trato. Un pacto por el cual llevarle una pluma caída en el invierno. Y debía ser del plumaje de una paloma que bebiese del agua de una fuente. Quedó consternado. No sabía qué fue lo que le sorprendió más. Si el oírla versando o la condición palpable. Tras considerarlo, decidió ir en busca de aquel ave. Fue la curiosidad lo que a buscarla al final le empujó. Optó por caminar hacia un parque. Fue ahí que viera una mientras caía parte de su plumaje.  La cogió, y tras despojarla de la suciedad que le servía de traje, la resguardó en un bolsillo y marchó donde la puerta. Esta cumplió su palabra y, tras aflojar y comenzar a abrirse, le permitió ver un mundo que sus ansias satisfacía.

EL DIABLO Y LAS CULPAS DADAS AL HOMBRE

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  El Diablo lloró ante las desgracias del Hombre mientras Dios ignoraba lo que su Creación padecía. Más allá de los corazones rotos, fue por ver cómo obligaban, o prohibían, (Incluso rompían) los lazos de los que abrazarse fueron buscando. O las risas que bajo los silencios fueron sed en necesidad que clama (Incluso grita) por pozos donde lo natural no es privilegio. El Diablo cargó con las culpas dadas al Hombre porque Dios cosechaba la flor del Himno en sus días. Lloraba. El Diablo lloraba desde la rabia, pero sin rencor. Sí así fuera serían mayores los males. Y Dios estaba ausente. Miraba hacia otro lado mientras se deleitaba con lo que le cantaban. El Diablo fue la gente. La que de Dios se cansó y le dieron la espalda  mientras llorando seguían.  Todas esas lágrimas crearon los mares. Mares de los que gozaron todos,  hasta los que a Dios clamaban.