Una mañana bastante intrascendente...
Intentaba calentarse las manos colocándolas sobre el fuego de la chimenea. También disminuir el dolor originado por el frío tras estar una hora cortando leña en aquella nevada mañana. Y justo al lado del lar del conducto, en una esquinita, el gato medio dormitaba en su canastero bajo un par de mantas. Acudió a saludarle en cuanto le oyó abrir la puerta de casa, pero acto seguido regresó a la protección del bienestar que le otorgaba el rincón que tenía reservado. Entonces, cuando la molestia disminuyó ligeramente a la par que le permitía maniobrar, decidió ponerse un café. Pero antes tenía que prepararlo. Así que cogió la cafetera italiana que guardaba en uno de los armarios de la cocina y desenroscó la parte inferior. Fue al fregadero y, tras abrirlo, dejó que corriera el agua caliente hasta alcanzar la temperatura que deseaba. Y vertió la cantidad necesaria en el recipiente correspondiente. Hasta la altura que marcaba lo requerido. Después, vinieron cuatro cucharadas de postre con el ...