Al despertar en la habitación del risco
- Toma, bebe. Hará que recuperes las fuerzas. Le ofreció un cuenco de cerámica cuya superficie estaba ligeramente quebrada. En su interior, un liquido caliente expelía vaho. Además de soltar un dulce y agradable olor. Titubeante mientras estaba tumbado en la cama, lo agarró llevándoselo a la boca. "¿Qué es?", quiso saber. - Un tónico especial - reveló la mujer -. Es vino mezclado con miel y sangre de cordero. Y unas especias secretas de las que mi mentora me habló. Es una pequeña parte de un legado que ha traspasado generaciones. Dudó en tomarlo. El motivo no eran sus ingredientes, sino el no saber de las costumbres de aquellas gentes. Pero le eran familiares. Era como si antes hubiera estado entre ellas. O en su compañía. Pero de lo que estaba seguro era en no romper lo que dedujo serían unas normas de hospitalidad. Así que... dio un sorbo al brebaje. - ¿Cómo se llamaba ella? Tu mentora... La fémina lo observó mientras lo analizaba al dedillo. Aunque no había maldad en sus m...