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RUGEN LAS VENAS INFLAMADAS

Pus entre las venas. Marchita, corrompida su sangre en las vías de los olvidos de la serenidad. Y la vida bañada en la peste. Las flores que brotan tan frágiles que tumbadas en los campos cubren cada centímetro. Y sin poder alzar cada parte les asfixia el propio peso del dibujo de sus cuerpos. El pus se propaga. Y las venas inflamadas rugen sin poder alzar sus gritos a la fragilidad. Y lo crudo se vuelve corriente. Quizás vulgar, quizás normal, pero sordo a lo ajeno de su vista. Quizás sarna, quizás acné, pero docto en lo que su tacto ignora.  

LA LEYENDA DEL ANÓNIMO

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  Era de vestir en solitario, con prendas que no dejaban verle en medio de la multitud. O de la soledad. Los que de él supieron, y no muchos eran, que no buscaba destacar solían decir. Los que le notaron, en la casualidad, que evitaba lo denso solían esgrimir. Aunque ninguno de ellos alcanzó...  ninguno pudo llegar a saber el motivo de su actitud. O de sus maneras.  Así que quedó de su leyenda una raíz en el misterio. Así que germinó de su fama el aura de lo anónimo. 

Sobre cómo mantenían en secreto su existencia

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- Déjale, y procura no hacer ruido. Si quiere venir ya lo hará por sí mismo. No le fuerces... Tan sorprendido estaba por lo que tenía delante que casi no escuchó cómo su compañero decía eso mismo. "Pero si nos ha visto hace rato", susurró en cuanto la impresión se lo permitió agazapado como estaban en medio de la maleza del bosque. "Pensé que eran un mito, nunca creí que pudiera llegar a ver uno", continuó en voz baja. Enfrente de ellos, podía atisbar la figura de un viejo caballo. Aunque su torso era el de un anciano. Incluso apoyaba su cuerpo sobre un bastón al igual que muchas personas hacen en el tramo final de sus días. - Cerca de aquí, a unos quinientos metros, hay una cueva que va a dar a un valle escondido. Habrá unos 50 centauros. Es una comunidad pequeña, pero lo mejor es que guardemos el secreto. Si la gente se enterara, en menos tiempo del que crees estaría todo lleno de científicos que terminarían secuestrándolos y llevándolos lejos de su hogar. ¿A dónd...

MIENTRAS DICTAN EN TU NOMBRE

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Válgame Dios... Te crearon a modo de Ley y continúas en la misma tesitura. Contemplado... Mientras dictan en tu nombre cada norma que conforma  la sociedad.  Dios, así dicen llamarte en la compañía o soledad. Y por ti derraman sangre fulminando la cualidad de lo más sagrado. De Dios hacen estandarte clamando por el mañana. O los días atemporales más allá de lo terrenal  y lo consagrado.  Y son de Dios los rituales  que mantienen la locura...  ...sin bálsamo en el cual naden los peces  y las almas que no dudan de la gracia.

La reaparición de Frank Grimes

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Cinco fueron los meses. Cinco prácticamente doblando turno en el Badulaque regentado por Apu. Y en todo ese tiempo un reconcome no cesaba de atormentarle. ¿Dónde estaría? ¿Qué fue de él? Pese a ello, los siete años que pasó internado en el psiquiátrico de Springfield casi hicieron que le olvidara. Pero algo había que, irremediablemente, lo llevaba al que, en su momento, consideró artífice de su perdición. Sería que, durante la escasa hora libre de la que disponía, se plantara ante la entrada del Bar de Moe. Desde ahí, mediante lo poco que dejaba atisbar la ventana llena de mierda, lo distinguió. Y eso le partió el corazón. Pese a todo el odio que llegara a sentir en su día... la escena que delante tenía quebró su alma hasta unos confines que ni imaginaba. Por eso titubeó. Dudó en abrir la puerta y traspasarla. Sobre si tenía la necesaria fuerza de voluntad con la que soportar todo aquello. Aun así, lo hizo. Y en miedo de todo aquel aroma a moho putrefacto mezclado con el alcohol que ll...

SI DESPUÉS LA NECESITAN...

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 Es más peligroso vestirse... que disfrazarse. Hasta es más obsceno mostrarse... que recubrirse. Presentarse... ser de tal o cual manera continúa siendo mal visto. "Desaconsejable", en función de los "quién" velan por un mundo casto. Declararse... describirse de tal forma siendo ajeno a lo dictado: es "vituperable". La floritura de los "qué" niega y borra la redención. Pero luego la reclaman si sucede  que después la necesitan.

La excursión que dio por concluida en un baño

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La radio del coche estaba prendida. Pero hacía rato que no la prestaba atención. Incluso estando en marcha el boletín informativo, sus oídos sordos eran ante lo que sobre la mesa ponía. Sólo quería parar. Darse un respiro en aquel viaje del cual no intuía su motivo. Ni por qué en medio de un arrebato agarró las llaves y arrancó sin más propósito que desconectar. Y estando surcando el ancho de la carretera, o el meollo de un páramo perdido de la mano de Dios, vio la señal de un parador. De un restaurante ubicado a dos kilómetros. Por lo menos eso señalaba el rótulo. Trató de acomodarse en el asiento y llegar lo más rápido posible. Ese sería su lugar de descanso. Lo que pasara después... ya lo decidiría mientras comía cualquier cosa. El breve trayecto le resultó eterno. El ansia recorría su cuerpo. Cada minúsculo detalle de él fue ocupado por ella. Hasta el momento en el que notó la salida que lo encaminaba al local. Ahí giró a la derecha incrementándose la sensación de impotencia. La má...