EL ECO DE LA CALMA QUE QUEDÓ MUDO...
Al ser rasgada la calma la tormenta fue tornándose vestido con que los barcos vistiesen. Era gala, floritura y jarana al ser la calma ignorada y borrada de los finos diccionarios ya sin función aparente. Sin su cuerpo característico. Sin internet a modo de cuarto. La tormenta fue la cama por la cual fue volviéndose cotidiano el hecho del apartarse las miradas. Eran neutras (también frías) al carecer de brújulas al estar los ojos dados por lo opaco. No señalaban el norte por olvidarse del magnetismo que suele otorgar significado. Al terminar la tormenta... la calma carecía de la razón al haber sido borrado el horizonte por el cual su presencia solía anunciarse. Y lo que era su eco estaba mudo: no tenía lugar la afonía.