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LA METÁFORA O EL PROFUNDO CREER

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  He llegado a vivir una vida por cada día que he vivido. En ellas, pude pintar paisajes que jamás alcanzaría a contemplar teniendo de herramienta la imaginación. Incluso pude llegar a construir mundos que por ser tan ajenos a lo real hasta eran de la realidad parte. En cada día que he vivido  pude contemplar distintas vidas.  A veces, resultaban ser las mías. En otras, las de otros muchos. Y todas tenían un libro en común, aunque no alcanzaran a conseguirlos leer. Y tantas otras veces, de los días crearon sus bustos de mármol. Estos guardaban los espíritus al ser metáfora o siendo un profundo creer. 

ERAN VERTIENTE DEL ESPÍRITU

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Las rimas de otoño llegaron cuando la primavera estaba a puntito de caminar. Lo hicieron sin pretensiones, pero llenas de emociones. Vivieron en folios, y también a través de pantallas de lo que llaman la tecnología.  Pero tenían las comunes pautas de las emociones. A veces podían llegar a ser del dolor,  pero también de las rabias y la pasión. Eran vertiente del espíritu, de las partes más nobles del alma que conformaban un ser completo. Con sus buenos y malos momentos, también con sus ratos de ira y de la paz más completa ante su necesidad de estar ausente. Eran los sentir de un ser complejo, de una alma nada perfecta porque nuestras circunstancias hacen que ninguna sea de tal carácter. Al igual que le sucede al mundo a través de todas las figuras que le van confiriendo su ímpetu.  A veces alcanzando a ser del Caos, otras de las calmas y el sosiego. 

UNA FORTALEZA SIN TENER QUE RESISTIR ASEDIOS

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  Bendecidos los días de su infancia (donde nuestro mayor miedo es nuestra sombra pegada a los pies), recordó el sabor que el Sol disponía. No había lugar hacia la malicia (no cabía en su diccionario, ni nada que se le pareciese), por lo que rememoró la vida. Y esta no es que fuera pura. Simplemente, no tenía residuos con los que habría de contaminarse. Menos algo que lo detuviese, o que resultara los estorbos que suelen tomar su forma. Resultaron ser fortaleza sin tener que resistir asedios: fueron frescura por ser afluente.

La conversación sentados en el banco

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Con un gesto de su mano lo invitó a sentarse. Era un trozo viejo de madera sobre dos rocas haciendo las veces de banco. La seña lo sorprendió, pues estaba de espaldas a él. No le podía haber visto llegar, por lo que dedujo que habría percibido el sonido que creaba cada paso que daba al ir acercándose. Ante esto, aceptó la oferta y se colocó encima del pedazo de leño. Los hombros de ambos quedaron casi a la par. - ¿Sabes? Lo único que me pesa del paso de los años es este dolor que siento en las manos. A veces parece como si dentro de ellas circulara arena en vez de sangre. Cuando dijo esto a modo de bienvenida, el visitante observó el semblante de su antiguo maestro. A sus 70 años, tenía el rostro completamente envejecido. Gastado por las horas bajo el Sol, su oscura tonalidad hacía todavía más palpable los surcos de las marcas de la vejez. Aún así, al momento de verle sonreír, notó que sus afables características seguían presentes. "¿Y ahora cómo te ganas la vida?", quiso sab...

LAS CANCIONES CON LAS QUE PUDO LIBERARSE

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  Convirtió sus poemas en canciones. No todas, pero sí muchas otorgándoles melodías. Y por ello puso empeño, y también mucho cariño. Tenía por costumbre hacerlo por la noche, aunque también durante el día en función de su corazón. No lo hizo por obligación, más bien fue la necesidad de aflorar el sentir de sus sensaciones. Volvió sus sentidos en pasiones. No todos, pero sí todas de cada cual que florecía. No sería por compartirlo, aunque sí por expresarlo. Con ello aprendió a componer, quizás un nuevo lenguaje. Un nuevo método con el que poder alcanzar su propio corazón y lo que en su alma solía esconderse. Hasta soñar pudo con los días que venir habrían sin pesarle el tiempo o lo que en los futuros se esconden.  Con ello aprendió a sentirse, hasta alcanzó a liberarse. 

AL PERCIBIR LO DE LO MÁS PLENO

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  Liviano. Ligero. Igual que la pluma surcando los cielos al soplar la brisa en el horizonte. Y estos los abraza embriagado por el candor en su rezumar cuando al Sol sale al amanecer. Y los atesora sin sentir los calendarios en su sino al ser candado donde clausurarles.   Al sentirse carente de peso, al percibir lo de lo más pleno, sería que sintió su propio cuerpo.

LAS PIEDRAS TALLADAS

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Tenía un par de piedras en su mano. De las que "cantos" les llaman. En ellas grabó dos nombres; eran de gentes que no conoció. Ni siquiera con las que se cruzó. Deseaba aspirar a su recuerdo. A que fueran la memoria que guarda las imágenes. En el fondo, conocerles pudo al formar parte de su camino. En otras tantas hizo lo mismo con los variados paisajes que pudo llegar a ver en fotografías. En ellas sus nombres grabó. Y sus parajes los soñó. En ellas buscaría hacer presentes los días en que caminar soñase bajo el fulgor del mismísimo Sol.