Un columpio, la hierba y el jarrón quebrado
Siete años después de caerse el jarrón todavía podía escuchar su sonido al quebrarse. Sucedió minutos antes de que dejaran la casa y, desde entonces, exceptuando la persona que una vez a la semana iba a limpiarla, nadie había regresado. "No sé cuándo volveré, lo que quiero es recordar cada detalle cuando lo haga", contestó al momento de preguntarle el porqué de que no quisiera que lo recogieran. Y ahí estaba. Igual que lo dejó. En frente de la chimenea que el asistente encendió horas antes de que llegara. Tal y como le pidió pretendiendo que el edificio estuviera caliente. Sus restos no brillaban al estar cubiertos de polvo ya que prohibió que lo quitaran. Cerró los ojos y escuchó la suave música que antaño presidía cada rincón. Sin motivo aparente, se agachó y agarró uno de los pedazos. Si apretaba un poco podría cortarse. Lo dejó de nuevo con la misma delicadeza. Y avivó el fuego. Entonces sintió las voces que antaño la vestían, y abrigaban. Las risas. Los susurros. Alguna ...