INCLUSO DE LO QUE CABIDA NO TUVO
En el pasar de los años, y con su transcurrir, suele darse un curioso fenómeno: que podemos seguir pensado lo mismo de algo, aunque sean distintas las formas que nos hacen llegar hasta ello. Será cosa de la vida (incluso de lo que cabida no tuvo), pero también puede cambiar lo que alguna vez a pensar alcanzamos. Hasta pueden quedarse igual cada mecanismo que nos conduce a ello mientras da por derivada unos resultados del todo distintos. Serán cosas de los años cuando su proseguir se presiente más allá del calendario: no son fríos maniquís en las paredes colgados viendo su retirar; son llamas que iluminan el camino.