El primer paso tras el fin del viaje
Después de tanto tiempo viajando, al fin podía estar en un baño en condiciones. No era que no le gustara la naturaleza, pero en ese instante hacer sus necesidades en un sitio cómodo era lo que más anhelaba. Así que, una vez dentro de la estancia, abrió la ventana y comenzó a soltar todo el lastre que cargaba. Sin prisa y con determinación hasta sentirse igual de ligero que una pluma. Al terminar, y nada más higienizar sus partes íntimas, accionó la cisterna. Aquel cúmulo de anécdotas desapareció muy despacio dejando una profunda marca en la pared del inodoro. Ante esto, la activó de nuevo y pasó la escobilla buscando dejarlo impoluto. Al realizarlo, contempló el paisaje que la ventana le ofrecía. Aspiró la fragancia que del exterior provenía y con fuerza dio brío al ambientador para lavarse a continuación las manos con agua y jabón. También el rostro. Nada más finalizar la maniobra, dejó atrás el habitáculo con tal de dirigirse al salón. Sentado en un sillón estaba su anfitrión. Llevab...