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Ignoró las llamadas de sus rescatistas

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Tras perderse, no cogió el teléfono porque no conocía el número A través de estas líneas no pretendemos realizar ningún ejercicio, o sermón, moralizante. Ni mucho menos. Es algo que no nos corresponde. Además, llevarlo a cabo es una tarea que requiere de un gran esfuerzo físico, e intelectual. Es más, hacia tales fines ya hay sectores sobradamente especializados. Pero si, con este texto, logramos que la reflexión aflore, aunque sea en una única persona, quizás sea una buena señal. Por lo tanto, e introduciéndonos en la materia que nos compete, haremos un pequeño viaje en el tiempo. Será de forma imaginaria y, con tal fin, tendremos que retroceder hasta 2021. En concreto, y habiendo cruzado el charco que separa Europa de América del Norte, nos trasladaremos a las Montañas Rocosas. En esta cordillera que cruza Canadá y los Estados Unidos de América se encuentra el monte Elbert. Con 4401 m de altura, es el más alto del estado de Colorado. Específicamente, eran días en los que con la List...

LA PLUMA QUE DABA ACCESO A LO QUE ESCONDÍA LA PUERTA

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  No le dejó pasar. La puerta, cerrada a cal y canto, era una barricada infranqueable. Su peso la volvía en un duro muro inamovible. Le propuso un trato. Un pacto por el cual llevarle una pluma caída en el invierno. Y debía ser del plumaje de una paloma que bebiese del agua de una fuente. Quedó consternado. No sabía qué fue lo que le sorprendió más. Si el oírla versando o la condición palpable. Tras considerarlo, decidió ir en busca de aquel ave. Fue la curiosidad lo que a buscarla al final le empujó. Optó por caminar hacia un parque. Fue ahí que viera una mientras caía parte de su plumaje.  La cogió, y tras despojarla de la suciedad que le servía de traje, la resguardó en un bolsillo y marchó donde la puerta. Esta cumplió su palabra y, tras aflojar y comenzar a abrirse, le permitió ver un mundo que sus ansias satisfacía.

EL DIABLO Y LAS CULPAS DADAS AL HOMBRE

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  El Diablo lloró ante las desgracias del Hombre mientras Dios ignoraba lo que su Creación padecía. Más allá de los corazones rotos, fue por ver cómo obligaban, o prohibían, (Incluso rompían) los lazos de los que abrazarse fueron buscando. O las risas que bajo los silencios fueron sed en necesidad que clama (Incluso grita) por pozos donde lo natural no es privilegio. El Diablo cargó con las culpas dadas al Hombre porque Dios cosechaba la flor del Himno en sus días. Lloraba. El Diablo lloraba desde la rabia, pero sin rencor. Sí así fuera serían mayores los males. Y Dios estaba ausente. Miraba hacia otro lado mientras se deleitaba con lo que le cantaban. El Diablo fue la gente. La que de Dios se cansó y le dieron la espalda  mientras llorando seguían.  Todas esas lágrimas crearon los mares. Mares de los que gozaron todos,  hasta los que a Dios clamaban.

LA TIERRA FUE POLVO EN LA INMENSIDAD

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  Cuentan que los días son de veinticuatro horas. También que, en tiempos antiguos, las jornadas solían ser menores. Que aumentarán con el pasar de las eras. Y suelen comentar que la Luna se nos aleja despacio. Y, aunque de ello no nos demos cuenta, aseguran que no es rencor lo que en esa tesitura siente. A veces también hablan de Pangea, lo que sería toda la unión de los continentes que nos cantan. Así que su separación no fue por no poder soportarse.  Y que la Tierra fue polvo en inmensidad. De dar vueltas en torno al Sol... con inmenso calor fue creándose mientras los asteroides dejaron agua.  Y dentro de la espesura del espacio, en toda su colosal magnitud, también atajos podría haber. Pero son suposiciones. Bellas conjeturas en un alud siendo el abono al imaginario.

EL VERDE, Y COLORIDO, PAISAJE DIBUJADO CON ESPLENDOR

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  Andando, como quien no quiere la cosa, un columpio emergió entre las sombras de los árboles con el frescor que emanaba entre sus ramas. Danzaba con su característico bamboleo. Quizás sin preocupación alguna, pero lo realizaba sobre las flores que crecían en ese jardín siendo del todo ajenas a lo que su alrededor tenía lugar en aquel océano verde. De repente, y sin más, activaron el aspersor. El lugar fue bañado con agua pretendiendo que pudiera refrescarse bajo el candor del arcoiris mientras dibujaba aquel lugar con el esplendor de las brisas al ir sumergiéndose en él. Sacaron los animales sus cabezas sin padecer miedo. Su regocijo les fue ferviente. Disfrutaron de una sonora algarabía. Ante la escena, el columpio sonrió. Y bailó con total desinterés. Tal y como nunca antes lo hiciera jamás. Y el que ahí fue como quien no quiere la cosa lo disfrutó sin podérselo creer. Y fue que por siempre lo recordó.

EL PORQUÉ DE QUE LA OLA PINTASE CUADROS

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  Quiso saber si la ola estuvo en otros lugares. Si en otras costas rompió. Le contestó que no, pues no le correspondía. Pero que otras contaban lo que les contaron aquellas que otras vieron. Entonces quiso saber si no le gustaría verlas. Contestó que podría ser, que bastaba con soñarlas. Que pintaba cuadros con las que imaginaba. Al final, estos les servían a modo de foco con el que ser alumbrados. Que con tales conseguían  disfrutar de otros parajes.  Y descubrir el mundo. 

¿UNA CRIATURA SIN NOMBRE?

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  Verde. El color de su sangre era igual que la tierra que la vio nacer. Azul.  El tono de sus pieles era igual que los mares que no vio crecer. Marrón.  En sus ojos renace  la flor que transforma los desiertos  verdes.  Rojo. Sus cabellos disponen de la fortaleza de cuando el león  ruge. Mística. Real. Pero sin nombre. Dicen que camina por el día. También que nadie la ha visto. Menos quien la haya nombrado. Leyenda. Ficción. Y con porte. Comentan que tal vez no exista, que no tienen su recuerdo. Y que de ella nadie escuchó.