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UN DOGMA DE FE

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  Levantaron templos a los dioses que dieron en imaginar al que fue el más alto: el "Chantaje". Y siendo invento del "Hombre" tenía la cualidad del nombre en el acto. Uno contagiado a las fantasías y los planos terrenales. A lo común y lo estrafalario. Al campo de las acciones. Era presente durante los días... y los que llegarían también. Y dominó el panteón dibujado por el cual honraban la fe.   Y siendo dictado... su palabra latía en los textos venerables.  Era lapidario. Brutal al ser el más furibundo dogma desde lo sagrado... y perenne.

SIGUIERON LLAMÁNDOLE EL "CAÍDO"

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  Le llamaban "Caído" mientras eran "Beatos" de unas normas que rara vez tuvieron en alterarse.  Y cuando fueron cambiadas siguió teniendo el mismo título. Vio los cambios en las sociedades. Una vez, y otra vez, contempló el sucumbir ante los mismos defectos. Las vio atesorar los mismos clichés. Igual no querían ver, pero habrían de sufrir siempre los mismos estragos mientras seguían llamándole el "Caído" que portaba las tragedias.  Y por cada ocasión en la que dijese que en ello no tenía que ver nada fue mayor el trofeo. 

SIN SER UNA BARRERA FÍSICA

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  Dibujó las fronteras con su corazón. Eran frías, como fuentes sin agua ni capacidad de dar de beber al momento de buscar luz. Y cuando la gente pasaba a su lado... encontraban siempre una barrera ante la cual debían inclinarse en una pleitesía común. Además, y sin ser una barrera física, tenía cuerpo de un enorme muro decorado con la mugre. Nadie tuvo la valentía de saltarlo; tenían miedo de ensuciarse. Ni la curiosidad por ver lo que pudieran topar al otro lado. Mientras, él estaba alegre en el comprobar que su diseño  conseguía frenar las ilusiones y esperanzas.  Fue así que terminó poseyendo el calor. Y de las aguas... todas sus gotas dejaron de ser fuego calmante al volverse una gruesa cruz.

LA MÚSICA QUE LOS ACOMPAÑÓ

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  No residieron cenizas. Quedaron las flores de lo que una vez fue. La música que los acompañó fue volviéndose la puerta que daba la bienvenida al compás de las notas nacientes. Unas con cuerpos de los recuerdos sin importarles las horas por cada una de las risas que dieron en vestir horizontes. No quedaron las pavesas. Fueron los colores brillando en los mares. Y cada despertar disponía de calor aunque los inviernos resultasen fríos en los momentos que renace el día portando el traje de nieve. Y cada dormitar guardaba los fuegos que nunca llegaron a extinguirse al quedar sus semillas latentes por la fertilidad del presente. 

Un pequeño paso... o un trámite crucial

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Contemplaba atónito el cuerpo colocado sobre la camilla. La forma en que los sanitarios trataban de que recuperara los signos vitales en una frenética maniobra de urgencia. Lo reconocía. Era el suyo propio. Pero no sentía ninguna de las acciones. Flotaba. Como si estuviera despegado completamente de él. "¿Y ahora qué?", le preguntó a la traslucida figura humana que lo acompañaba desde hacía un par de minutos. - Tendrás que esperar un momento y todo habrá acabado - contestó -. Después, llegará la elección. - ¿Elección? ¿Qué es lo que tengo que elegir? - Pues entre comenzar una nueva vida o ser el guía de aquellos que abandonen la existencia terrenal. Son las dos opciones que te han otorgado por llevar una vida sin actuar mediante el egoísmo. - ¿Te refieres a reencarnarme? - Sí, pero no lo llamamos así. - ¿Cómo entonces? - Te lo dirán a su debido momento. - ¿Y lo otro? No comprendo lo que me estás tratando de decir. - Pues que pasarás a ocupar una misma posición que ocupo yo. A...

Un breve descanso antes de reanudar la búsqueda

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Su silencio era profundo. Meditativo mientras no apartaba la mirada de la hoguera que en la noche les otorgaba luz y calor. Además, la pesadumbre hizo acto de presencia en su rostro. El primero en apreciarlo fue Legolas, pero, fiel a su costumbre, no dijo nada. Esperó a que el heredero al trono de Gondor hablara sobre lo que le rondaba por la cabeza. Aunque no lo hizo. Continuó sumergido en sus pensamientos pareciendo ajeno a todo lo que les rodeaba. Todavía sin percatarse de lo taciturno de su semblante, Gimli decidió azuzar el fuego. Para ello, recurrió al mismo mango de su poderosa hacha. Y mientras lo hacía estando sentado, dirigió su mirada a las estrellas. Brillaban con un resplandor fuera de lo común. "No tengo muy claro si es un presagio de buenas nuevas o, por el contrario, es su último destello antes del desastre". Sus compañeros nada comentaron al respecto. Aragorn siguió en la misma tesitura. Legolas emitió una extraña sonrisa. "Puede que tengas razón en amba...

EL RELOJ DE PARED MANIATADO POR UNAS CUERDAS

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  Las cuerdas ataban las horas del reloj. No las dejaban avanzar; las frenaban en un paréntesis que parecía no disponer de lo que llaman el cierre. A los minutos les dominaba el pesar en todos sus sentidos sin la fuerza con la que aflorar en su piel. Y la pared que guardaba el reloj fue cambiando sus colores hasta que no fueron percibidos dejando paso a la melancolía. Una que no disponía de cuerpo ni algo que fuera latente al ser inexistentes los tiempos  y los rincones dados en los días. Días en los que la luz no brillaba en su ser al estar sus tonos comprimidos  en una basta singularidad.  Una que habría de disfrutar su colapso. De él floreció la esperanza; y tras un breve rato de éxtasis la calma tuvo presente  con lo pasado y lo por ver.