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"Bad Apples" y lo podrido en la sociedad

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El segundo largometraje de Jonatan Etzler pule una catástrofe a través del humor filmaffinity.com Matar al perro con tal de acabar con la rabia. O buscar un chivo expiatorio pretendiendo eludir las culpas de la sociedad. Estas dos moralejas podrían llegar a extraer tras visionar "Bad Apples" de Jonatan Etzler (1988). Y es que bajo la apariencia de una, por momentos, histriónica comedia negra, el sueco nos invita a reflexionar sobre el naufragio de la civilización occidental recurriendo al sistema educativo a modo de metáfora. Es decir, el mismo pilar en el que está cimentada. Ante esto, el director nos presenta a María (Saoirse Ronan), una joven profesora frustrada ante el atasco que atraviesa en su vida. A ello se le añade la impotencia padecida en el trabajo, pues se siente frenada por la burocracia escolar y el tener que lidiar con Danny (Eddie Waller), un alumno mucho más que conflictivo. Debido a la imposibilidad de aplacarlo, y viendo cómo afecta al progreso del resto d...

La liturgia tras el punto final

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- ¿Por qué escribes? - Me hace sentir libre. En ello siento la libertad. *** Tras plasmar esto sobre el papel, lo sacó de la máquina de escribir acercándolo a su nariz impregnándose de la tinta pretendiendo atesorar el momento en su memoria. Después de dos meses, y más de un año de documentación, finalmente logró concluir el libro. También suspiró mientras se reclinaba en la silla del escritorio a la par que sonreía de oreja a oreja. Estaba satisfecho, pero aún le quedaba corregir el texto. Pero eso vendría más adelante. Después. Su intención era dejarlo reposar una semana. De esa forma, al comenzar a macerarse en su interior, le sería más sencillo. Y fluido. Aunque, por ahora, lo primero que le rondó por la cabeza fue tomarse una cerveza. A modo de frágil, y ligera, celebración. Y eso que no tenía por costumbre festejar la publicación de ninguno de sus "vástagos". Con este, y llegado el momento, serían siete en total. "Una verdadera familia numerosa", mascullaba cí...

LOS TENTÁCULOS DE LO DIVINO Y SUS EMISARIOS

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  Dios nos robó la inocencia. Y sus emisarios... la imaginación de poder concebir lo ajeno dentro de sus directrices. Dios nos donó la violencia. Y sus emisarios... la manera de proceder sobre su legado desde sus disposiciones.  Mientras Dios nos vendía el Cielo... sus emisarios daban valor a sus parcelas y se quedaban un porcentaje. Mientras Dios mecía en su Trono... sus emisarios daban formol a sus palabras y dormitaban la muchedumbre. Mientras Dios prometía Eterno... sus emisarios daban forma a las amenazas y calmaban interpretaciones. Dios nos jodió la realidad. Y sus emisarios... poder crecer al margen de sus tentáculos  ocupando los rincones. Lo cojonudo es que continúan pretendiéndolo con una itinerante farándula de teatro. 

QUIZÁS FUE EL ÚLTIMO LANCE DEL PARTIDO

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  Un gol fue anulado en los últimos segundos del envite. Quizás fuera la última jugada, o tuviera lugar una otra más. El mundo se paró. Y las protestas fueron más que fervientes. El escándalo fue monumental y de campeonato... la cólera.  Llovieron enseres... y los aficionados ocuparon el campo. El árbitro... corrió por la cancha... ...igual que sus asistentes mientras la policía los protegía. Abandonaron el césped convertido en campo de batalla. Poco importó después  el resultado final al reanudarse el juego:  lo otro fue lo que pasó a la historia.

"DICEN SOBRE MÍ QUE SOY EL ÁNGEL CAÍDO"...

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  Soy. Fui. Seré. Soy el que soy. Por Luzbel me conocieron sin que mi nombre nombraran. Que portaba la luz, decían. Y que, después, la oscuridad traje. Rebelarme, comentan que sería mi pecado. También, y lo digo, que lo haría de nuevo. Dicen sobre mí que soy el Ángel Caído. Que la criatura que fue la más hermosa en el orgullo encontró su suerte. Pero no saben del halo del dictador, pues en el cetro de todas sus promesas siempre recalcan que son el Padre. Que dan cuerpo a la excelencia. Que son la bondad siendo la carne que tendrá por bien en guiar todos los pasos con tal de que seamos seres de los justos. Será que la imagen y la semejanza van cogidas de la mano como si fueran diseño del que no se puede traspasar su línea.  Soy. Fui. Seré. Soy el que soy.  Mi nombre es desconocido, aunque recuerden... la fama.

RUGEN LAS VENAS INFLAMADAS

Pus entre las venas. Marchita, corrompida su sangre en las vías de los olvidos de la serenidad. Y la vida bañada en la peste. Las flores que brotan tan frágiles que tumbadas en los campos cubren cada centímetro. Y sin poder alzar cada parte les asfixia el propio peso del dibujo de sus cuerpos. El pus se propaga. Y las venas inflamadas rugen sin poder alzar sus gritos a la fragilidad. Y lo crudo se vuelve corriente. Quizás vulgar, quizás normal, pero sordo a lo ajeno de su vista. Quizás sarna, quizás acné, pero docto en lo que su tacto ignora.  

LA LEYENDA DEL ANÓNIMO

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  Era de vestir en solitario, con prendas que no dejaban verle en medio de la multitud. O de la soledad. Los que de él supieron, y no muchos eran, que no buscaba destacar solían decir. Los que le notaron, en la casualidad, que evitaba lo denso solían esgrimir. Aunque ninguno de ellos alcanzó...  ninguno pudo llegar a saber el motivo de su actitud. O de sus maneras.  Así que quedó de su leyenda una raíz en el misterio. Así que germinó de su fama el aura de lo anónimo.