LA CONDICIÓN DEL SILENCIOSO TESTIGO
Cantó y lloró las palabras que a la risa no le dijo. Y menos a la locura que alguna vez tuvo que abrazarle. Conversó muchas veces con el silencio desde la plenitud de las horas estando presente la locura en condición de silencioso testigo. Soñaba con las tardes al amanecer mientras un café tomaba sin ir enfriándose por el calor. Entonces, quizás a pleno pulmón, una canción entonaba sin su letra llegar a comprender. Cantó y lloró cada nota que a la brisa no le ofreció. Y también a la locura que tuvo la osadía de escucharle.