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EL VACÍO CASCARÓN

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  Quizás gobierna el mundo sin noción. Sin de sí mismo tener conciencia. Sin saber lo que hace estando sentado en una esquina a modo de un agujero negro. Puede que dejara todo programado. Dejando que la cosas sigan su cauce hasta llegar a la meta en un Destino que carece de Suerte. Quizás por ello nunca nos prestó atención. Y todas las veces que estuvo presente lo que habría de ser realidad  fueron otros ocupando su semblante. Qué curiosa es esta noción de Dios. Esta en la que parece preso estar en lo que es su celda a modo de cuerpo sin conciencia en lo que sería un vacío cascarón. Y, mientras, los que expresaron en su nombre podrían pretender hacer ver la realidad. O lo que es peor: ocupar su Trono. Y maniobrar según sus antojos al disimular que imponen su voluntad. Pero, según lo dicho, ¿actuaron libres?

La Corona que buscaban fundir

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Era un Rey extraño. Tan raro era que decidió vivir entre la plebe. Optó por ser una persona normal. Sentir lo que padecían en su día a día. Y, para ello, tomó la resolución de abdicar. Dejar el poder y que el gobierno del Reino pasara a estar en manos de la gente. Aunque nunca antes hubiera sucedido algo parecido en lo que a partir de entonces dejaría de ser territorio bajo su mandato. Pero, a pesar de ello, existía en aquellas tierras una Ley que explicaba los pasos a seguir con tal fin. Y estos decían que debía coger su corona y fundirla. Con ese gesto rompería las ataduras que maniataban al pueblo. Pasarían a ser dueños de sus existencias sin nadie que las dirigiera. Ni siquiera el clero tendría potestad en tales ámbitos. Aunque resultó que, llegado el momento de realizar la acción, la corona desapareció. Nadie supo lo que sucedió. La consternación presidía el clima de la ceremonia y las miradas inquisidoras comenzaron a poseer a los presentes. Todos se acusaban entre ellos. Todos s...

UN CICLO ESPECIAL

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  Hay soles, y estrellas, que irradian un brillo mágico. Quizás fueron confidentes, o silencioso ojeador de momentos al alba. O la persona que guardas más allá del recuerdo. Hasta pueden ser lugares.  De a los que volverías, o no. De los que te imaginas. De lo que siempre sueñas, aunque nunca lo hayas visto. Quizás lo construyes. O puede que no. Quizás otros lo hicieran pensando en lo que vendrá. Y los hueles, tal vez, sin el olfato. Y los ves sin la vista. Los sientes sin escuchar. Son soles, y estrellas, con ciclo  mucho más que especial.

NO HUBO EVA, NI ADÁN

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  Cada ruina del Edén fueron marchitándose. Pero antes de levantarlo ya lo estaba, pues no ostentaba corazón. Ni tampoco algo de humano. El motivo lo fueron sus Leyes Inmutables, por lo que terminaría siendo una Celda para los que allí vivieron. Una Decorada Prisión. No hubo Adán, ni tampoco Eva. Sólo sobre quién volcar la Falta por parte del que perdió los Privilegios con tal de unos nuevos propiciarse y mantener a raya a la Plebe. Menos aún Serpiente, o la Tentación mediante el Fruto. Sólo Gente con deseos de vivir. De los Cuerpos de otros poder sentir. De abrirse sin estar maniatados  al tambor del Orden.  Y lo de la Mortalidad... Sería el castigo desde lo Moral partiendo de la fina seda del Miedo por querer, y desear, alejarse de lo que dice de todo preveer. Y claro, lo que llegaría después sería exquisito, pero aún más putrefacto. Fueron levantándose al Cielo los Templos donde ensordecen los Oradores. Donde el Silencio va vistiéndose de Solemne. Donde es marcada con ...

EL VIOLÍN QUE QUEDÓ GRABADO

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  El violín terminó perdiéndose.  Y con él, sus notas y melodías;  ese calor que profesaba (y la pasión).  Pero sus raíces quedaron. Enraizaron en la sangre y florecieron en la piel.  Quedó grabada su seña. Fue mucho más que un recuerdo. Traspasó generaciones, también épocas y edades. Y en las noches alumbraba. Su calor (y pasión) fueron testimonio: legado perdurando por los días  (una presencia más que constante).

EN MEDIO DE LA MAR

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  En medio de la mar los barcos diminutos parecen, igual que los granos formando la arena de las playas de los litorales. Y nosotros mismos, las personas, somos los cientos de granos que conforman la grata espesura desde la que somos navegantes. Los navegantes de la inmensidad. Incluso sin percibirlo. Un viaje que atraviesa llanuras y páramos con trombas febriles. Un viaje con su principio y final. Uno donde la calma tensa tiene sus ratos y la tensión guarda sus instantes. Hasta podría tener dimensiones diferentes a la que estamos acostumbrados. Y no es sobre fe. Hablamos de ciencia. De lo que haber podría según teorías más que sugerentes. De todos los mundos tras nuestra experiencia en los que poder ver nuestra imagen.

EL USO DEL MUÑECO VUDÚ

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  De lejos, pinchó con agujas de vudú los muñecos de aquellos que en la cola había con tal de cambiarles. De lejos, con la distancia. De lejos, los observaba con ímpetu,  y en círculos,  en el recinto que estaban analizando detalles. De lejos, en la lejanía. Daba vueltas alrededor mientras pellizcaba los muñecos observando sus reacciones como si fuera un mosquito. A veces reía, otras metía sus manos en los bolsillos... imaginándose los granos florecer. El escozor que conllevan sus picores al momento de que no tuvieran freno... ante ello... reía. Cuando blandía los muñecos lo disimulaba fijando la vista en otras direcciones o centrándose en un punto. Pero siempre desde lejos y sin cambiar su semblante. Aunque dirigiera, a veces, su mirar a su objetivo. De lejos, anhelaba atesorar la luz de los cuerpos de aquellos que en la cola había con tal de poseerles. De lejos, sin indulgencia.