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LA SIMPLEZA EN LO ARDUO

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  Más que no ser, era el ser... el ser uno sin sentir ser impar más allá de lo consciente. O que cada sueño de lo onírico no fuera siendo a su vez. Que lo simple llegara a ser fortaleza del verso de lo arduo. Y sin llegar a ser... ser ser en el cuerpo que viste con alma al calor de lo presente.

UNA LECTURA VISCERAL

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  "Más, más", repetía sin ser un acto carnal. Aunque, quizás, el leer ese libro lo fuera al tenerla plenamente húmeda al resultar prendida de él. Devoraba las páginas anhelando que no terminara nunca el éxtasis que devoraba su mente. Cada centímetro de su alma ferviente buscando que pleno fuera  el deleitar de su intelectual libido. Y cuando terminó la última página... su cuerpo se llenó del alivio mientras jadeaba casi sin aire deseando comenzar el siguiente.

LA PUERTA CON UN PÉNDULO DANDO VUELTAS

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  Al fondo de la escalera, justo después del último escalón, puede notarse la puerta de la que un péndulo cuelga. Es de color marrón, con el destello del barniz siendo de lo más reciente. El péndulo forma vueltas al estar amarrado del pomo.  Y son unos círculos perfectos mientras giran en esferas. Son todo cerrojo  por el que otorgar al abrir de la puerta todo su ser.  Y lo que tras ella guarda serán de las trazas de lo propio de los que habrán de traspasar sin pretender buscar nada. 

UN DOGMA DE FE

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  Levantaron templos a los dioses que dieron en imaginar al que fue el más alto: el "Chantaje". Y siendo invento del "Hombre" tenía la cualidad del nombre en el acto. Uno contagiado a las fantasías y los planos terrenales. A lo común y lo estrafalario. Al campo de las acciones. Era presente durante los días... y los que llegarían también. Y dominó el panteón dibujado por el cual honraban la fe.   Y siendo dictado... su palabra latía en los textos venerables.  Era lapidario. Brutal al ser el más furibundo dogma desde lo sagrado... y perenne.

SIGUIERON LLAMÁNDOLE EL "CAÍDO"

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  Le llamaban "Caído" mientras eran "Beatos" de unas normas que rara vez tuvieron en alterarse.  Y cuando fueron cambiadas siguió teniendo el mismo título. Vio los cambios en las sociedades. Una vez, y otra vez, contempló el sucumbir ante los mismos defectos. Las vio atesorar los mismos clichés. Igual no querían ver, pero habrían de sufrir siempre los mismos estragos mientras seguían llamándole el "Caído" que portaba las tragedias.  Y por cada ocasión en la que dijese que en ello no tenía que ver nada fue mayor el trofeo. 

SIN SER UNA BARRERA FÍSICA

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  Dibujó las fronteras con su corazón. Eran frías, como fuentes sin agua ni capacidad de dar de beber al momento de buscar luz. Y cuando la gente pasaba a su lado... encontraban siempre una barrera ante la cual debían inclinarse en una pleitesía común. Además, y sin ser una barrera física, tenía cuerpo de un enorme muro decorado con la mugre. Nadie tuvo la valentía de saltarlo; tenían miedo de ensuciarse. Ni la curiosidad por ver lo que pudieran topar al otro lado. Mientras, él estaba alegre en el comprobar que su diseño  conseguía frenar las ilusiones y esperanzas.  Fue así que terminó poseyendo el calor. Y de las aguas... todas sus gotas dejaron de ser fuego calmante al volverse una gruesa cruz.

LA MÚSICA QUE LOS ACOMPAÑÓ

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  No residieron cenizas. Quedaron las flores de lo que una vez fue. La música que los acompañó fue volviéndose la puerta que daba la bienvenida al compás de las notas nacientes. Unas con cuerpos de los recuerdos sin importarles las horas por cada una de las risas que dieron en vestir horizontes. No quedaron las pavesas. Fueron los colores brillando en los mares. Y cada despertar disponía de calor aunque los inviernos resultasen fríos en los momentos que renace el día portando el traje de nieve. Y cada dormitar guardaba los fuegos que nunca llegaron a extinguirse al quedar sus semillas latentes por la fertilidad del presente.