SIN SER NIÑO JUGABA AL ESCONDITE
Al escondite jugaba tal si fuera niño. Pero no lo disfrutaba como en tales años. Pues corría sin cesar procurando que cualquier triste recodo le pudiera servir ante la tormenta de muerte que los cielos iba cubriendo. Y por su cabeza le rondaba el café que hace tanto tiempo tomaría sin intuir que todas las balas provendrían de aquel con el que se lo bebió. Aquel bar de la velada pasó a ser abismo. Cada uno de sus aromas un simple recuerdo. La punzante marca a modo de herida que jamás se cerró y cuya cicatriz siempre supuraba la duda de si eso realmente sucedió.