Cuando le envolvía la oscuridad
En medio del asfixiante calor de la noche, cuando el sudor recorría cada centímetro de su cuerpo, decidió levantarse de la cama. Salir al balcón y tomar algo de aire fresco. Pero antes pasó por el baño. Necesitaba mear. No era que tuviera mucha necesidad, aunque aligerar peso le vendría bien si después regresaba a ella. Eran cerca de las cuatro de la mañana, y quedaba poco más de hora y media con tal de que sonara el despertador. Así que, tras miccionar y bajar la tapa (no accionó la cisterna pretendiendo no despertar a los vecinos), comenzó a lavarse las manos. También un rostro completamente pegajoso por las secreciones sudoríparas. En cuanto terminó, regresó a la habitación y salió al balcón. Aunque antes iría a la cocina con tal de calentar un poco del café que tenía preparado para el desayuno y después de comer. Sería entonces que accediera a la diminuta terraza que daba a su cuarto. Una vez ahí, agarró uno de los cigarrillos del paquete de tabaco dejado sobre la mesa. Nada más en...