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LAS ÚNICAS BOMBAS QUE CONOCIÓ ERAN LAS DE LA VIDA

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  Va caminando entre las vías del tren. Porta una mochila. Es su equipaje; además de lo vivido y lo que dejó atrás. Puede que su viaje no tenga fin. Nunca conoció las bombas. Por lo menos las de verdad: las de la vida le eran comunes. Puede que menos que en otros, o su sentir fuera mayor. A saber con qué lidiaba, qué era de lo que escapaba. Pero, mientras tanto, aquellos railes resultaban no estar solos. Ni tampoco acompañados. Caminando oteaba los paisajes. O los ignoraba. En su mente, además de lo fatigado, florecían las dudas. Quizás viajaba sin más; porque sí... ...siguiendo la estela de una rueda que rodeaba su corazón tratando de borrar su coraza de metales. Aunque podría ser que todo aquel largo bagaje pudiera tener su núcleo en algo que sólo él comprendería. 

SU MÚSICA SIN NECESIDAD DE BAILES

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  ¿Cómo podía tener el corazón lleno de piedras en vez de sangre? Pero no la necesitaba: siempre brillaba su pelo bajo la luz de la Luna. Igual que su piel... la cual irradiaba la alegría y sus efectos sin necesidad de bailes al ritmo de la música. O la dulce miel... la cual le confería calma al pasar los años sin parecer inmutable en la senda de la vida. ¿Cómo podía contener su pecho  toda esa energía  con la que emerger sin el atisbo de reventar? Su tesón siempre era calmo mientras diseminada... paz.

El viaje a los Cinco Picos

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Fresco era el ambiente. La humedad originada por la cascada de los Cinco Picos dibujaba el empedrado sendero. Y a cada paso que daba veía la forma en que la tierra iba secándose. Pero no era por obra de la naturaleza. Un poder mucho más vigoroso, y antiguo, lo llevaba a cabo indicándole la dirección a seguir hasta llegar a él. Y aunque era algo por lo cual no tendría que sorprenderse, no dejaba de preguntarse cuán poderoso alcanzaría a ser el Mentor de Shiryū. A lo lejos, notó una diminuta figura. Le dio la impresión de que estaba sentada justo en el borde de un risco mientras escudriñaba el caer de las aguas. Y a medida que iba acercándose, percibió que tampoco dejaba pasar ningún detalle de lo que alrededor suyo acontecía. Además, tuvo la certeza de que lo esperaba. Y, al estar a su altura, por primera vez sintió su cosmos en todo su esplendor. Llegó a la conclusión de que quería mostrárselo. Tan pronto como lo hizo, ese fuego remitió por completo. - Es mejor así; no pretendo llamar ...

EL GATO DIJO "MIAU"

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  El gato dijo "miau" sin prestar atención  a lo que le rodeaba. Eso parecía,  y es que, en el fondo, no perdía detalle. "Miau", dijo el gato en el observar  a la gentes  que en el salón  descansaban. En silencio  dejó la sala  y los sorprendió  cuando volvió  a aparecer. Estirándose, fue al rincón en el que pasaba  las horas después de comer. El gato dijo "miau" al ver un pájaro detrás de la ventana. Cazarlo quería, pero se conformó con tener que verle. "Miau" dijo el gato al verle zarpar por los aires en saltitos con sus alas. Sorprendido, miró la nada y después volvió  a su rincón sin comprender. Recostándose,  se durmió  hasta que fue la hora que marca el rato de beber.

SATURNO ESTANDO PRESENTE EN EL CAZADOR DE SILENCIOS

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  El Cazador de Silencios el reloj miraba. Masticaba los minutos, y todas las horas, cual Saturno devorando a sus hijos teniendo presente el final que fue descrito. Después, regurgitaba cada Silencio volviéndolos en algo muy diferente. En su lugar, el Ruido reinaba mientras impedía que pudiera escucharse. Dieta extraña la que lo mantenía vivo, además de poder cambiar el paisaje: todo lo que a su alrededor había. Con ello también las formas de la gente. Pero actuaba con sigilo, y mucha cautela. No pretendía ser destruido, ni la normalidad que en otros tiempos fue lo reinante. Tenía presente a Saturno.

EL MÚSCULO QUE LO MOVÍA

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  Cerró las cortinas buscando que el calor no invadiera su morada. También las persianas, y su razón. Encerrado, sumergido en la bañera, se masturbó sin importarle lo que el mundo pudiera darle. Estaba él con él mismo. No existía mayor amor que compensara su pasión ardiente. No le hacía falta más. Lo acompañó de vino. Y música con ritmo que le acompasara en su satisfacer. ¿Para qué quería más? Extasiado.  El orgasmo tuvo su lugar sin sentido. No fue latente. Fue insípido. Sin sentir placer. No buscó mucho más. Ya llevaba tiempo sin el gozar  de su verga. Le invadió la rabia, la impotencia.  Y descubrió que terminó desgastándose el orgullo que ostentaba hacia sí mismo, en especial cuando yacía entre piernas ajenas. Vociferó. A su polla le vertió pestes. Y la ladró por ser goma; algo flácido que pedía a gritos poder ostentar  la fuerza.  Una fuerza que le fue todo y con la cual pecho sacaba al ser núcleo y razón de su existencia. Una fuerza que fue su todo cu...

LA DISTOPÍA DE LA BRISA QUE TRAÍA HISTORIAS A TRAVÉS DEL SONIDO DEL MAR

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  La brisa trae el sonido de la mar. ¿De qué mar? Nadie lo sabe. Pero consigo trae las historias de amores rotos al ser clandestinos o no dejarles florecer. Cuenta de un lugar donde son prefijados antes incluso de nacer y que sucede lo mismo con las vidas que han de llevar en la adultez. Cuentan que el lugar tiene extendidos hilos más allá de sus confines con tal de que sus parias puedan regresar en cuanto se les ordene. Que con tal del orden poder preservar los brazos suelen extender a los que son de lejanas tierras y les son narrados  parte de los ecos según les conviene. La intención es convencerles de que sus intereses serán los mismos en su conseguir la prosperidad. Y aunque nadie sepa de ese lugar, su legado se volvió tan conocido que una fábula parece.