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Una claustrofóbica situación

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Volvió a mirarse las manos. Estaban heridas. Le sangraban. Los cortes en ellas dolían tal si pequeñas y frenéticas punzadas fueran. Además, la tierra las cubría. ¿Qué había pasado? No recordaba nada. Su memoria sólo llegaba al momento de tener enfrente a aquel hombre. No recordaba nada más. Y este lo observaba de arriba abajo. Pero con un aire de indiferencia que le causaba pavor. Su mirada era fría. Calculadora. Parecía estar analizando el más mínimo gesto que hiciera. - Deberías relajarte. Ya has completado todo lo que tenías que hacer. El resultado es doloroso, pero es lo que debía hacerse - susurró. Su voz era desgastada. Con un ligero atisbo delatando tartamudez. Entonces, fue él quien examinó al extraño individuo. Vestía una raída gabardina que le llegaba hasta los pies. Y calzaba unas botas ajadas que dejaban ver el acero de sus punteras. También un enorme sombrero. La sombra que originaba únicamente permitía atisbar la dureza de su mandíbula. Además de una poblada barba que lle...

ASCENDER LA MONTAÑA

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23/IX/2021 Qué fácil resulta tildar a alguien de adicto cuando ni siquiera alcanzamos a comprender ese sufrimiento que padece. Toda esa nébula agonía, ese frío abrazo que parece abrigar cuando las trémulas noches tienen un envoltorio perenne. Y parece  que nos conformamos sintiendo una dulce pena con el vestido en los entresijos que dulcemente fueron hilados. Tan grácil se siente el disfraz… Hermoso ornamento que se teje por la mente. O lo que aprendemos mediante las experiencias que la vida nos está obsequiando. Esa febril impotencia que se les hace tan difícil explicar... la efímera sensación de la paz cuando ascienden la montaña a la que se ven obligados a escalar en la búsqueda por conseguirla. “Se tendrá que enfrentar   todos los días a ello”,  como si supiéramos lo que todo eso supone y lo cuán doloroso que es. Y nos engañamos con un fino velo que siempre nos ciega. Calzarse los zapatos de otro, ponerse en su lugar. Hermosa reflexión que para nada sirve si no n...

OPTÓ POR SUS EMOCIONES

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  "Que se quede con la poesía". Triste, pero cierto, esto fue lo que le escuchó decir. Y siendo completamente indiferente, sin importar si pudo llegar a herirle. "Que se pierda con la rima", dijo sin altavoz con el fino propósito de herir. Lo que sintiera no pareció importarle, menos que pudiera llegar a escucharle.  Y sin saber por qué, siguió. Siguió plasmando sus sensaciones como si tal cosa. Aprendió a lidiar con ello. A seguir sus emociones  aunque bramara la indiferencia o la comprensión fuera de ausencia. Aunque lo oyera de nuevo, y fueron muchas más veces. Siguió queriendo volcar su esencia aunque no lo lograra en unos días.  A veces usaría folios, otras cosas otras veces. Y cuando la fatiga le invadía, algún descanso otorgarse solía. Aunque volviera a escucharlo. Optó por seguir sus emociones, el calor de su alma. Aunque en ocasiones le doliera, o le abrasara un candente fuego. O muchas veces no comprendiera lo que solía quedar reflejado. 

BOLA DE CRISTAL

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16/II/2018 Su bola de cristal se fundió cuando descubrió que el futuro no lo controlaba el destino. Los que eligieron su destino hallaron piedras en el mismo, afiladas, planas o cantos. Es el amanecer continuo, un recorrido sin finito acabado por algún punto. Los seguidores al destino hallaron piedras en el mismo sin ser fieles a su camino. Señalados por una mano, eran sordos al escenario que se mostraba tan incierto. Fueron sucumbiendo muy lento a la voluntad de la mano que les indicaba el trayecto.

BUSCABA PAZ EN EL CAOS DE ALREDEDOR

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Con un traje bañado de sangre estaba frente al altar rezando sin ser creyente de Dios alguno. Era incrédulo en las Confesiones o cualquier ente que las reglara. De el estar ahí el Caos fue detonante, y toda la Locura que siguió. Del Apocalipsis con su cuerpo. De la falta de luz en las calles por furtivas armas al repicar. No reconocía la figura presente en lo alto del Altar, pero encontraba algo de consuelo. Y este no era religioso. Era más bien un escape ante toda la inmensa desidia que en aquellos lugares presidía. Una búsqueda de calor. Uno con el que abrigarse mientras iban transcurriendo los días en aquella feroz monotonía. No fue que terminara siendo Creyente, fue la necesidad  de que brotara Paz en su interior. 

DESDE SU ANSIEDAD...

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En su ansiedad no había rumbos fijos, y menos curvas presentes. Sus mañanas eran noches después de bailar con el insomnio. Solía trasegar con los binomios  sin el factor de los pares. Dejó de creer en las gentes; colocó sus codos  en las barras. En el cenit de su ansiedad sería la soledad su consuelo, aunque fuera de los de frío tacto. No llegaba a soportar a nadie. En el final de su ansiedad debería aprender todo de nuevo, pues olvidó el funcionar del mundo. Y este mostraba una nueva imagen. 

La diatriba de aquel al que llamaban "loco"

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09/II/2018 El loco caminaba feliz por el camino de la cordura. Disfrutaba de cada paso que daba. De la sensación de cada pisada. ¿En serio era él el loco porque disfrutaba de la visión de cada flor a lo largo del trayecto? ¿Porque lloraba de alegría cada vez que veía un animal que se cruzaba con él o de tristeza cuando se escapaban al verlo? Él era él, ¿por qué tenía que ser como querían que fuera? Ya era él mismo, no la visión que otro tenía de él. Siguió caminando y cogió dos piedras. Las frotó sustituyendo dos bolas antiestrés. De eso también disfrutaba; del ruido que emanaban al rasparlas. Disfrutaba de las pequeñas cosas; como cuando cogía una ramita, la partía y olía la savia que salía. Una vez agarró una flor. La olió y apretó. Aspiró la fragancia que emanaba. "¿Por qué haces eso?", le preguntaron. "Lo necesito", contestó. Lo que no sabía su acompañante era lo feliz que le hacía ese simple acto. "¿Por qué, por qué, por qué?", esa pregunta se la repe...