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NO HUBO EVA, NI ADÁN

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  Cada ruina del Edén fueron marchitándose. Pero antes de levantarlo ya lo estaba, pues no ostentaba corazón. Ni tampoco algo de humano. El motivo lo fueron sus Leyes Inmutables, por lo que terminaría siendo una Celda para los que allí vivieron. Una Decorada Prisión. No hubo Adán, ni tampoco Eva. Sólo sobre quién volcar la Falta por parte del que perdió los Privilegios con tal de unos nuevos propiciarse y mantener a raya a la Plebe. Menos aún Serpiente, o la Tentación mediante el Fruto. Sólo Gente con deseos de vivir. De los Cuerpos de otros poder sentir. De abrirse sin estar maniatados  al tambor del Orden.  Y lo de la Mortalidad... Sería el castigo desde lo Moral partiendo de la fina seda del Miedo por querer, y desear, alejarse de lo que dice de todo preveer. Y claro, lo que llegaría después sería exquisito, pero aún más putrefacto. Fueron levantándose al Cielo los Templos donde ensordecen los Oradores. Donde el Silencio va vistiéndose de Solemne. Donde es marcada con ...

EL VIOLÍN QUE QUEDÓ GRABADO

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  El violín terminó perdiéndose.  Y con él, sus notas y melodías;  ese calor que profesaba (y la pasión).  Pero sus raíces quedaron. Enraizaron en la sangre y florecieron en la piel.  Quedó grabada su seña. Fue mucho más que un recuerdo. Traspasó generaciones, también épocas y edades. Y en las noches alumbraba. Su calor (y pasión) fueron testimonio: legado perdurando por los días  (una presencia más que constante).

EN MEDIO DE LA MAR

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  En medio de la mar los barcos diminutos parecen, igual que los granos formando la arena de las playas de los litorales. Y nosotros mismos, las personas, somos los cientos de granos que conforman la grata espesura desde la que somos navegantes. Los navegantes de la inmensidad. Incluso sin percibirlo. Un viaje que atraviesa llanuras y páramos con trombas febriles. Un viaje con su principio y final. Uno donde la calma tensa tiene sus ratos y la tensión guarda sus instantes. Hasta podría tener dimensiones diferentes a la que estamos acostumbrados. Y no es sobre fe. Hablamos de ciencia. De lo que haber podría según teorías más que sugerentes. De todos los mundos tras nuestra experiencia en los que poder ver nuestra imagen.

EL USO DEL MUÑECO VUDÚ

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  De lejos, pinchó con agujas de vudú los muñecos de aquellos que en la cola había con tal de cambiarles. De lejos, con la distancia. De lejos, los observaba con ímpetu,  y en círculos,  en el recinto que estaban analizando detalles. De lejos, en la lejanía. Daba vueltas alrededor mientras pellizcaba los muñecos observando sus reacciones como si fuera un mosquito. A veces reía, otras metía sus manos en los bolsillos... imaginándose los granos florecer. El escozor que conllevan sus picores al momento de que no tuvieran freno... ante ello... reía. Cuando blandía los muñecos lo disimulaba fijando la vista en otras direcciones o centrándose en un punto. Pero siempre desde lejos y sin cambiar su semblante. Aunque dirigiera, a veces, su mirar a su objetivo. De lejos, anhelaba atesorar la luz de los cuerpos de aquellos que en la cola había con tal de poseerles. De lejos, sin indulgencia.

LO HABIDO EN LO DE JUNTAR LETRAS

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  Quizá mi mejor poema lo escribí estando borracho. Aunque ello teniendo en cuenta que alguno tenga calidad. Quizás mi mejor cuento lo escribí sin la iluminación. Aunque ello teniendo en cuenta que alguno sea más que letras. Y no creo que de estas sea un juntador que tiene por razón darles forma; más bien... ellas solas salen. Que gusten será otra cosa; lo contrario también siendo más comunes estás últimas sentencias. Y lo que en ellas se vuelque... puede que hasta formen una historia  sin tener que ver algo conmigo. Y si en ellas no hay nada que sentí... no será algo raro. Aunque ello teniendo en cuenta  que alguno quizás lo tendrá.

El lago que Ozco, el árbol viajero, encontró

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Era un árbol enigmático. Curioso. De los que comienzan a andar cuando quieren conocer mundo. Tal vez por la necesidad de degustar nuevos horizontes. O disfrutar de la salinidad de tierras diferentes a la suya. El caso es que, un día cualquiera, desenterró sus raíces y comenzó a usarlas a modo de pies. Quizás sin propósito. O puede que con uno enorme. De los que si es pretendido explicar a alguien resulta muy complicado encontrar las palabras exactas. Sería entonces que, en su posiblemente inconsciente trasegar, llegara a las faldas de una montaña. En ella, tal si fuera la inocente lengua de un niño al burlarse de un adulto, una cascada arribaba a su meta formando un pequeño lago. Y sus aguas eran dulces y cristalinas. Además de tranquilas. Los peces nadaban sin importarles el mundo que les rodeaba. El que había fuera de ellas. Y, al mirarlos danzar en un rítmico baile que sólo ellos podían descifrar, el árbol ensimismado se quedó. Tan embriagado estaba en ese trance que, cuando levantó...

LO QUE ESCONDÍA AQUELLA PUERTA

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  Quizás no supiste abrir la puerta. O la llave pesaba tanto que te resultó imposible blandirla. Lo que escondía eran un gran corazón que rezumaba amor sin mirar lo diferente. Era alegría y muestras de calor en cada pálpito por el que bombeaba sangre. Y dentro guardaba una ventana que, al abrirla, dejaba entrar aire refrescando las más tristes almas. No distinguía de etnias, menos aún de lugares del nacer. Le eran indiferentes cada fe, y las suspicacias. Veía las tiernas llamas que bailotean dentro de cada ser.