LA HISTORIA DEL TRONO Y SU OCUPANTE
Vuelve su trono a mirarle.
Su mirada es lisonjera
y parece reclamarle
toda dedicación.
Pero opta por sentarse en el suelo;
sin nada que le haga más cómodas
las horas que se suceden.
Y opta por gozar del infinito
teniendo por única compañía
lo que suele ser su mente.
El trono vuelve a mirarle
con el rostro de las dudas
y sin llegar a comprender
lo que es su decisión.
Y llega también a reclamarle.
"¿No me ves? ¡Estoy aquí!",
le dice en plena desesperación
con la que poder lograr su atención.
Volverá otra vez a reclamarle.
Y este fijará su mirar en él.
"Sí, también estoy aquí",
contesta. "Aunque esto no es nada nuevo;
conoces que soy muy dado a lo mío,
por lo que deja de convocarme".
El silencio formado es tirante,
aunque pronto volverá la calma.
Aunque abandonen las palabras:
serán unos anónimos seres.

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