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Mostrando entradas de diciembre, 2025

Hakuna Matata

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Dos ciclos habían transcurrido desde que llegó al oasis. Y muy rápido fue que se acostumbró al nuevo territorio. Le gustaba. Estaba cómodo. Además, Timón y Pumba eran unos increíbles camaradas. Incluso tutores, si dejaban de lado su constante ajetreo festivo. O la costumbre de alimentarse de insectos psicotrópicos. Debido a su tamaño esto casi no le afectaba, aunque siempre estuviera de aquí para allá en un estado de somnolencia. Por fortuna, su organismo se hizo rápido a la nueva dieta y ya no sufría de los ardores que al principio le acompañaron. Aquel día, sin saber por qué, llegó a los límites de lo que era su nuevo hogar. Se tumbó en un risco con tal de observar el enorme desierto que se interponía entre él y su antiguo hogar. Al principio solía acudir bastante a menudo, pero con el trascurrir de los meses dejó de hacerlo por un sentimiento de vacío presente en su interior. Y aunque no lo dijera sus compañeros, estos lo notaban. Lo percibían. Quizás por ello Timón le siguió a esco...

SU CRECER HASTA LLENAR EL LUGAR

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Le preguntaron que qué era llegar tarde. Y qué responder no supo. Es más, no sabía del tiempo ni nada que se le pareciera. Es más, fueron incapaces de explicarle cuáles eran sus conceptos. Y esto mucho les extrañó, ya que este conducía su realidad.  Le miraron sin alcanzar a comprender nada. Sin algo poder entender. "¿A mí me comprendéis?", les preguntó.  "Creemos que no", su respuesta así fue.  El silencio fue creciendo hasta llenar el lugar.  Y con él llegó el paisaje... ...aunque fuera sin palabras...  

Tras las paredes de su retiro

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El sonido de los arañazos en la puerta eran cada vez más frecuentes. Al igual que los golpes. Por fortuna, estaba fortalecida con metal. Y lo mismo sucedía con el exterior de las ventanas. Aquellos monstruos no tenían forma alguna de entrar. Pero, pese a ello, estaba nervioso. Alerta. El temblor de su mano mientras fumaba el cigarrillo lo indicaba. Aun así, disfrutaba viéndoles a través de la pantalla del televisor que mostraba las imágenes de lo que sucedía en el pasillo del edificio. Dio un sorbo al café que tenía en la taza de cerámica. Los seres eran horrendos. Sus figuras putrefactas y desfiguradas no dejaban ver nada de lo que antaño fueron. No había ni un atisbo de humanidad en ellos. Quizás solamente el envoltorio, pero estaba tan contaminado que ni en lo más mínimo se parecían a él. O eso quería creer, pues de vez en cuando realizaban gestos que los delataban. Y con estos se comunicaban entre sí. Aunque no comprendiera el maldito lenguaje que usaban. De repente, los vio marcha...

LAS VIERON PERDERSE EN EL HORIZONTE

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Vieron a la mar caminar por las calles. Dicen que cantaba alguna canción que nadie reconoció. Dicen que silbaba... A su lado, una sirena acompañaba sus cantos. Y no, estos no originaban males. Aunque encandilaban a las gentes, pues resultaban hermosos. Y contagiaban alegría.  Y las vieron perderse en el horizonte. Dicen que contaban  cuentos antiguos que nadie antes escuchó.  Dicen que bailaban... Pero finalmente fueron olvidadas. De su paso nada quedó. Aunque quizás sí quedó algo. Puede que un pequeño remanente. Sobre todo cuando por ahí transitaban. Sería un diminuto rastro del que no sentían su tacto. Pero sí su sensación vehemente.

El ritual en el interior de la cueva

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"Lo único que tienes que hacer es relajarte; nada más". Lo dijo mientras le acariciaba el rostro de arriba abajo. Comenzando desde su frente hasta llegar a la barbilla. Y fue con la enorme y afilada uña acristalada que su dedo de la mano derecha presentaba. "Tranquilo, espera un poco más. Vas a ser el primer espécimen de una raza que dominará el mundo al poder caminar mientras el Sol está en lo alto". Estaba tumbado sobre un altar de piedra mientras todas sus extremidades sentían el frío tacto de unas esposas. O quizás fueran grilletes. No estaba seguro. La cabeza le daba vueltas. Pero a pesar de ello se sentía lúcido. Nunca antes tuvo la mente tan despejada. Y esa sensación le conmocionada a la par que iba mezclándose con el nerviosismo y temor que padecía. Pero lo que en aquel estado más le llamaba la atención era la figura de la Luna. Podía verla a través de una enorme brecha habida en la cúpula de la cueva. Le hubiese gustado decir que estaba preso, pero en real...

MUCHO MÁS QUE SUFICIENTE

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Por acto reflejo le daría las buenas tardes antes de abandonar el bar. Se fue saboreando todos los finos matices del frescor de la cerveza. En la esquina giró queriendo buscar ser huésped de lo que sería otro local. Una silla cogió nada más adentrarse en él con su mente en otra birra. Estaba fresca siendo agradable  por ello mientras mascaba algún que otro fruto seco. Se fijó en el televisor  que disponía en su pantalla  un partido de fútbol en ciernes. Pero no le prestó mucha atención. Sacó un cigarro con intención de fumar en el portal habido fuera del local. Y lo gastó con la cerveza consumiéndose. Entonces sería que volvió dentro. Y fue con tal dejar el casco en la barra para después dirigirse hacia su casa. Es que por hoy tuvo mucho más que suficiente.

El riachuelo resguardado entre árboles

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Más que la sorpresa, fue el sentir cómo se movía algo en su interior. Hacía mucho tiempo que no rondaba por allí. Y la última vez que lo hizo no tendría ni quince años. Y ahora, a sus 52, observaba maravillado aquel cerezo. Su tronco era mucho más grueso. Las ramas más extensas y las hojas habían aumentado en número. Incluso resultaba menos dificultoso acceder a su copa. La zona que antaño usaba para ello había anchado. "Vaya, ya podría haber sido así cuando lo utilizábamos pretendiendo escondernos de los demás", pensó. Se mantuvo en silencio. Lo hizo con tal de escuchar con más atención el sonido de la naturaleza. Los pequeños insectos y los pájaros pululaban de aquí para allá después de haberse acostumbrado a su presencia. La sombra del árbol bañaba su rostro mezclándose con el fino resplandor de la luz que traspasaba el hueco entre las hojas. Y el riachuelo seguía oyéndose desde ahí. Sus aguas parecían más calmas y menos caudalosas, pero la tibieza de su humedad continuaba...

EN SU PROPIO ANALIZAR

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En el pasar de los años quiso saber lo que de él quedaba. O si había cambiado su ser. Tenía la costumbre de escribir un diario, así que de ahí decidió comenzar. Sería su forma de analizarse, incluso de volver a encontrarse. Pudo ver cómo fue cambiando su estilo. Cómo fue cambiando su escritura. Hasta incluso su manera de ver, o de discurrir, si lo prefieren. Vio que pensaba lo mismo en algunas situaciones dadas. O que tenía otra vertiente.  Y que su mundo era el mundo aunque tuviera un distinto recipiente. Hasta sintió que poseía la misma mente en su envejecido cuerpo.  Puso todo en orden. Su evolución observaría, y sus conclusiones. Aunque cambiado, proseguía siendo el mismo. Incluso mucho más que en los otros tiempos. Y se dijo, entonces, que otra vez lo repetiría en otro presente. Y decidió que no pondría ningún plazo. Lo decidiría en su debido momento. 

GIRAR

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27/XII/2018 El mundo gira igual que una rueda, a veces rápido, otras lento, con sus luces y sombras, matices en los colores. Donde la llama  del fuego es prendida el calor puede ser vasto, calentar las mil sombras, iluminar a las mentes. Esa es la llama, la que es la cándida que alimenta muy lento el vasto mundo de las mañanas, por donde corren las luces. Pero otra llama intenta frenarla, detener la rueda que lento calienta las mañanas, insertando sus posiciones. La lucha eterna entre la impostura con el fuego en lo verdadero, la lucha que no acaba al irse las estaciones.

LA HISTORIA DEL TRONO Y SU OCUPANTE

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Vuelve su trono a mirarle. Su mirada es lisonjera y parece reclamarle toda dedicación. Pero opta por sentarse en el suelo; sin nada que le haga más cómodas las horas que se suceden. Y opta por gozar del infinito  teniendo por única compañía lo que suele ser su mente.  El trono vuelve a mirarle con el rostro de las dudas y sin llegar a comprender lo que es su decisión.  Y llega también a reclamarle. "¿No me ves? ¡Estoy aquí!", le dice en plena desesperación con la que poder lograr su atención. Volverá otra vez a reclamarle. Y este fijará su mirar en él. "Sí, también estoy aquí",  contesta. "Aunque esto no es nada nuevo; conoces que soy muy dado a lo mío, por lo que deja de convocarme". El silencio formado es tirante, aunque pronto volverá la calma. Aunque abandonen las palabras: serán unos anónimos seres. 

¿FINITO O INFINITO?

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26/XII/2020 Todavía recordaba aquella sensación. Fue un nudo en su estómago que se fue haciendo cada vez más grande. Una  revelación, por decirlo de alguna manera, mientras veía en aquella pequeña pantalla donde se proyectaba el contenido de un video. Las imágenes mostradas acompañadas de algunas voces, toda la música, también los efectos. Tal vez todo aquello no durara más de una hora. Era una historia que narraba la creación del Universo, su más posible  final. Había también la presencia de una estrella, el fuego que, a medida que agrandaba su tamaño en todo su trayecto final, estaba dulcemente devorando sus  planetas (igual que Cronos sin Rea), cercanos ellos a su vórtice, siempre cada vez más expandido por la vejez en la que se agotaba su “gasolina”. Pero esa sensación al sentir el nudo… La estancia se volvió roja, ahogaba, las paredes se separaban. La  claustrofobia estuvo por primera vez presente con sus sudores. Esa forma de temblar iba acompañado de frío, mar...

LAS HUECAS PAREDES DE LA MORAL

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La doncella sueña con su Príncipe Azul. Con saborear sus sudores en sábanas que fueran testigos de sus conciertos en los riñones. Y su alteza quiere arrancarle el canesú. Sentir todos los temblores de su espalda mientras muestra toda su luz agachada delante de él. Ambos quieren caminar desnudos y el instinto sentir dejando salir su lado más animal mientras se corrompen por la pasión. Ambos quieren olvidar los techos que les hacen vivir entre las huecas paredes de la moral mientras dejan sin sabor los vinos.  Ambos desean el pecado que pretende anular aquello que sus cuerpos perciben. Ambos pretenden su mismo yacer al son de sus piernas siendo estas un tierno nido. elcorreo.com

LO DADO POR SENTADO

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¿Cómo pueden guardar corazones en sus manos si con las finanzas los destruyen? ¿Cómo pueden manejar las almas mientras miran a otro lado? Quizás no tienen espejos... y si los tienen no han de reflejar. Será cosa de la barrera del poder; o de la influencia con sus círculos. Quizás algo que germina en medio de la indolencia. O quizás sea cosa del propio carácter al dibujarse en los estamentos. Quizás sea naturaleza que en los actos se refleja. ¿Cómo la fé siembran con los más sublimes cantos  si con ello las sombras mantienen?  Y dicen cómo la vida ha de ser... en su forma, pasión y parecer. Como si fuera un tratado al que se da por sentado incluyendo sus penas con las glorias. Y mira que hoy resulta ser martes... por el Dios de la guerra le dicen.  Y pudiera haber sido otro o quizás, tal vez, ninguno.  ¿Y si de ocho días fuese la semana?

NI TAN ÁNGELES NI TAN DEMONIOS

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No soy ningún ángel, más que nada porque no creo en ellos. Además, soy más loco de lo que piensa toda la mía mente en los momentos que está en activo. Me gusta perderme, aunque sienta áridos los desiertos. Además, suelo abrazar a la locura los lunes y martes al ser otro día del calendario. Y sé que muchas veces vi al Diablo en cualquiera de sus formas mientras me miraba detenidamente. Tenía una conversación interesante partiendo de sus batallas y sin pretender emitir juicios.  Incluso llegué a sacarle una cerveza, aunque decía preferir el vino. Serán cosas de no ser un ángel, pues llegó a sonreír de forma alegre. Fue que sería que terminó la velada y marcharía tal y como llegó. Decía no ser cuestión de la suerte, que de ángel todavía tenía parte. Pero tampoco creo en los demonios, aunque uno tuviera en frente. Y es que al verlo con detalle... era alguien como otros muchos tantos.  shutterstock.com

Mucho más que unas simples tablillas

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Tratando de coger aire, se sentó en una de las rocas habidas en la esquina del camino. Desde ahí, pudo ver aquel inmenso valle sobre las faldas del Sinaí. Parecía que la calma había vuelto al campamento. Más aún después del arrebato que sufrió tras comprobar lo que intuía mientras descendía después de su primera escalada. A su lado, Josué lo observaba con atención. Trataba de adivinar lo que por la cabeza le rondaba. "¿Que vas a hacer ahora?", le preguntó al fin. - Pues volver a esculpir otras dos tablillas. No nos queda otra. Necesitan una mínimas normas de convivencia. - Pero las anteriores nos costaron dos semanas hacerlas. Mientras estemos en ello volverán a rebelarse. - No lo creo... - ¿Qué te hace pensar eso? - Pues el hecho de que disponen de agua y comida suficiente. Menos mal que encontramos el pozo subterráneo... Si no hubiera sido así, entonces sí que estaríamos en problemas. Estamos en mitad de la nada. - ¿Y si levantamos una ciudad? - No, eso es imposible. En cua...