Hakuna Matata
Dos ciclos habían transcurrido desde que llegó al oasis. Y muy rápido fue que se acostumbró al nuevo territorio. Le gustaba. Estaba cómodo. Además, Timón y Pumba eran unos increíbles camaradas. Incluso tutores, si dejaban de lado su constante ajetreo festivo. O la costumbre de alimentarse de insectos psicotrópicos. Debido a su tamaño esto casi no le afectaba, aunque siempre estuviera de aquí para allá en un estado de somnolencia. Por fortuna, su organismo se hizo rápido a la nueva dieta y ya no sufría de los ardores que al principio le acompañaron. Aquel día, sin saber por qué, llegó a los límites de lo que era su nuevo hogar. Se tumbó en un risco con tal de observar el enorme desierto que se interponía entre él y su antiguo hogar. Al principio solía acudir bastante a menudo, pero con el trascurrir de los meses dejó de hacerlo por un sentimiento de vacío presente en su interior. Y aunque no lo dijera sus compañeros, estos lo notaban. Lo percibían. Quizás por ello Timón le siguió a esco...