SU MANERA DE ENCONTRARSE
No dejó de jugar.
Tal vez porque nunca dejó de ser niño.
O porque consideraba que la adultez
no debía ser escollo que lo frenase.
Gustaba de soñar.
Quizás porque disfrutaba con el mundo.
O porque cavilaba que sus paisajes
se extendían más allá de las sensaciones.
Solía remojarse con los rocíos
y las gentiles temperaturas
que por donde fuera solía tropezarse.
Cuando sentía ganas de descansar
buscaba lugares apartados
queriendo disfrutar del silencio
con su transitar hacia el serenar.
Era su manera con la que encontrarse
al momento de sentir que su alma
vestía la imagen de los adultos.
El sonreír amaba.
No le gustaba que fuera algo forzado.
Era el mal que le encontraba a las edades
cuando dejaban olvidada la niñez.


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