LO SUMERGIDO EN SU SUEÑO

 

En su sueño...

la oscuridad se esfumaba 

dando la impresión de nunca existir 

en el mundo.

En el sueño...

la esperanza gobernaba

sin la necesidad de intervenir 

ley de mandos.


En él, la calma dejó de rugir

cuando al final obtuvo su espacio.


Quizás fue que hizo mucho escándalo,

pero logró emerger

sin imponer su postura

y menos aún el existir

del cómo han de ser las cosas.

Quizás fue que hizo del disimulo

el útil con el que

no coaccionar a las masas

en su derecho de sentir

más allá del son de su alma.


En él, la luz disponía de cuerpo

sin que hubiera que interferir.


No había lecciones, ni el interruptor

que acceso le diera

a la intimidad de las habitaciones.

Y cada sentido de las sensaciones

vestían en sus capas

lo ajeno de la moda y los cuartos.

En él, no había señores, ni dueños;

menos aún las horas

o algo que laminara las emociones.



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