LA CONDICIÓN DEL SILENCIOSO TESTIGO

 

Cantó y lloró las palabras

que a la risa no le dijo.

Y menos a la locura

que alguna vez tuvo que abrazarle.


Conversó muchas veces con el silencio

desde la plenitud de las horas


estando presente la locura

en condición de silencioso testigo.


Soñaba con las tardes al amanecer

mientras un café tomaba

sin ir enfriándose por el calor.


Entonces, quizás a pleno pulmón,

una canción entonaba 

sin su letra llegar a comprender.


Cantó y lloró cada nota

que a la brisa no le ofreció.

Y también a la locura

que tuvo la osadía de escucharle.



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