EL TRÉBOL QUE GUARDABA UNA BRÚJULA

 


Con el trébol de cuatro hojas en su mano

negaba la misma suerte

mientras tenía aquel rato de los perfectos

sin disponer de la casualidad.


Encerró sus recuerdos en su piel

haciendo que al atardecer florecieran.


Al trébol pasó las flores

con tal de que les sirviera de morada

en caso de que llegarán los fríos.


Con esto la risa fue motivo 

suficiente con tal de que continuara

negando la misma suerte. 


En aquel gesto había todavía mucho más

que unos designios y directrices.


Con el trébol cuyas hojas eran cuatro

sintió el calor de parajes

al notar que los tonos eran encanto

sin traslucir en lo superficial.


El trébol tenía cuatro hojas,

pero podía haber tenido más (o menos).

Le hubiera dado el mismo significado:

no contendría nada de la suerte,

tendría del corazón y la mente.


Las hojas disponían de alma,

él mismo hizo que tuvieran su sentido.

Aunque no tuvieran nada de místico:

disponían del caminar errante

y brújula señalando el norte. 




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