Su descubrir de la normalidad estando en el parque
Nada más atravesar el puente, lo atisbó sentado en uno de los bancos del parque. Parecía llevar una gabardina. Y una gorra que, desde la distancia, no dejaba distinguir parte de su rostro. Pero lo reconoció por su increíble envergadura. A pesar de haber dejado de ser una gárgola hace una semana... sus dimensiones seguían siendo descomunales.
Y que estuviera bebiendo un café no le sorprendió. De hecho, era un ferviente consumidor de él. Lo que le extrañó fue que lo acompañara de un pequeño puro. Era como si estuviera celebrando su recién adquirida naturaleza. El hecho de ser un ser humano y poder caminar entre ellos siendo una persona normal.
Entonces, mientras avanzaba hacia su compañía, imaginó lo duro que podría estar suponiéndole toda aquella situación. Aunque la hubiera deseado durante muchísimo tiempo. Según decía, no le importaba transformarse en piedra durante el día. Lo que le amedrentaba eran las miradas de la gente al verlo. El miedo que sentían estando delante de él. Y eso era algo que nunca pudo superar. Sus sentimientos eran tan parecidos a los humanos...
Contaba también que, en el fondo, los comprendía. Él hubiera reaccionado igual estando en su lugar. "El miedo a lo desconocido en más de común de lo que parece, es parte de nuestro instinto de supervivencia", le dijo una vez hacía mucho tiempo atrás. Fue al poco de conocerse. Al momento de comenzar a sospechar de las verdaderas intenciones de Xanatos. "La avaricia evoluciona con el paso del tiempo, igual que el deseo de poder y control. Pero su idiosincrasia sigue siendo la misma aunque tenga otro envoltorio", le reveló.
Sin darse cuenta, sumergida como estaba en sus pensamientos, llegó a su altura. Goliath no la saludó. En su lugar, le ofreció el otro vaso con café que llevaba. "¿Cómo sabías que iba a venir a buscarte", quiso saber Elisa. "No lo sabía; supuse que tarde o temprano vendrías. Así que, durante toda esta semana, he comprado dos y, al final, he acabado tomándome el que te tocaba". La detective sonrió y fue a sentarse junto a él.
- ¿Qué vas a hacer ahora? - preguntó después de dar el primer sorbo a la bebida.
- ¿A qué te refieres?
- A tu vida. A cómo vais a salir adelante ahora que sois, por decirlo de alguna manera, normales...
- Antes ya éramos normales, sólo que no pertenecíamos al mundo de los humanos... a no ser que... les sirviéramos.
- Me refiero a qué vais a hacer en el día a día.
- No te preocupes por eso. Lexington se ha encargado de todo. Además, con la identidad que me creó hace tiempo... pude estudiar en los pocos ratos libres que tenía. Tarde o temprano, todo estará en orden y no levantaremos suspicacias.
- ¿Me estás diciendo la verdad? ¿Estás diciéndome que habéis construido una vida para cada uno de vosotros?
- Por supuesto. ¿Acaso lo dudabas?
- No, no es eso... es... ojalá hubierais contado conmigo en ese asunto...
- Olvídalo. Fue lo mejor. Podríamos haberte metido en líos innecesarios. Y si algo sucediera... estarás libre de dolores de cabeza. Si pasara algo... tú no tendrás nada que ver.
- Creo entender.
- Por cierto, ¿cómo sabías que iba a andar por aquí?
- Te diría que por mis dotes detectivescas.... pero no es así. Brooklyn me lo dijo.
- Ya... hubiera preferido que lo averiguaras por ti misma. Pero está bien. Tarde o temprano me tendrías que encontrar.
- ¿Por qué has escogido este sitio? Que yo sepa nunca antes habías estado por aquí.
- Digamos... que es una forma de romper con el pasado mediante nuevos lugares. Nuevas experiencias. Disfrutando de nuevas armonías. Me sigue sorprendiendo que dentro de toda esta enorme ciudad pueda existir un sitio así. Que sea permitido que la naturaleza tenga su rinconcito particular entre tanta piedra y hierro.
- Lo curioso es que los que somos de aquí no le damos importancia. Estamos tan acostumbrados... procura no caer en esa misma trampa. Tienes que seguir disfrutando como lo estás haciendo ahora mismo.
- Lo intentaré. No te prometo nada, pero lo intentaré...
Fue ahí que, después de comentar esto último, se levantó muy despacio. Parecía estar degustando la sensación de poder hacerlo. Entonces, Elisa observó que vestía también unos pantalones vaqueros. Además de unas botas de montaña y una camisa de leñador que era negra y verde. Con un gesto rápido, Goliath terminó de trago el café.
- Acompáñame. A uno quinientos metros de aquí hay un puesto de perritos calientes. Te invito a uno - indicó.
- Como quieras.
Comenzaron a caminar despacio. De forma distraída mientras sus codos y hombros rozaban de vez en cuanto. Pero antes de llegar al lugar elegido, tenían que cruzar otro puente. Aquel parque estaba plagado de ellos.
En cuanto llegaron a él, nada más empezar a atravesarlo, un tipo saltó delante de ellos. Portaba una navaja. Les amenazó con ella. "Dadme todo el dinero que llevéis".
- No creo que debas hacer eso - le recriminó Elisa mientras Goliath reía por lo bajo.
- ¡Que me lo deis he dicho! - gritó el hombre.
Ante esto, Goliath fue atacarle. Pero aquel tipo le esquivó. Acto seguido, y con una llave de artes marciales, lo derribó sobre el suelo. A continuación, le golpeó en el rostro. También el estómago. Y comenzó a correr escapando del lugar.
- ¿Qué ha pasado? Te ha tirado como si nada -le preguntó la detective -. Parecías un trapo.
Por su parte, echado como estaba sobre el suelo, observó la sangre que manaba desde su rostro y, de nuevo, comenzó a reírse. "Esto es maravilloso", soltó al final.
- ¿El qué?
- Pues que todavía no me he acostumbrado a mi nuevo cuerpo. A esta nueva naturaleza. He actuado como si todavía fuera una gárgola. Creo... creo que esta situación me va a dar más de una sorpresa. Y bastantes dolores de cabeza, por lo que veo.
- Vale, está bien. Déja que te ayude a levantarte - le pidió mientras le ofrecía la mano y le empujaba hacia arriba -. Tendremos que ir al hospital. Tendrán que hacerte un pequeño chequeo.
- Sí, será lo mejor. Me duele el costado. Creo que tengo rota una costilla.
- Anda, deja de quejarte. ¿Estás seguro de que tienes todos los papeles en regla? ¿Que lo tenéis todo arreglado?
- Bueno, si no es así... lo comprobaremos ahí. Puede resultar una aventura interesante.
- Sobre todo al momento de que tengas que acoquinar la factura.
- Pues podría ser. Vamos a tener que dejar lo del perrito para cuando salgamos.
- Anda, olvídate de eso. Ya habrá tiempo. Centrémonos en lo importante.
- Puede que tengas razón.
- Sí, sí... ya verás la semanita que vas a pasar por los dolores.
- Gajes del oficio...
- Así es...


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