La encina en la ladera de la montaña
El invierno estaba cerca y necesitaba madera. El frío en aquella parte del bosque solía ser demencial. Por fortuna, su cabaña era pequeña y no le haría falta mucha con tal de calentarla. Por lo tanto, antes de ponerse en marcha, agarró el hacha que hacía tanto tiempo atrás le regalaron. Miró su filo y descubrió que necesitaba afinarlo. Así que sacó la piedra que guardaba hacia tal fin y se puso manos a la obra. Lo hizo sentado en la vieja banqueta del pórtico. En la misma en la que solía tomarse el café. Ya fuera cuando se levantaba o después de comer. No le costó mucho ponerla a punto. Llevaba años realizando la maniobra, por lo que le resultaba casi un gesto mecánico. Hasta instintivo. Al terminar, se levantó encaminándose a un prado habido en la ladera de la montaña cercana. Le esperaba un viejo árbol que, según sus cálculos, le llevaría cuatro días talar, por lo que realizaría un esfuerzo titánico. Era una gigantesca encina con el tronco enroscado mientras caía al suelo y acto seg...