La Voyager 1 alcanzará el día luz de distancia
Será el 18 de noviembre habiendo recorrido 25.900 millones de kilómetros
Decía James O'Donoghue que «utilizar kilómetros para describir distancias tan enormes deja de ser intuitivo. Expresarlas en tiempo permite visualizar inmediatamente cuánto demora la luz, y cualquier señal de radio, en recorrer ese trayecto». ¿Pero a qué se refería con ello el astrónomo planetario de la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón (JAXA)? Al motivo por el cual son usadas medidas de tiempo al referirnos al espacio habido entre un punto y otro del universo. Era recogida en "Perfil" por el próximo alcanzar de la Voyager 1 de un día luz desde la Tierra.
Según la NASA, el evento tendrá lugar el 18 de noviembre sobre las 11:16 del horario peninsular estatal. Por lo tanto, desde que fuera lanzada el 5 de septiembre de 1977 habrá necesitado más de 49 años con tal de recorrer 25.900 millones de kilómetros. De esta forma continuará siendo el objeto creado por el ser humano que está más alejado de nuestro planeta. Aun así, todavía le quedan 300 años para alcanzar el límite del Sistema Solar, la Nube de Oort. Y, aunque resulte paradójico, su aventura comenzó 16 días después que la de la Voyager 2.
Ambas portan dos discos fonográficos de cobre bañados en oro. Siendo de 30 centímetros de diámetro, son llamados "The Sounds of Earth". En sí, son unas cápsulas del tiempo que guardan saludos en 55 lenguas, imágenes de la Tierra, grabados de personas de diferentes culturas y nuestro ADN. También sonidos de animales y la naturaleza, algunos que producimos (como lo es un beso) y música que va desde Bach a Mozart pasando por el "Johnny B. Goode" o la tradicional de algunos países. Ello partiendo de la posibilidad de encontrarse con una especie alienígena, por lo que disponen de las instrucciones de funcionamiento y las coordenadas de la Tierra.
Aunque la primera misión que tuvieron no era esta. Fue la de explorar los planetas del exterior de nuestro vecindario. Mientras la 1 se encargó únicamente de Júpiter y Saturno, a las 2 le fue añadida en plena maniobra la observación de Urano y Neptuno. En medio, sería descubierta la actividad volcánica de Ío (uno de los satélites del primero mencionado) y fueron estudiados los anillos de los otros tres y los campos electromagnéticos de todos ellos. Una vez concluida esta fase que bautizaron como "Grand Tour", las sondas comenzaron su viaje hacia la inmensidad aprovechando la inercia a una velocidad constante de 17 y 15,64 km/s, respectivamente.
¿Pero hay algo tras las fechas que fueron escogidas en los lanzamientos? Pues sí. Una alineación de planetas que no volverá ha producirse hasta la década de 2150. Esto hace posible ahorrar combustible mientras el tiempo de viaje es más corto. ¿Y cómo sucede? Al llegar a uno aprovechan su gravedad con tal de alcanzar el siguiente. Por decirlo de una forma sencilla, esto hizo que salieran disparadas. Por cierto, Plutón, el cual no es considerado planeta desde 2006, fue descartado de ser estudiado al recortarse el presupuesto. Esto no sucedería hasta 2015, cuando la New Horizons llegara a él.
La Voyager 1 alcanzó sus objetivos en 1979 y 1980. Por su parte, la 2 lo hizo en los siguientes años: 1979, 1981, 1986 (Urano) y 1989 (Neptuno). A partir de ahí, y buscando ahorrar energía, fueron desconectándoles funciones. Aunque pasado el tiempo volvieron a reactivar algunas. ¿Pero de dónde la sacan? De tres baterías nucleares llamadas "generadores termoeléctricos de radioisótopos". Y no, no es infinita, pues su potencia disminuye 4 vatios por año. Lo que hacen es convertir en electricidad el calor del plutonio que portan cuando se desintegra. Y este va desgastándose paulatinamente. Tal y como recoge "ABC", los científicos estiman que durará entre 10 y 15 años más. A partir de ahí sólo habrá silencio, pues quedarán inutilizadas.
Pero hasta que eso suceda la comunicación que mandan tardará más en llegar. Y pasará lo mismo con las respuestas dadas. ¿A qué se debe esto? A que sus ondas con información viajan a la velocidad de la luz. Y, tal y como hemos comentado, la Voyager 1 estará situada a un día luz el próximo 18 de noviembre. Esto significa que esa interactuación tardará 48 horas en completarse entre la ida y la vuelta. Por decirlo de alguna manera, se realiza en diferido. Algo que, por ejemplo, también ocurre con el caso de la Luna, ya que esta se sitúa a una media de 1,28 segundos luz de la Tierra.
Y claro, todas las incidencias que sufren son arregladas desde nuestro planeta. Lo hacen a través del sistema de antenas de la Red del Espacio Profundo. Ubicadas en Madrid, Canberra y California, dependen del Laboratorio de Propulsión a Reacción de la NASA, lugar al que son enviadas las señales captadas. Desde ahí lograron en abril de 2024 restablecer la comunicación con la Voyager 1 después de que estuviera cinco meses mandando galimatías.
En total, 49 años, dos meses y once días será lo que le cueste a la primera de ellas llegar a esa distancia. Nueve calendarios más tardará su hermana, pues la NASA calcula que lo hará en 2035. Además, la primera de las Voyager dejó atrás la heliosfera el 25 de agosto de 2012. Es una burbuja formada por el viento solar que protege nuestro sistema de la radiación cósmica, pero que no está libre de la influencia de la gravedad del Sol. La segunda alcanzó tales parajes en noviembre de 2018. De unos 18.000 millones de kilómetros, va más allá de Plutón, el cual está ubicado a unos 5.900 millones de nuestra estrella. A partir de ella comienza lo que conocemos por espacio interestelar.
No está nada mal para una misión que, en principio, debía durar de cuatro a cinco años. Además, pasado ese tiempo ya decían que las sondas eran bastante antiguas, explicaba la Dra. Linda Spilker a "IFLScience" en julio del año pasado. Lo comenta alguien que estuvo en el programa desde 1977 hasta 1989 para pasar en 1990 al del Cassiny. Al finalizar en 2017, regresó. Ello dentro del Laboratorio de Propulsión a Reacción. Este aspecto fue la tónica durante décadas, pues comentaban que a las Voyager «sólo les queden unos pocos años de vida» tras sobrevolar Neptuno, señala. «Cualquier problema que surgiera, un grupo de ingenieros muy ingeniosos lo solucionaba». Y ello teniendo en cuenta que la tecnología de proceso de datos de las sondas dispone de menos memoria que un móvil actual, remarcan desde "Voz Populi".
En las declaraciones realizadas en diciembre a "CNN", Suzy Dodd, gerente del proyecto, detallaba que funcionan a modo de satélites metereológicos mientras analizan el entorno por el cual viajan. En sí, lo que en la actualidad buscan los científicos es comprender cómo cambia e interactúa el campo magnético del Sol en la heliopausa, pues ahí el viento solar caliente tropieza con el frió del espacio interestelar al ser la frontera de la heliosfera. Por lo tanto, y antes de que las Voyagers dejen de emitir, lo importante es operar «el mayor tiempo posible» con los instrumentos científicos que poseen con tal de hacer un mapa de lo que cambia a medida que nos alejamos de nuestra estrella.




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