Muten Rōshi, el legendario maestro de artes marciales, nos recibe en su casa

(Nota: esta entrevista ficticia es producto de pedirle a la IA Gemini que representara al conocido personaje de "Dragon Ball". Ha sido el resultado de un pretendido experimento aprovechando que el «Mangamore» de Zornotza celebraba los días 10 y 11 de octubre su vigésima edición).





"La Escuela Kame enseña a vivir bien, no a buscar la muerte en batalla"



Aunque teóricamente está retirado, el anciano ermitaño continúa desempeñado un papel importante en la defensa del planeta. Tanto que, incluso a día de hoy, sus antiguos alumnos siguen acudiendo a él a la hora de pedirle consejo. Su experiencia en el combate y la vida le avalan. Además de enfrentar mil batallas, ha visto enemigos que poca gente alcanzarían a imaginar. Observador y parco de palabras, cuando habla termina explayándose desde el fondo de la sabiduría.




El misterio en torno a él es igual, o mayor, que su fama de experto marcial. De hecho, varias generaciones de luchadores han pasado por su escuela, la cual, por cierto, no tiene nada en común a lo que nos tienen acostumbrados sus coetáneas. O por lo menos lo que creamos saber de ellas. Y es que la particular filosofía de vida de Muten Rōshi va más allá de ejercitar la fuerza. La comprensión del espíritu es su pieza angular. Y aunque parezca estar retirado, el creador del Kame Hame Ha siempre está dispuesto a abrir sus puertas a aquel que le reclama. Y no, no nos ha pedido que le llevemos una hermosa chavala con tal de conversar con él. Lo único que solicitó fueron unas cervezas con las que aclarar la mente.


Pregunta: Lleva mucho tiempo viviendo en esta isla, ¿por qué la eligió?


Respuesta: Llevo aquí más décadas de las que mis viejos huesos se molestan en recordar. ¿Que por qué elegí este rincón del mar? Verás, un verdadero maestro de las artes marciales necesita un lugar donde la mente pueda estar en calma y el cuerpo libre de distracciones cotidianas... Y, seamos sinceros, ¡aquí nadie viene a molestarme cuando quiero tomar el sol en calzoncillos o ver mis programas favoritos por la televisión!

Además, el aislamiento es perfecto para entrenar. El rugido de las olas, la resistencia del agua y correr por la arena blanca con un caparazón de cuarenta kilos a la espalda crean las condiciones ideales para perfeccionar la Escuela Kame. Aquí el aire es puro, los cocos son frescos y, de vez en cuando, el mar me trae sorpresas agradables.

P: Podría haber tirado de la influencia de Ox Satán y no vivir en la soledad, sobre todo teniendo en cuenta que es parte de la realeza.


R: Ese gigante de Ox Satán! Mira que es buen muchacho, pero no... ¡definitivamente no! ¿Te imaginas a este viejo viviendo en un castillo rodeado de guardias, sirvientes y etiqueta real? ¡Me moriría del aburrimiento en tres días! La vida de la realeza está llena de compromisos, reglas estrictas y banquetes formales donde ni siquiera te dejan estar en tirantes.

Además, cuando conocí a Ox Satán, su "castillo" en la Montaña Frypan estaba envuelto en un infierno de llamas infernales, y el chico tenía un temperamento bastante... explosivo. No era precisamente el entorno más relajante para meditar.

A mí me gusta la libertad. Aquí en Kame House mando yo, el mar es mi vecino y la única etiqueta que sigo es ponerme la camisa de flores cuando amanece. La verdadera riqueza no son los tesoros ni los títulos de la realeza, sino tener tiempo para saborear la brisa marina y ver pasar la vida a tu propio ritmo.

Aunque reconozco que la comida de sus banquetes no estaba nada mal...

P: Tenía entendido que el incendio arrancó después de que naciera Milk.


R: Tienes toda la razón: la pequeña Milk (o Chi-Chi) nació en el año 737, y el incendio en la Montaña Ryokei no comenzó hasta un par de años después, allá por el año 739, cuando un espíritu de fuego desató el caos mientras ellos estaban fuera. Fue a raíz de ese tremendo fuego que la montaña pasó a llamarse Montaña Frypan (o Montaña de Fuego) y la fortaleza de Ox Satán quedó atrapada en las llamas.

Pero fíjate, ¡eso solo demuestra mi punto! Durante los dos primeros años de vida de la niña, antes de que el fuego lo quemara todo, Ox Satán ya estaba allí viviendo en su fortaleza con su temperamento de mil demonios y amasando tesoros. A mí nunca me atrajo la idea de mudarme a una montaña con un gigante que intimidaba a todo el mundo, ni antes ni después del fuego. ¡Donde se ponga la brisa de Kame Island, mi modesta casa y mi tranquilidad, que se quite cualquier montaña o castillo!

En fin, ¡menos mal que al final el joven Goku y yo pudimos apagar ese fuego con mi Kamehameha! Aunque... me pasé un poco de potencia y destruí el castillo entero.

P: Luego volveremos a ello, ¿sigue entrenando en secreto?


R: Habla más bajo, insensato! ¿Acaso quieres que las gaviotas o, peor aún, que Bulma se entere?

A ver, un verdadero maestro de las artes marciales jamás deja de entrenar. La gente piensa que porque paso el día descansando, tomando el sol o viendo la televisión ya estoy retirado. ¡Qué poco entienden el camino del Guerrero Tortuga!

El entrenamiento de verdad no sólo consiste en levantar rocas gigantescas o intercambiar puñetazos. Consiste en dominar la mente, la respiración y mantener el flujo del ki en perfecto equilibrio. Mientras parece que estoy durmiendo una siesta bajo la palmera, en realidad estoy practicando meditación de alta intensidad y combates mentales.

Y bueno... de vez en cuando, cuando la noche cae sobre Kame Island y todos duermen, me aseguro de que mis viejos músculos no hayan olvidado el peso de un caparazón de entrenamiento ni la disciplina del estilo Kame. Si mis alumnos como Goku o Krillin han alcanzado niveles casi divinos, ¡este viejo maestro no puede quedarse tan atrás como para no poder darles una lección de sabiduría cuando se confíen!

Pero que quede entre nosotros y los lectores, ¿entendido? Si alguien pregunta, solo soy un anciano inofensivo disfrutando de su jubilación.

P: Partiendo de eso, y aunque haya quedado prácticamente en secreto, ¿cómo afrontó Torneo del Poder? ¿Qué entrenamiento siguió? Sobre todo teniendo en cuenta que sus alumnos le han sobrepasado en fuerza. Comentan que tuvo un papel destacado y que, incluso, le llegó a dar a Goku una última lección...


R: El Torneo del Poder... Ah, qué gran evento. Cuando Bills y Wiss vinieron a buscarnos, sabíamos que la existencia misma del Universo 7 estaba en juego.

Muchos se preguntaban qué podía hacer un viejo como yo entre dioses, Saiyajins y seres con un poder destructivo descomunal. La fuerza bruta es maravillosa, pero cuando tus alumnos la convierten en su único camino, olvidan la verdadera esencia de las artes marciales. Mi papel no era competir en muscularidad, sino aportar sabiduría, experiencia y técnica.

Para estar a la altura, no me dediqué a levantar montañas. Seguí un entrenamiento enfocado en mis mayores debilidades y en refinar el control absoluto del espíritu:

Superaré mi mayor debilidad; mi mayor obstáculo siempre fue mi mente distraída... especialmente con las jovencitas. Con la ayuda de Yerin (Puar transformada), me sometí a un entrenamiento intensivo de autocontrol para erradicar cualquier deseo carnal que pudiera ser usado en mi contra en la arena. Tuve que purificar mi mente por completo.

Acondicioné extremadamente mi físico; volví a ponerme el caparazón pesado y a realizar largas sesiones de meditación en solitario en esta misma isla para afinar mis sentidos al máximo y llevar mi ki a su límite absoluto.

En el torneo, luché contra guerreros tremendamente poderosos utilizando la astucia, el Mafuba y la experiencia de siglos de combate. Pero lo más importante ocurrió cuando vi a Goku acorralado, intentando superar sus límites a base de pura fuerza bruta y rabia contra Jiren.

Ahí entendí que me tocaba ser maestro una última vez. Me interpuse frente a un enemigo abrumadoramente superior y utilizé el principio básico de la Escuela Kame: la relajación, la fluidez y el movimiento del cuerpo sin la interferencia del pensamiento. Moviéndome con total soltura, esquivé los ataques devastadores del rival usando una técnica que imitaba los principios del Migatte no Gokui (Doctrina Egoísta), no mediante el poder de un Dios, sino mediante el dominio perfecto de las artes marciales terrenales.

Antes de caer exhausto, le recordé a Goku el verdadero propósito de nuestro entrenamiento: las artes marciales no son solo para ganar peleas o volverse más fuerte, sino para mover el cuerpo con libertad, disfrutar de la vida, comer bien, descansar bien y superarse a uno mismo con alegría.

Ver cómo Goku comprendió el mensaje y finalmente alcanzó la Doctrina Egoísta fue el mayor orgullo de mi larga vida. Este viejo maestro ya no necesita superarlos en fuerza; mi verdadero legado es haberles enseñado cómo seguir creciendo.

P: ¿Cómo ve la evolución de sus alumnos?


R: Si le hubieras dicho a este viejo hace décadas que aquellos dos críos que llegaron a mi puerta iban a terminar salvando el universo y codeándose con los dioses... ¡me habría reído en tu cara mientras me tomaba un té!

Ver la evolución de mis alumnos es, sin duda alguna, el mayor regalo que la vida me ha dado. Cada uno ha tomado un camino distinto, pero todos llevan la marca de la Escuela Kame en el corazón.

Goku no tiene techo. Lo vi llegar siendo un niño con cola que apenas sabía comportarse, y hoy es un guerrero con el poder de los dioses. Pero lo que más me fascina de Goku no es su fuerza, sino que nunca perdió la pureza de su corazón. Sigue entrenando con la misma inocencia y alegría que cuando corría por la arena cargando leche. Su evolución es la demostración viva de que las artes marciales no son para destruir, sino para superar tus propios límites sin romper tu espíritu.

Y Krillin... ¡Ah, mi querido Krillin! Muchos lo infravaloran porque está rodeado de monstruos espaciales, pero para mí es un orgullo gigantesco. Él empezó siendo un chico envidioso que buscaba las artes marciales solo para gustarle a las chicas o vencer a sus compañeros del templo. Y mírale ahora: se ha convertido en el humano más fuerte del planeta, un gran policía, un padre ejemplar y un hombre con un valor que ya quisieran muchos guerreros del cosmos. Él demostró que el verdadero valor es enfrentarse al miedo aun sabiendo que el rival te supera.

Aunque Yamcha tomó un camino más relajado con los deportes y la vida cotidiana, y Chaoz siempre ha estado al lado de Ten Shin Han, aplicaron la disciplina a sus vidas a su manera. El entrenamiento no te obliga a pelear para siempre; te enseña a vivir con dignidad.

Y Ten Shin Han... pese a que al principio era de la Escuela Grulla —nuestros eternos rivales—, ver cómo entendió el verdadero camino de las artes marciales y fundó su propio dojo para enseñar a las nuevas generaciones me llena de satisfacción. Es un maestro hecho y derecho.

Al final, la verdadera evolución de un alumno no se mide en la cantidad de ki que puede acumular, sino en cómo usa su vida para proteger a los demás y disfrutar del viaje. Mis muchachos han superado con creces todas mis expectativas. Ya no me necesitan para luchar, pero siempre estaré aquí cuando necesiten recordar de dónde vienen.

P: ¿Consideraría a Vegeta uno de sus alumnos?


R: Si le dijeras al Príncipe de los Sayajins en su cara que es alumno de este viejo, ¡te evaporaría de un solo disparo de ki antes de que pudieras pestañear!

Pero hablando con total sinceridad... oficialmente, no. Vegeta nunca ha vestido el dogi de la Escuela Kame, nunca ha cargado un caparazón de tortuga a sus espaldas, ni ha venido a esta isla a pedirme consejo. Su orgullo de príncipe y su entrenamiento provienen de la raza guerrera Sayajin, de su propia disciplina implacable y, más tarde, del entrenamiento directo con Wiss.

Sin embargo... en un sentido más amplio y filosófico, creo que algo del espíritu de la Escuela Kame ha terminado calando en él.

Cuando Vegeta llegó a la Tierra, era un mercenario despiadado que solo buscaba la destrucción y el poder absoluto. Pero al convivir con Goku, al ver cómo mi muchacho afrontaba los combates con alegría, respeto y un deseo constante de superación personal —valores que le inculqué desde niño—, Vegeta empezó a cambiar. Aprendió a formar una familia, a proteger a la Tierra como su hogar y a luchar no por maldad o dominio, sino para superar sus propios límites y proteger a sus seres queridos.

Así que no, Vegeta no es mi alumno. Es un guerrero formidable con su propio camino. Pero al haber sido moldeado por la rivalidad con Goku, indirectamente lleva una pequeña chispa de lo que enseñamos en esta humilde isla. Aunque... ¡ni se te ocurra decírselo a él si no quieres ver el Big Bang Attack de cerca!


P: ¿Yamcha ha desaprovechado sus capacidades? Lo comento porque dicen que terminó echándose a perder.


R: Decir que "se echó a perder" es una forma un poco dura de juzgarlo, aunque entiendo perfectamente por qué la gente lo ve así desde fuera.

Si lo analizas fríamente, sí, desde el punto de vista puramente marcial, Yamcha no alcanzó el potencial que tenía.

Cuando lo conocí en el desierto, era un joven con un talento natural increíble. Su técnica del Rogafufuken (Puño del Lobo Solitario) era magistral, inventó el Sōkeidan (una esfera de energía teledirigida brillante) y tenía una agilidad envidiable. Además, fue de los primeros en entrenar con Kami-sama y con el Kaiosama del Norte. Tenía todas las herramientas para ser uno de los guerreros más temibles del planeta.

¿Qué ocurrió entonces? Pasaron dos cosas fundamentales.

Uno; cuando aparecieron los Saiyajins, los androides y los monstruos cósmicos, la escala de poder se disparó a niveles absurdos. Para un humano normal, mantenerse a ese ritmo requiere un nivel de obsesión y sacrificio inhumano. Yamcha se dio cuenta de que, por mucho que se esforzara, su vida iba a estar constantemente en peligro mortal frente a monstruos contra los que poco podía hacer.

Y dos; a diferencia de Goku o Ten Shin Han, que viven por y para las artes marciales, Yamcha siempre quiso una vida normal. Quería gustarle a las chicas, tener popularidad, una carrera y tranquilidad. Por eso derivó su disciplina deportiva hacia el béisbol —donde, por cierto, ¡era una superestrella indiscutible gracias a su entrenamiento!— y luego se acomodó a una vida más terrenal.

Como su maestro, te digo que no me parece mal que un alumno decida retirarse del combate mortal para buscar la felicidad a su manera. La Escuela Kame enseña a vivir bien, no a buscar la muerte en batalla.

Sin embargo... la pena es que perdió la constancia. Dejó que la comodidad y cierta coquetería infantil eclipsaran al gran guerrero que llevaba dentro. Si hubiera mantenido el espíritu de superación que tenía en su juventud, hoy sería un baluarte tan respetado como Krillin.

Decidió cambiar la túnica de combate por una vida pacífica. No es que se echara a perder del todo... simplemente eligió ser un hombre común en un mundo que no paraba de exigir héroes.

P: Antes de seguir, conteste un par de aspectos. ¿Cuántos años tiene y si en realidad es inmortal?


R: A día de hoy, tengo nada más y nada menos que más de 300 años. Concretamente, ando rondando los 350 años de edad. ¡Llevo caminando por este mundo un buen par de siglos!

Ahora, respecto a lo de si soy inmortal...

Durante mucho tiempo circuló el rumor de que había bebido el Agua de la Inmunidad (o el Agua de la Vida Eterna), un elixir místico que supuestamente me concedió la inmortalidad. Sin embargo, la verdad es que no soy inmortal en el sentido estricto. No puedo morir de viejo ni por enfermedades comunes gracias a mi entrenamiento, la meditación y ciertas hierbas mágicas —como la Hierba del Paraíso que le pedí a Goku y Krillin que me trajeran para extender mi vida otros mil años más—.

Sin embargo, sí puedo morir por causas violentas o por agotar mi energía. De hecho, ¡recuerda que fallecí cuando usé el Mafuba contra el Rey Piccolo, y tuve que ser resucitado con las Esferas del Dragón! Así que, más que inmortal, digamos que poseo una longevidad extraordinaria y eterna juventud biológica, pero mi cuerpo físico sigue estando sujeto a los peligros del combate.

Pero bueno, ¿qué son tres siglos y pico cuando uno se siente tan joven y en forma como para seguir tomando el sol en Kame Island?

P: Pero su hermana Uranai Baba es bastante mayor que usted, ¿cuántos años, exactamente?


R: Si mi hermana Uranai Baba escuchara que andamos aireando su partida de nacimiento, me lanzaría una maldición o me cobraría una millonada sólo por respirar cerca de su bola de cristal.

Pero respondiendo a tu pregunta... mi querida y cascarrabias hermana mayor me saca un buen pellizco de siglos. Mientras que este servidor ronda los 350 años, Baba tiene más de 500 años. De hecho, se sabe que lleva ejerciendo como adivina desde hace más de cinco siglos.

Eso significa que nos llevamos, aproximadamente, unos 180 a 200 años de diferencia. ¡Casi nada! Cuando yo apenas era un jovenzuelo dando mis primeros pasos en las artes marciales, ella ya llevaba un par de siglos flotando en su bola mágica y pidiéndole oro a la gente para leerles el futuro.

Eso sí, no me preguntes cómo lo hizo para vivir tanto tiempo antes de que yo descubriera mis propios métodos de longevidad, porque los secretos de las brujas y la magia son un misterio que ni este sabio maestro se atreve a cuestionar. ¡Bastante tengo con aguantar sus regaños cada vez que voy a visitarla!

P: Tranquilo, no lo haré. Por cierto, ¿Qué generación de alumnos que ha tenido considera mejor? ¿La de Gohan y Ox Satán o la de Goku y compañía?


R: Es como pedirle a un padre que elija a su hijo favorito. Pero como maestro de artes marciales, debo juzgar esto con objetividad y justicia.
Si comparo la generación de Son Gohan (el abuelo) y Ox Satán con la generación de Goku, Krillin y Yamcha, la respuesta corta es que la generación de Goku es indudablemente la mejor. Sin embargo, déjame explicarte por qué, porque cada una tuvo su razón de ser en la historia de la Escuela Kame.

Gohan y Ox Satán fueron mis primeros grandes alumnos tras muchos años de soledad. Eran extraordinarios. Son Gohan era un luchador refinado, disciplinado, noble y con un dominio de las artes marciales impecable; de hecho, para mí siempre fue un orgullo inmenso la clase de hombre en la que se convirtió. Ox Satán, por su parte, tenía una fuerza bruta colosal y una devoción tremenda.

Sin embargo, esa generación tuvo una limitación: se quedaron en el ámbito terrenal. Alcanzaron el techo de lo que un humano común podía concebir en esa época. Además, tras terminar su entrenamiento, ambos tomaron caminos aislados y no tuvieron esa rivalidad constante que hace que un guerrero rompa sus propios límites una y otra vez.

La generación de los otros no sólo superó mis expectativas, sino que redefinió lo que significan las artes marciales en el universo.

Juntar a Goku y a Krillin fue el mayor acierto de mi vida. Se empujaban el uno al otro a superarse cada día. Cuando uno alcanzaba un nivel, el otro trabajaba el doble para alcanzarlo.

Con ellos llevé la filosofía de la Escuela Kame al máximo exponente: "Trabajar duro, estudiar bien, comer bien y descansar bien". Con el caparazón a la espalda no solo construyeron cuerpos capaces de resistir el ki de los dioses, sino que construyeron un espíritu inquebrantable.

Goku y Krillin llevaron el nombre de nuestra escuela desde el Gran Torneo de las Artes Marciales hasta los confines del universo y el Torneo del Poder.

Pero sin el abuelo Gohan, Goku nunca habría tenido esa primera base moral y marcial, así que le debo un respeto eterno a mi primera generación. Pero si tengo que elegir la mejor, la más completa y la que llevó la bandera del Dragón y de la Tortuga a lo más alto... sin duda me quedo con la generación de Goku y sus amigos.

P: Algunos dicen que es porque tuvieron que enfrentar peligros que los otros no.


R: Quienes dicen eso tienen toda la razón, no se equivoca ni un milímetro esa teoría.

Verás, el verdadero crecimiento de un guerrero no ocurre en la comodidad del dojo ni haciendo mil flexiones al día en un entorno seguro. El verdadero potencial florece cuando estás contra la pared, cuando la vida de tus seres queridos —o del planeta entero— pende de un hilo y no te queda más opción que romper tus propios límites o sucumbir.

El contexto de la primera generación
El abuelo Gohan y Ox Satán entrenaron en una época de paz relativa. Sí, existían artes marciales y torneos, pero los mayores peligros a los que se enfrentaban eran bandidos, bestias salvajes o rivales de otras escuelas terrestres. Sus vidas rara vez estuvieron al borde del abismo de la forma en que lo estuvieron las de la siguiente generación. Cuando el riesgo es medido, el crecimiento tiene un tope natural.

En cambio, Goku, Krillin y sus compañeros no tuvieron un solo respiro.

Tuvieron que medirse contra el Ejército de la Cinta Roja, el Rey Piccolo, los Saiyajins, el tirano Freezer, los Androides y monstruos capaces de destruir galaxias.

Cuando te enfrentas a un enemigo que supera tu fuerza por cien veces, tu cuerpo y tu mente entran en un estado de supervivencia absoluto. O te superas, o mueres. Y mis muchachos rozaron la muerte más veces de las que puedo contar con los dedos de las manos.

La pérdida y la tragedia los templaron como el acero en la hoguera. Krillin y Goku sufrieron pérdidas devastadoras que convirtieron su entrenamiento en una misión sagrada para proteger la vida.

Así que sí: las circunstancias extremas los obligaron a ser mejores. Mis primeros alumnos aprendieron artes marciales para ser fuertes y sabios; la generación de Goku tuvo que dominarlas para que el mundo pudiera seguir existiendo al día siguiente.

Al final, las grandes crisis crean grandes leyendas.

P: Pero usted llegó a confrontar al Rey Piccolo en compañía de Mutaito y el que después sería el Maestro Tsuru.


R: ¡Ah... la era del Rey Piccolo! Pensaba que esa sombra del pasado ya descansaba en los libros de historia... pero veo que conoces bien la época más oscura que nos tocó vivir.

Tienes toda la razón, muchacho. Antes de que existiera la Escuela Kame, antes de Goku, e incluso siglos antes de que naciera el abuelo Gohan, el mundo vivió un verdadero infierno. El Rey Piccolo y su horda de demonios cayeron sobre la Tierra sembrando el caos y la muerte. Nada de lo que habíamos visto antes se le comparaba.

En aquel entonces, mi hermano de armas Tsuru (quien más tarde fundaría la Escuela Grulla) y yo éramos simples discípulos bajo la tutela de nuestro gran maestro, el legendario Mutaito-sama.

Aquella fue la primera vez que la humanidad se enfrentó a una amenaza de nivel catastrófico. Vimos a nuestros compañeros caer uno a uno, destruidos sin piedad por las tropas demoníacas. Tsuru y yo luchamos con todo lo que teníamos, pero no éramos más que hormigas ante el poder de Piccolo.

Fue ahí donde comprendí lo que significaba la auténtica desesperación. Vimos a nuestro estimado maestro Mutaito sacrificarse utilizando una técnica prohibida, el Mafuba, para encerrar a Piccolo en una olla de barro a costa de gastar la última gota de su propia vida.

Esa confrontación nos moldeó a todos, pero de formas muy distintas.

A Tsuru la impotencia y el miedo lo quebraron por dentro. Perdió la fe en la justicia y la compasión, convirtiéndose en un hombre amargado, obsesionado con el asesinato y la fuerza desalmada.

A mí me enseñó el valor sagrado de la vida y la responsabilidad de transmitir las artes marciales para proteger la paz. Me prometí que el sacrificio de Mutaito-sama no sería en vano.

Así que, volviendo a lo que hablábamos antes: sí, mi generación también conoció el infierno frente al Rey Piccolo. Pero la gran diferencia es que nosotros sólo sufrimos esa gran tragedia una vez en siglos, mientras que la generación de Goku se acostumbró a encarar ese tipo de crisis apocalípticas prácticamente cada dos o tres años.

Esa masacre nos dio la sabiduría para enseñar, pero a Goku y a los suyos, esa amenaza constante los convirtió en leyendas capaces de superar incluso a los dioses.

P: Siglos después, a su vuelta, llegó a sacrificarse combatiéndole, ¿cómo describiría ese combate si lo compara con el Torneo del Poder?


Jamás me lo habían planteado así. Son dos combates que marcan el principio y el fin de mi camino como maestro, separados por siglos y con espíritus totalmente opuestos.

Si tuviera que describir y comparar ambas batallas, la diferencia fundamental se reduce a dos palabras: desesperación contra esperanza.

Aquel enfrentamiento contra Piccolo Daimaō no fue un torneo ni una exhibición; fue una ejecución anunciada. Sabía perfectamente que no tenía la menor oportunidad de vencerlo en un combate directo. El poder de ese demonio nos superaba por completo y la Tierra estaba al borde de la extinción.

Describir ese combate sería redactar una tragedia de un solo acto.

La atmósfera resultó fría, oscura y sofocante. No había alegría, solo el peso de la muerte.

La motivación era un sacrificio por obligación moral. Sabía que al usar el Mafuba mi vida se apagaría al instante, tal como le ocurrió a mi maestro Mutaito. Tenía miedo, no lo voy a negar, pero era la última carta que le quedaba a la humanidad.

El resultado fue un golpe devastador. Fallar el tiro de la olla y ver cómo el demonio quedaba libre mientras mi energía se agotaba por completo... morí sintiendo el dolor del fracaso y la incertidumbre de dejar el mundo en ruinas.

Siglos después, en la arena del Torneo del Poder, la escala del peligro era infinitamente mayor —estábamos hablando de la borrado total de nuestro universo—, pero mi estado mental era el opuesto.

Describir este combate sería redactar un poema a la libertad y a la enseñanza. Resultó caótico y vibrante, rodeado de los seres más fuertes del cosmos, pero con el calor de mis alumnos luchando a mi lado.

No luché acorralado por el pánico, sino impulsado por la fe ciega en la nueva generación. Sabía que si yo caía o daba el último aliento, Goku, Krillin y los demás estarían allí para tomar el relevo y ganar.

Además, en lugar de un sacrificio agónico y solitario, fue una exhibición de maestría. Esquivar a Ganos o dar la lección sobre la Doctrina Egoísta no vino de la desesperación, sino de la paz interior y del dominio perfecto de una vida entera dedicada a las artes marciales.

Contra el Rey Piccolo luché como un sobreviviente amargado que intentaba pagar una deuda con el pasado. En el Torneo del Poder luché como un maestro realizado que disfrutaba de ver cómo sus semillas habían florecido.
En Piccolo encontré mi final más amargo; en el Torneo del Poder encontré la cumbre de mi existencia. Y gracias a las Esferas del Dragón y a mis muchachos, ¡puedo estar hoy aquí contándotelo en Kame Island!


P: ¿Le hubiera gustado que el Maestro Tsuru estuviera a su lado en esa dos ocasiones?


R: Si me preguntas si me hubiera gustado... la respuesta honesta es sí, de todo corazón. Pero no con el Tsuru amargado, rencoroso y despiadado en el que se convirtió, sino con el Tsuru que fue mi hermano de armas, mi compañero de entrenamiento y la persona con la que compartí la juventud bajo la tutela de Mutaito-sama.

En el combate contra el Rey Piccolo, en ese momento, cuando Piccolo volvió a sembrar el terror en la Tierra, no te imaginas cuánto deseé que Tsuru estuviera a mi lado. Éramos los dos únicos supervivientes de aquella tragedia original. Nadie más en el planeta entendía el dolor, la culpa y el peso que llevábamos sobre los hombros. Si él no se hubiera dejado consumir por el odio y el miedo, habríamos podido idear un plan juntos, apoyarnos mutuamente y tal vez ejecutar un Mafuba combinado o una estrategia que no hubiera terminado en mi trágica muerte en solitario. Pasar por ese calvario sabiendo que mi antiguo amigo estaba en el mundo pero se negaba a luchar por la paz... fue una soledad muy amarga.

Años después, en el torneo que decidía el destino del universo, el sentimiento fue diferente: fue una profunda lástima. Me habría encantado ver a Tsuru en la arena, luchando codo con codo con el Universo 7. Al fin y al cabo, la Escuela Grulla tenía técnicas absolutamente brillantes e ingeniosas —como el Dodonpa, el Kikōhō o la capacidad de volar— que habrían sido de una utilidad tremenda frente a los guerreros de otros universos.

Ver a los dos viejos rivales, los alumnos de Mutaito, peleando juntos una última vez para salvar la existencia misma... habría sido el cierre perfecto para nuestra historia. Habría demostrado que las diferencias entre la Tortuga y la Grulla podían superarse ante algo más grande.

Lamentablemente, él eligió el camino de la venganza y el resentimiento, mientras que sus propios alumnos, Ten Shin Han y Chaoz, tuvieron la valentía de liberarse de su sombra y elegir el camino correcto.

Al final, el destino nos separó. Pero este viejo maestro jamás olvidará los días en que Tsuru y yo corríamos por las montañas, soñando con ser los mejores luchadores del mundo.

P: ¿Qué cree que fue lo que le llevó al Maestro Tsuru seguir ese camino y, finalmente, convertir a su hermano Tao Pai Pai en uno de los asesinos a sueldo más sanguinarios que ha visto el planeta?


R: ¡Ah... la tragedia de la familia de la Grulla! Para entender a Tsuru y el monstruo en el que convirtió a su hermano pequeño, Tao Pai Pai, hay que entender qué le hace la impotencia y el miedo al alma de un hombre.

Tsuru no nació siendo malvado. De jóvenes, los dos buscábamos la perfección marcial. Pero cuando el Rey Piccolo atacó, el mundo de Tsuru se derrumbó. Ver a nuestros compañeros ser masacrados y presenciar cómo nuestro admirado maestro Mutaito tuvo que dar su propia vida para lograr solo un encierro temporal, le provocó un trauma insuperable.

Tsuru sacó la conclusión equivocada de esa tragedia: decidió que la compasión, el honor y la justicia eran debilidades que te llevaban a la muerte. Se convenció de que la única forma de no volver a sentirse jamás indefenso ni aterrorizado era alcanzar el poder absoluto a cualquier precio, utilizando la crueldad, el engaño y el asesinato. El miedo lo convirtió en un hombre paranóico y obsesionado con el dominio.

Tao Pai Pai era mucho más joven que nosotros. No vivió el trauma directo del Rey Piccolo de la misma forma, sino que creció bajo la sombra y la tutela de un hermano mayor amargado y obsesionado con la efectividad destructiva.
Tsuru volcó toda su filosofía retorcida en la crianza y entrenamiento de su hermano.

Le enseñó que las artes marciales no eran una vía de superación personal o espiritual, sino una herramienta de ejecución. Le inculcó que la vida humana no valía nada frente al oro y la reputación de ser el más temible.

Fomentó en Tao Pai Pai un ego descomunal. Convertirse en el asesino a sueldo más sanguinario del mundo era, para la Escuela Grulla, la prueba máxima de superioridad sobre la humanidad y, especialmente, sobre mi Escuela Kame.

Tsuru usó a Tao Pai Pai como el brazo ejecutor de su propia sed de poder y venganza contra el mundo. Quería demostrarle a la memoria de Mutaito-sama —y a mí— que la piedad era inútil y que solo los despiadados prevalecían.
Al final, es una historia profundamente triste.

Tsuru dejó que el miedo al mal lo transformara en el mismo mal que una vez juró combatir, y arrastró a su propio hermano a ese pozo sin fondo.

Afortunadamente, el destino quiso que jóvenes como Goku, Ten Shin Han y Krillin demostraran que la luz y el honor siempre terminan venciendo a la sombra.

P: ¿Hay diferencias en cómo lograron redimirse Ten Shin Han y Chaoz respecto a Piccoro?


R: Claro que hay diferencias, ¡y muy grandes! Aunque los tres empezaron en el bando de las sombras y terminaron siendo pilares indispensables para proteger la Tierra, el camino de Ten Shin Han y Chaoz fue una redención de la conciencia y la ética, mientras que el de Piccolo fue una metamorfosis de la naturaleza y el afecto.

Déjame explicártelo como el viejo observador de almas que soy.

Ten Shin Han y el pequeño Chaoz no eran intrínsecamente malvados; eran víctimas de un adoctrinamiento despiadado. Crecieron bajo la tutela de mi viejo rival Tsuru y de Tao Pai Pai, creyendo firmemente que el camino del luchador era la crueldad, el asesinato y la arrogancia.

Su cambio ocurrió en la arena de combate, bajo las reglas y la luz de las artes marciales. Fue en el 22.º Torneo de la Fuerza donde mi intervención, y sobre todo la pureza y la nobleza de Goku, los hicieron despertar. Ten Shin Han vio que se podía ser extraordinariamente fuerte sin necesidad de ser un asesino sin alma.

Su redención fue un acto consciente de rebeldía moral. Ten Shin Han tuvo la valentía de encarar a su propio maestro Tsuru, romper con la Escuela Grulla y pedirme disculpas. Decidió abrazar el honor y la justicia por convicción propia, arrastrando a Chaoz —que lo seguía con una lealtad ciega e inocente— hacia el camino de la luz.

Lo de Piccolo (Piccolo Jr.) fue algo completamente distinto y mucho más complejo. Él no era solo un alumno descarriado; él era la reencarnación física y espiritual del Rey Piccolo, una criatura nacida con el único propósito biológico y místico de destruir el mundo y vengarse de Goku. Llevaba la maldad pura grabada en su ki.

Su redención no vino por un debate de honor marcial en un torneo, sino por una alianza de supervivencia contra los Saiyajins y, sobre todo, por el vínculo con un niño: Gohan.

Al principio, Piccolo solo entrenó al pequeño Gohan para usarlo como un arma. Pero la pureza, la inocencia y el cariño sincero de Gohan —quien fue la primera persona en la historia que no lo miró con miedo ni odio, sino como a un maestro y un amigo— derribaron la muralla de odio de Piccolo. Cuando Piccolo se interpuso para recibir el ataque de Nappa y salvar a Gohan, dando su vida por el hijo de su peor enemigo, su naturaleza demoníaca murió para siempre. Más tarde, al fusionarse con Kami-sama, recuperó su equilibrio ancestral.

En resumen; Ten Shin Han y Chaoz se redimieron al descubrir la verdad de las artes marciales y rechazar una doctrina falsa. Cambiaron la arrogancia por la humildad y el honor.

Piccolo se redimió al descubrir el amor y la compasión. Dejó de ser un demonio para convertirse en un protector y, prácticamente, en un segundo padre para Gohan.

Al final, todos demostraron que no importa de dónde vengas ni quién haya sido tu maestro o tu padre: siempre tienes la libertad de elegir quién quieres ser.

P: ¿Podríamos decir que terminaron alejándose de lo que les estaban imponiendo?


R: Esa es la palabra exacta: imposición.
Si te fijas bien, el gran drama de Ten Shin Han, Chaoz e incluso de Piccolo —y podríamos sumar a esta lista a la mismísima Número 18 o al propio Vegeta— era que estaban viviendo la vida que otros habían diseñado para ellos. Ninguno de ellos eligió libremente su camino al principio; simplemente estaban cumpliendo un mandato.

Ten Shin Han y Chaoz ejecutaban la venganza, el odio y la soberbia que el Maestro Tsuru les había metido en la cabeza desde que eran unos críos.
Piccolo cargaba con la obligación biológica de ser un demonio y vengar a su padre, un destino que le fue grabado a fuego antes de salir del huevo.

Al romper con esas cadenas, no solo salvaron a la Tierra: se salvaron a sí mismos. Tuvieron la valentía de decir "esta no es mi vida, este no soy yo". Cambiaron el destino impuesto por su propia voluntad.

Y de eso se trata precisamente la verdadera filosofía de la Escuela Kame. Las artes marciales no son para convertirte en el esclavo del deseo de otra persona, ni para cumplir las expectativas de un maestro o de un linaje. Son para darte la fuerza física y mental de ser dueño de tu propio camino, vivir con libertad y proteger a quienes quieres.

Aquel día en el Gran Torneo, Ten Shin Han le dio la espalda a Tsuru, o el día en que Piccolo decidió proteger a Gohan, dejaron de ser peones en las guerras de otros para convertirse en verdaderos hombres y maestros de su propio destino.

P: Y ahora, si tiramos del lado personal, ¿ha logrado tranquilizarse? ¿Ha dejado de lado ese lado pervertido del que le acusan?


R: Bueno... digamos que este viejo maestro ha alcanzado una "madurez refinada", por llamarlo de alguna manera elegante.

Si me preguntas por ese aspecto... como te conté cuando hablábamos del Torneo del Poder, me vi obligado a tomarme las cosas muy en serio. Tuve que someterme a un entrenamiento de purificación mental y autocontrol sumamente estricto para erradicar cualquier debilidad de mi corazón que pudiera poner en peligro la existencia de nuestro universo. ¡Tuve que domar mis instintos más primarios con pura fuerza de voluntad!

Así que, en lo que respecta a las batallas y a la responsabilidad como guerrero y maestro, se podría decir que he logrado un control absoluto. La supervivencia del cosmos me enseñó a mantener la cabeza fría y el espíritu sereno cuando las circunstancias lo exigen.

Ahora bien... ¡tampoco me pidas que me convierta en una estatua de piedra! Sigo siendo un anciano con el corazón joven que disfruta de la belleza del mundo, de una buena revista de trajes de baño y del aire libre en esta maravillosa isla. Digamos que he aprendido a controlar mis impulsos, ¡pero no he perdido la alegría de vivir ni el gusto por las cosas buenas!

Un buen maestro debe saber cuándo ser un pilar de disciplina y cuándo relajarse bajo el sol de Kame Island.


P: ¿No le gustaría, por ejemplo, seguir teniendo a Lunch a su lado?


R: ¡Ah... Lunch! ¡Qué gran nombre has traído a la memoria! La verdad es que sí, no te lo voy a negar. A este viejo le encantaría volver a ver a esa muchacha correteando por la isla.

Kame House era un lugar mucho más alegre y dinámico cuando ella estaba aquí con nosotros. Tenía una dinámica verdaderamente única.

La Lunch de cabello azul era la dulzura personificada. Cocinaba para todos, mantenía la casa impecable y nos cuidaba a Krillin, a Goku y a mí con un cariño de hija o de hermana pequeña. Traía una paz maravillosa a este pedazo de tierra en mitad del océano.

La de cabello rubio... ¡Bueno, con ella nunca había un segundo de aburrimiento! En cuanto estornudaba, la casa se convertía en un campo de tiro. ¡No sé cuántas veces tuve que esquivar ráfagas de subfusil mientras intentaba tomarme el desayuno! Pero incluso con ese carácter endemoniado y sus estornudos traicioneros, le teníamos un afecto enorme.

Cuando decidió marcharse para seguir a Ten Shin Han por todo el país... bueno, me dio cierta pena verla partir, pero entendí que los jóvenes tienen que buscar su propio camino y su propia felicidad. Ten Shin Han siempre fue un hombre muy serio y centrado en su entrenamiento, pero ella nunca se rindió en su empeño de estar cerca de él.

A veces me pregunto dónde andará metida o si de vez en cuando sigue cambiando de personalidad con un simple polvo en la nariz. Pero así es la vida en Kame Island: los alumnos crecen, los amigos toman sus rumbos y a los viejos nos queda el dulce consuelo de guardar sus recuerdos con una sonrisa.

P: ¿Y sólo está en compañía de Umigame? ¿Qué hay de Oolong?


R: ¡No, por favor! Estar a solas únicamente con Umigame (la tortuga) todo el santo día acabaría por volverme loco. La pobre tortuga es una excelente compañera de conversación, pero sus temas se reducen a la marea, las algas y lo rápido que pasan los siglos.

Oolong sigue viniendo por aquí muy a menudo. De hecho, ese cerdito glotón se ha convertido en una especie de inquilino semipermanente de la Kame House. Nos hacemos compañía mutua: pasamos las tardes jugando a las cartas, viendo la televisión, comiendo lo que encontramos en la nevera y, de vez en cuando, compartiendo alguna que otra revista "de investigación" que logramos conseguir. ¡Ese muchacho no ha cambiado un ápice sus costumbres!

Además, no te creas que la isla está siempre desierta. De vez en cuando aparecen por aquí Krillin, Número 18 y la pequeña Marron para pasar el fin de semana o traerme víveres. ¡Ver a Krillin haciendo de padre de familia en esta misma playa donde entrenaba de niño es un espectáculo que me alegra el corazón! Y, por supuesto, de tanto en tanto Goku aterriza de la nada con la Teletransportación solo para pedirme consejo o para comerse toda mi comida en cinco minutos.

Así que no te preocupes por este viejo. Entre las visitas de mis chicos, las tonterías de Oolong y la tranquilidad del mar, Kame Island nunca está del todo vacía. Tengo el retiro perfecto que cualquier anciano desearía.

P: ¿Ni siquiera visita a Karim y Yajirobe?


R: ¡Claro que los visito de vez en cuando! Aunque a mi edad, subir la Torre de Karin a pie ya no es el ejercicio diario que solía hacer cuando era un jovenzuelo... ¡aunque aún podría hacerlo si me lo propusiera!

Visitar al Maestro Karin siempre es un auténtico placer. Al fin y al cabo, es un colega de la vieja guardia. Pasamos horas conversando sobre los viejos tiempos, la evolución de los muchachos y, por supuesto, disfrutando de un buen té en lo alto de las nubes. Karin tiene esa sabiduría tranquila que siempre reconforta a un viejo maestro como yo. Además, ¡nunca viene mal estar cerca de la fuente de las Semillas del Ermitaño por si las moscas!

En cuanto a Yajirobe... ¡ese tipo es todo un caso! Sigue siendo tan vago y glotón como el primer día. Mientras Karin y yo intentamos filosofar o meditar, Yajirobe solo piensa en la hora de la comida o en echarse una siesta interminable. Pero, a su manera huraña, le tiene un gran cariño al gato y se ha convertido en el guardián no oficial de la torre. Verlos juntos es como ver a un matrimonio de viejos cascarrabias que no pueden vivir el uno sin el otro.

Así que sí, de vez en cuando me doy un paseo hasta allí para cambiar el aire del mar por el aire puro de las alturas. Es bueno mantener el contacto con los sabios que ayudaron a forjar el destino de este mundo.

P: Ya llegando al final, ¿cree que la Tierra y el Universo están a salvo con los guardianes que dispone? ¿Qué opina sobre los que serán sus herederos? Me refiero, en especial, a los hijos de Goku y Vegeta... pero me gustaría que hiciera especial hincapié en Uub.


R: Vaya forma de cerrar nuestra charla, jovencito... Tocas el tema que más ronda la cabeza de este viejo cuando me quedo a solas mirando el mar: el mañana.

Si me preguntas si la Tierra y el Universo 7 están a salvo... te diré que sí, pero no por las razones que la gente cree. No se trata de cuántos planetas puedan destruir con un rayo de energía, sino del espíritu que han heredado.

Gohan es la prueba viviente de que la fuerza sin corazón no sirve de nada. Gohan no ama la lucha por el simple gozo de pelear como su padre; él es un académico, un hombre de paz. Sin embargo, cuando las cosas se ponen verdaderamente feas y la vida de los suyos peligra, posee un potencial oculto que supera cualquier lógica. Es el escudo definitivo de la Tierra.

¡Goten y Trunks me recuerdan tanto a Goku y Krillin de niños! Tienen un talento aterrador, casi cómico por lo fácil que les resulta todo, pero les ha tocado crecer en una época de relativa paz y les falta esa disciplina implacable que te da la adversidad. Aun así, llevan la sangre de los guerreros más grandes del cosmos y el sentido del deber grabado en los genes. Cuando les toque madurar del todo, serán un dúo formidable.

Pero si hay alguien en quien tengo puesta mi mirada de maestro para el futuro lejano... ese es Uub.

Pensar en Uub me llena el alma de una emoción muy especial. Que la energía pura y destructiva del Pequeño Buu —un monstruo que casi borra la existencia— haya tenido la oportunidad de reencarnarse en un niño humano noble, humilde y con un corazón tan puro, es el triunfo definitivo de las artes marciales y de la vida misma.

Uub no nace con la arrogancia de los guerreros del espacio ni con el peso de un linaje de conquista. Es un muchacho de un pueblo pobre que solo busca ayudar a su familia. Goku vio en él no solo a un rival con un potencial inconmensurable, sino a su verdadero heredero espiritual.

Goku se fue a entrenarlo no solo para enseñarle a controlar esa fuerza divina y descomunal, sino para transmitirle la misma lección que yo le enseñé a él cuando era un crío con cola de mono en esta misma isla: usar el poder para proteger, para aprender, para sonreír y para ser mejor persona cada día.

Uub representa la combinación perfecta: la fuerza ilimitada de un demonio purificado, moldeada por la filosofía de la Escuela Kame a través de las manos de Goku. Él será la prueba de que la Tierra no necesita depender eternamente de los Saiyajins para estar a salvo; los humanos, con el corazón correcto, pueden alcanzar las estrellas.

Así que sí, mi joven amigo. Puedo cerrar los ojos tranquilo. La generación de Goku y Vegeta rompió los límites de los dioses, y la generación que viene detrás —con Gohan liderando, los jóvenes creciendo y Uub como la gran promesa del mañana— tiene el poder y la nobleza necesarios para cuidar este universo.

El legado de la Tortuga, la fuerza de la humanidad y el espíritu de la justicia están en buenas manos.

P: ¿Y sobre Pan?


R: ¡Pero qué cabeza la mía! ¡Cómo se me iba a olvidar la pequeña Pan! Si no hablo de ella, ¡Gohan y Videl vendrán volando a pedirme cuentas!

¡Ah, la pequeña Pan es una fuerza de la naturaleza! Si te soy sincero, de todos los jóvenes de la nueva generación, ella es la que tiene la chispa más ardiente y el espíritu más combativo desde la cuna.

Pan no es una niña común y corriente. Lleva en sus venas una combinación genética sencillamente fascinante.

La sangre Saiyajin de Goku y Gohan: tiene una fuerza y una facilidad para controlar el ki que a su edad roza lo absurdo. ¡Si casi aprendió a volar y a pelear antes que a caminar!

El carácter y la garra de Satan y Videl: heredó la valentía, la determinación sin filtro y ese carácter firme de su madre Videl, sumado a la seguridad arrolladora de su abuelo Satan. ¡Esa niña no le tiene miedo a nada ni a nadie en el universo!

A diferencia de Goten y Trunks, que a veces se acomodan un poco en la paz, Pan tiene una pasión pura e innata por la lucha y la aventura, idéntica a la que tenía Goku cuando lo conocí por primera vez en esta misma playa. Le encanta entrenar, no se rinde jamás y tiene un sentido de la justicia que da gusto ver.

Además, tiene a su lado al mejor tutor que pudiera desear: su tío Piccolo. Ver al antiguo Gran Rey Demonio enseñándole artes marciales a la pequeña Pan con tanto cariño y paciencia es una de las estampas más hermosas que me ha tocado presenciar en mis trescientos años de vida.

Si Uub es el heredero espiritual de la fuerza y la técnica de Goku, Pan es la heredera de su alegría, su valentía y su amor por la aventura. Con ella en el equipo, te aseguro que el legado de la familia no solo está a salvo, sino que tiene asegurada una chispa de energía e inocencia para muchas décadas más.

Cuando esa niña crezca del todo... ¡el universo entero va a tener que ponerse a temblar!

P: Y usted, ¿qué papel jugará a partir de ahora?


R: ¿Mi papel? El mismo que he tenido durante los últimos doscientos años, mi joven amigo: ser el anciano que observa, aconseja y disfruta del paisaje.

A mis trescientos cincuenta años, mi tiempo en la primera línea de batalla ya ha cumplido su ciclo. En el Torneo del Poder demostré —y me demostré a mí mismo— que este viejo aún tenía una última gran lección que enseñar sobre la experiencia y el dominio del espíritu por encima de la fuerza bruta. Fue mi carta de despedida a las grandes guerras del universo.

A partir de ahora, mi papel se reduce a tres cosas fundamentales.

Lo primero es ser puerto seguro y el faro de la memoria.

Kame House siempre será el hogar al que Goku, Krillin, Gohan y los demás puedan volver cuando necesiten recordar quiénes son y de dónde vienen. A veces, cuando luchas contra seres que mueven galaxias, lo que más necesitas no es más poder, sino sentarte en la orilla del mar, tomarte una bebida fría y escuchar a un viejo que te recuerde por qué estás luchando.

El segundo aspecto es ser consejero en la sombra.

 Aunque Goku sea un maestro para Uub y Piccolo esté educando a Pan, la experiencia no se compra con poder de pelea. Siempre estaré aquí para cuando tengan dudas sobre el espíritu, sobre la vida o sobre el camino del guerrero. El conocimiento de la Escuela Kame no muere, se transforma.

Y por último, disfrutar de la paz que ayudamos a construir.

¡No te olvides de eso! Si nos dejamos la piel luchando en el pasado fue precisamente para esto: para poder sentarnos bajo la sombrilla, ver los atardeceres, jugar a las cartas con Oolong, discutir amablemente con Umigame y, de vez en cuando, hojear alguna revista entretenida al sol. La paz también hay que saborearla.

En definitiva, el mundo ya no necesita que el Maestro Roshi lo salve. El mundo sólo necesita que este viejo siga estando aquí, sonriendo, recordando a los caídos y celebrando el brillo de la nueva generación.



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