Una pintura con historia
Observó el cuadro. Era grotesco. Visceral. La fealdad y lo nauseabundo dibujaban cada esquina. Cada rincón. Cada diminuto punto de su tela. No lo comprendía. ¿Cómo era posible que estuviera expuesto? ¿Qué era lo que hacía que la gente estuviera atraída por él?
- Sé lo que piensas - escuchó decir justo a su lado a una voz familiar -. Pero cuenta la leyenda que en otro tiempo fue hermoso. Brillante y lleno de colores. La necesidad hizo que terminara tal y como está. Y, desde nuestra perspectiva, su creador tuvo un trágico final.
Silencio. Meditaba sobre las palabras escuchadas. "Bien, entonces... ¿cuál es esa historia? Y viniendo de ti, el Martos de lo lúgubre, nada bueno puede ser".
Su acompañante sonrió. Incluso soltó una ligera, y cínica, risita.
- Vale, aunque has de saber que te la contaré en tercera persona. De la misma manera que lo hicieron conmigo.
- Pues... adelante.
***
"De la pintura salía un olor nauseabundo. En ella podía distinguirse los rastros del pus que supuraba la tela desde los granos gangrenados. Aún así, Damián estaba cada vez más obnubilado con todo ese ambiente. Y encontraba, además, la felicidad y lo placentero en todo ello. Su apariencia anterior, tan radiante y simétrica, le echaba hacia atrás. No era real. Su artificialidad le resultaba execrable. Sin embargo, la de ahora era romántica y llena de calor.
"El muchacho, quien apenas tendría unos 20 años, extendió su mano. Acarició el rostro plasmado con pasión. Con un ardor que nunca antes llegó a atravesarle. Y la figura representada le guiñó el ojo. Le pidió más de aquel toque. Le reclamaba que lo necesitaba como nunca antes había precisado de algo. Damián accedió. Estaba dispuesto a darle todo lo que pidiera. Ante esto, agarró la mano del ente dibujado y lo arrastró al mundo exterior. Al real.
"Y pudo mirarle directamente a los ojos. Le parecieron tan hermosos... estando bañados en sangre. Pequeños gusanos alimentándose de su carne nadaban en ellos. Eran la quintaesencia de las maravillas de la naturaleza. Cogió aire y suspiró. La maravillosa fragancia de la putrefacción le resultó lo más dulce que hubiera presenciado. Una inmediata erección emergió y lo acercó hacia sí dándole un ardiente y doloroso beso.
"Este fue correspondido al mismo tiempo que su suplicante expresión comenzaba a ser azuzada. Cada vez más fuerte y a un ritmo mayor. Entonces, a través de una endiablada maniobra, Damián sintió cómo le daban la vuelta y dejaban expuestos sus muslos traseros. El miembro de la criatura acarició su entrada anal y fue introduciéndose con vigor. Lentamente, pero con una fuerza endiablada.
"- Esta es la muestra de tu orgullo. De la necesidad de ser recordado por la Eternidad a cualquier precio - le susurró al oído el ente salido del cuadro -. Es tu recompensa. Tu premio por no dejar que la belleza impere en el mundo. Después, al acabar, nos uniremos en un abrazo de siniestra fealdad que trascenderá la historia.
"Las embestidas eran cada vez más potentes. Y anárquicas. Los dos estaban cerca del clímax. Ninguno decía nada. Sólo jadeaban dejándose llevar por la rabia que representaba todo el acto carnal. Entonces llegaron. Primero Damián. Luego el ser a la par que continuaba hasta volver a recrearse con otra venida.
"- Acompáñame - le ordenó la figura -. No va a haber despedidas. Olvídate de tus seres queridos, aunque de sobra sé que no quieres a nadie. Ahora estoy a tu lado. No te va a hacer falta nadie más. Así será... por... y para siempre".
***
En cuanto terminó el relato, observó a Martos directamente a los ojos por primera vez.
- ¿Me estás diciendo que lo que vemos en la pintura es la decadencia de su autor?
- No, Cristian, te estoy diciendo que es Damián personificado. Su ruina. Aunque él lo vería como su liberación.
- ¿Liberación? ¿A qué te refieres?
- Pues que es la imagen que en su tiempo tenían de su condición, si hoy fuera justo describirlo así. Por eso la fealdad. Es la forma en la que lo veían.
- Ya veo... ¿pero de él no llegaron a saber más?
- Sí y no. Lo que es conocido lo es por sus cuadros. Son todos hermosos y bellos según nuestro paradigma. Y para él esa magnificencia era su cárcel. Desde su punto de vista, el Paraíso era la celda que le tenían prometida. Y decidió internarse en esa mazmorra. Ahí encontró su propia aceptación.
- ¿Pero qué fue de Damián?
- Dicen que murió apaleado cerca de una calle de aquí. Por la noche... en plena madrugada al salir de un bar....
- ¿Hace cuánto?
- Quizás poco más de medio siglo... aunque podría haber sucedido ayer mismo...


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