El trámite de la conversación




- Bien, ¿cómo está? ¿Le duele la cabeza? -quiso saber el agente.

- Parece que me la estuvieran martilleando por dentro. Es un dolor insoportable.

- Imagino que en el hospital le habrán dado calmantes para ello.

- Sí, lo han hecho.

- Vale, de acuerdo. Ahora necesito que me cuente todo.

- ¿Dese el principio?

- Sí, desde el principio.

- Está bien. Pero déjeme hacer un poco de memoria.

- Tómese todo el tiempo que necesite.

***


"Cuando esta tarde llegué a casa me sorprendió el olor a comida recién hecha. Mi mujer iba a pasar el fin de semana con los niños y sus padres. Viven en un pueblecito que está a las afueras de la ciudad. Y yo me quedé porque tenía trabajo acumulado.

"Pensé que los habría dejado allí. Que había vuelto. No hubiera sido la primera vez que lo hacía. Dejarlos allí y regresar dándome una sorpresa. Así que la saludé y fui directo a la habitación. No contestó. Así que supuse que no me escuchó.

"Dejé las cosas del trabajo y me cambié de ropa. Me puse la que suelo llevar cuando ando por casa. Después, fui al baño. Tenía que mear. Así que nada más hacerlo me lavé las manos y la cara.

"Cuando llegué a la cocina vi la mesa preparada. Había dos platos en cada punta. Y unas flores en el centro, además de un par de velas encendidas. No sé exactamente qué era lo cocinado, pero olía muy bien. Pero mi mujer no estaba allí. La llamé. No me contestó.

"Insistí. Seguí sin tener respuesta. Había un silencio absoluto. Ni siquiera estaba encendida la radio. Y eso tuvo que haberme extrañado. Ponerme en alerta. Siempre la tiene puesta cuando cocina.

"Entonces escuché una voz detrás mío. «La cena está lista», decía. Era masculina. Me quedé congelado. Casi sin poder moverme. No sé cómo me di la vuelta. Un miedo atroz me recorría el cuerpo. Nada más hacerlo, en cuanto me giré, me dieron un golpe en la cabeza.

"Caí al suelo. Hasta intenté levantarme. Y al hacerlo recibí otro. Ahí me quedé inconsciente. Lo último que recuerdo es estar tirado sobre las baldosas de la cocina. Eran frías. Muy frías. Cuando desperté estaba sentado en una de las sillas estando maniatado de pies y manos. Dolía mucho. Los nudos estaban atados con mucha fuerza.

"Delante mío había un tío corpulento. Mediría metro ochenta, pero pesaría cerca de los 100 kilos. No era calvo, pero tenía la cabeza completamente rapada. Además, estaba recién afeitado. Eso hacía que sus ojeras fueran más profundas. Más oscuras. Y sonreía de una forma muy extraña. Parecía estar loco.

"- ¿No te acuerdas de mí? - fue lo primero que me dijo mientras se iba acercando. Casi rozó mi cara con la suya. Pude sentir su aliento. Estaba comiendo caramelos de menta.

"Le dije que no. No me sonaba de nada. Estaba aterrorizado. No entiendo cómo pude contestarle. Mi voz era intermitente. Entrecortada. Es la única forma que tengo de describirla.

"- ¿Cómo? Eso es imposible. Si yo te recuerdo a la perfección - cuando dijo esto se acercó aún más. Tanto que colocó su frente sobre la mía y me dio un pequeño golpe con ella. Aunque más bien sería un empujón. Era como si creyera que de esa forma fuera a reconocerle.

"Después de esto, se irguió y fue a coger una de las banquetas que tenemos en la cocina. La puso enfrente mío y se sentó en ella. Y cruzó las piernas y los brazos. Quise gritar pidiendo auxilio, pero no me dio tiempo. Se abalanzó encima mío tapándome la boca con una de sus manos. Creo que era la derecha. Tenía una fuerza tremenda.

"¿En serio no te acuerdas? Pues tendré que refrescarte la memoria - me dijo.

"Volvió a sentarse en la silla. Sacó un cigarro que tenía en un paquete del bolsillo de su camisa. Por cierto, era gris y negra. De esas de leñadores. También llevaba unos pantalones vaqueros y una botas de montaña. Parecían bastante viejas. Lo encendió y me soltó que todo había sucedido hacía cinco años. En un parque de la ciudad.

"Comentó que un día estuvo paseando por él. Y que vio a una persona que le debía dinero desde hacía mucho tiempo. Así que decidió darle una lección. Después de esconderse detrás de un árbol, esperó a que llegara a su altura. En cuanto lo hizo, se abalanzó y lo tiró al suelo poniéndose sobre él. Allí comenzó a darle puñetazos. También rodillazos. Comentó que se levantó y siguió golpeándole de esa forma. Que lo estaba disfrutando.

"Entonces, alguien se tiró encima suyo. Y que con una llave de judo, o algo así, le inmovilizó hasta que llegó la Policía. Cuando lo hicieron, le esposaron y lo llevaron a la comisaría. Pero, a pesar de eso, estaba satisfecho. A aquel tipo le había dado su merecido. Además, se sentía contento. Había memorizado la cara del que lo frenó. Y eso quería decir que ya tenía otro objetivo. No sabía cuánto le costaría vengarse, pero que tarde o temprano llegaría ese día.

"No sabía qué decir ante ello. Estaba muerto de miedo. Pero llegué a preguntarle que qué tenía que ver yo con todo eso.

"- ¿Cómo que qué tienes que ver? -gritó lleno de furia. Comentó que yo era la persona que le había hecho la llave. Que había sido muy listo despistándole. Escondiéndome. Pero que al final me había encontrado y que tendría que pagar por todo lo que le hice. Por todo lo que sufrió desde entonces.

"Todo eso me dejó descolocado. ¡Es que no tenía ningún sentido! ¡Sólo llevo medio año viviendo en esta cuidad! ¡Es que hasta que vinimos nunca la había pisado!

"Se lo dije. Prácticamente como se lo he dicho a usted. Se lo dije hasta en cuatro ocasiones mientras me decía una y otra vez que le estaba mintiendo. Que él nunca se equivocaba.

"Entonces, mientras daba vueltas por la cocina completamente enloquecido, volvió a pararse delante mío y acercó su cara a la mía.

"-¿Me estás diciendo la verdad? ¿Cómo podrás convencerme de que me estás diciendo la verdad?

"Lo único que se me ocurrió fue que fuera a la sala de estar. En uno de los armarios podría encontrar los papeles de la compra de la casa. Ahí estaba indicado todo. Y también que encontraría los del alquiler de la vieja. En ellos está señalado su dirección.

"Se paró delante mío completamente erguido. Con las dos manos metidas en el bolsillo del pantalón. No dijo nada. Sólo me miraba de arriba abajo. De repente, se dio la vuelta y fue a la sala.

"Le escuché rebuscar en los cajones. También el sonido cuando los abría. El de los papeles al sacarlos y pasarlos de uno en uno. De repente, todo quedó en silencio.

"Volvió. Entró en la cocina. Me miró fijamente mientras enlazaba los brazos. Entonces, tras soltarlos, metió una de sus manos en el bolsillo y sacó una enorme navaja. Pensé que me la iba a clavar, pero volviendo a ponerme su mano libre en la boca, me dijo que callara. Que me iba a soltar y que no dijera nada.

"En cuanto lo hizo, repitió que callara. Y con un gesto de su mano, que me quedara sentado allí. Salió corriendo hacia la puerta. La abrió, dio un portazo al salir y desapareció".

***


- Bien, vamos a hacer una cosa - comentó el agente -. Voy a pasarle una fotografía. Quiero saber si este individuo es el que le atacó.

- De acuerdo.

Le entregó un folio. En él, con los datos tapados por unas franjas de tinta, estaba impreso el rostro de un hombre. Tenía el pelo rizado y una poblada barba con la misma características. Pero sus ojeras eran inconfundibles. Al igual que el contorno de sus labios. Además, su corpulencia era muy similar. Tal vez un poco más gruesa. Aquel que estuvo delante suyo era más musculoso. Como si tuviera la costumbre de ir al gimnasio.

- No podría decírselo al cien por cien, pero tienen mucho parecido.

- Deme un momento. Ahora mire esta.

Le ofreció otra hoja. Y esta vez sí pudo reconocer a aquel individuo. "Sí, este es".

- Bien. Son la misma persona, pero con cinco años de diferencia.

- Vale, de acuerdo. ¿Pero qué tengo que ver yo con todo esto?

- Nada. De hecho, la historia que le ha contado es mentira.

- ¿Cómo?

- Está interno en un psiquiátrico. Sufre de una grave esquizofrenia. Toda esa historia es producto de su mente. Se escapó hace una semana de la institución.

- ¿Cómo? ¿Lo han atrapado? ¿Es peligroso?

- No, no lo es. Es bastante pacífico. Y amable. Y sí, le han atrapado.

- ¿Y qué van a hacer con él?

- Intentaremos que se de cuenta de su propia fantasía.

- ¿Y eso cómo lo van a hacer?

- Pues lo primero sería que se percatara de que está delante de un médico y no de un agente de Policía.

- ¿Qué?

- Y lo segundo que ha sufrido un brote psicótico por el cual se ha visto envuelto en una rocambolesca aventura. Por lo menos, nadie ha resultado herido. Salvo él cuando saltó el muro del perímetro del centro.

- ¿Qué me está queriendo decir con todo esto?

- ¿Qué crees que estoy tratando de decirte?

- Pues...



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