Algo más de lo que rodeaba al bosque



- ¿Y no tenéis miedo de las leyendas que hay sobre este lugar?

Los cuatro jóvenes miraron sorprendidos al hombre. Rondaría los 50, y su corpulencia por años de duro trabajo físico podía atisbarse a través de sus raídas ropas.

- No, ¿por qué íbamos a tenerlo? Son sólo eso, viejas historias que pretenden atemorizar a los de fuera - contestó el más alto de ellos mientras lo observaba -. Venimos a pasar el fin de semana. ¿Por qué hemos de echarnos para atrás? No nos va a pasar nada.

- Puede que tengas razón - contestó -. Pero todas esas ideas tienen algo en su origen... en su raíz... es... un trágico suceso lo que las creó.

El chico no dijo nada. En su lugar, bebió un poco de la infusión caliente que les había ofrecido.

- ¿Y tú? - le preguntó a la única chica del grupo -. No te tomes a mal lo que voy a decirte. Pero, ¿qué haces en compañía de todos estos?

La chavala sonrió. No era la primera vez que la cuestionaban con ese mismo enfoque. "¿Pues por qué va a ser? Quiero que todos me follen a la vez. Hemos acordado cumplir la única fantasía que me queda por satisfacer".

Ante esta ocurrencia, rieron. Incluso el anfitrión que les había dado la bienvenida a su cabaña con tal de que no pasaran la noche a la intemperie. "Está bien, está bien... los tiempos cambian... no debería sorprenderme una cosa así... sólo faltaría que tuviera que decirte con quién puedes andar y qué hacer", expresó el varón encogiéndose de hombros.

- Pues eso mismo - soltó bruscamente la joven -. Pero esté tranquilo. No voy a ofenderme. Y muchas gracias por acogernos.

- No pasa nada - suspiró aliviado el hospedador -. No debería haber dicho semejante barbaridad. Bien, ¿os importa que me fume un cigarro?

- No, ¿por qué va a importarnos? Está en su casa...

- De acuerdo, muchas gracias.

Desabrochó el botón del bolsillo izquierdo de su camisa. De ahí sacó un paquete de tabaco, además de un mechero. Era pequeño, de los de "Bic". Prendió uno y comenzó a analizar el bosque que se le presentaba a través de la ventana.

- Disculpe - interrumpió entonces uno de los dos chicos que hasta entonces habían estado en absoluto silencio -. ¿Qué es lo que cuentan las leyendas? ¿Qué es lo que dicen?

No dejó de escudriñar la floresta después de escuchar esto. Siguió en la misma actitud pensativa. Meditativa. "Pensé que lo imaginaríais. Asesinatos a jóvenes como vosotros que vienen de acampada. Es como si hubiera habido un tiempo en el que esta zona quisiera defenderse de todo aquello que viniera de fuera. Pero hace mucho que no sucede nada. Sólo queda el folclore. Y este nos recuerda que siempre hay que estar atentos. Que esa batalla puede volver a repetirse".

- Vaya, ¿y por qué pasó? - inquirió el que no había abierto la boca -. No me irá a decir que es algo parecido al "Viernes 13". Que una madre se cobró venganza por la muerte de su hijo. Y que luego este hizo lo mismo tras descubrirse que seguía con vida.

- No, no es nada de eso - comenzó a decir mientras seguía con la vista puesta en el verde horizonte -. Habría habido una época en que alguien mataba a los que llegaban. Después, por lo que dicen, encontraban sus huesos. Estos estaban completamente limpios de carne. Parecían haber sido cocinados. Llegaron a la conclusión de que aquel que lo hacía terminaba por comérselos. Vamos, que era un caníbal. Pero eso sucedió hace unos 20 años. Poco antes de que comenzara a vivir aquí.

"Y cuentan también que las víctimas siempre eran jóvenes. De unos 25, más o menos, tal y como es vuestro caso. Por lo que parece, no atacaba a los que superaban esa edad. ¿Por qué? Nadie lo sabe. Tampoco el motivo de que dejara de matar. Fue como si la tierra se lo hubiera tragado. Algunos comentan que causó demasiado alboroto y desapareció. Otros que algo le habría pasado en el bosque y que está muerto".

El grupeto, estando sentados en los diferentes sillones de la sala de estar, no daba crédito a lo que oía.

- ¿En serio cree que vamos a tragarnos todo ese cuento de viejas? - comentó la joven -. Sin duda alguna, sería un buen tema para un trabajo de Sociología, o algo así, pero no tiene por dónde agarrarlo. No tiene sentido.

- ¿Seguro? - la interrumpió el más alto -. Tal vez está ahí fuera. Esperando a que seamos sus próximas víctimas. Y una chica como tú... sería lo que más ansía...

- ¡Imbécil!

Volvieron todos a reír. Fueron unas risotadas sonoras y alegres prolongadas durante casi un minuto. Ante estas, su anfitrión dio media vuelta con una afable y calurosa sonrisa.

- Bien - dijo -. ¿Queréis cenar algo? Estaréis cansados después de toda la caminata hasta llegar aquí. Tendréis que recuperar fuerzas.

Todos asintieron. Menos la chavala. "No, no hace falta; lo único que necesito es dormir", anunció.

- De acuerdo, pues, si quieres, sígueme y te mostraré la habitación en la que puedes pasar la noche. Después, llevaré a tus amigos a la cocina.

- No hace falta. Dormiré en este sillón. Es muy cómodo.

- Bien, como quieras. ¿Me seguís?

Sin decir nada, el resto marchó tras él mientras cruzaban el pasillo que llegaba hasta la cocina. Por su parte, ella dejó la taza en la gran mesa que ocupaba el centro de la estancia. Se acomodó en el mueble poniéndose un par de mantas por encima. Y, casi sin darse cuenta, se quedó dormida.

***


Fue despertada por la luminosidad que entraba a través de las ventanas. Al principio, no reconoció el lugar en el que estaba. La cabeza le daba vueltas. Y un pánico tremendo comenzó a invadirla. Estaba maniatada en sus cuatro extremidades. Y lo mismo sucedía con su cabeza. El poco movimiento que esta podía realizar le permitió ver las cuerdas. Además, tenía también su boca tapada. Era incapaz de gritar.

Sin comprender la situación, comenzó a tratar de moverse en el sillón. Fueron gestos bruscos y llenos de fuerza, pero no logró nada. "Estate tranquila", escuchó. Era una voz suave que procedía de las sombras habidas en una de las esquinas de la sala. Y en ella, había otro sillón en el que estaba sentado una persona. Aunque casi no la distinguía por la oscuridad que lo protegía, pudo distinguir a su anfitrión.

- Antes de nada, tienes que contestarme a una cosa - le dijo -. ¿Estás con la regla, verdad?

No contestó. No hizo ningún sonido que significara algo en concreto. "De acuerdo, eso quiere decir que la mordaza que llevas puesta está bien colocada", reveló el hombre.

- Te voy a decir por qué te he preguntado eso. La infusión que os di tenía un somnífero. Y este actúa mucho más rápido en las mujeres cuando estáis con el periodo. Y, al mismo tiempo, hace que tarde más en desaparecer su efecto. Pero no tienes de qué preocuparte. Es algo natural. Lo fabrico yo mismo con una serie de plantas que encuentro en el bosque. Además, le da un regusto bastante especial a la carne.

La chica trató de gritar. De soltarse. Pero nada pudo hacer. "Si no quieres cortarte con los cordeles... lo mejor será que pares", indicó el hombre. "¿Todavía no has entendido nada, verdad?".

Volvió a intentar liberarse. Y en esta ocasión, sus esfuerzos volvieron a resultar baldíos. "¿Todavía no has entendido nada, verdad?", repitió. La joven negó con la poca capacidad de gestualidad que disponía su testa.

- Está bien - comenzó a hablar el hombre -. Ese individuo del que os hablé anoche... lo tienes... justo delante tuyo. No es por nada personal. Ni siquiera os tengo odio. Ni a vosotros ni al mundo del que venís. Llevaba demasiado tiempo sin probar mi plato favorito. Y si no llega a ser por el hecho de que llegarais... seguiría así durante mucho más.

"Y sí... en su día tuve que frenar... estuvieron demasiado cerca de atraparme. Y no, nunca antes viví aquí aunque utilizara el bosque en mis cacerías. Decidí instalarme con tal de estar en el sitio que más cómodo me hace sentir. Siempre lo sentí como mi hogar. Así que me instalé y comencé a llevar una vida sin llamar la atención. Fue todo mucho más fácil de lo que puedes llegar a imaginar.

"Y ahora estáis aquí. Bueno, tus amigos están en mi despensa. Todos menos el alto. Ya lo tengo preparado. Será el plato principal de la cena de hoy. Si mis cálculos no me fallan... podré degustarlo durante una semana. Tengo una inmensa colección de recetas. Libros, VHS, CDs, DVDs... en todos los formatos que puedas imaginar. Lo único que hago es cambiarles la materia principal.

"Pero contigo todavía no tengo muy claro qué hacer. Se me ha pasado por la cabeza mantenerte cautiva e ir cebándote hasta que alcances el peso que quiero. Pero eso provocaría que la natural textura de tu carne se viera alterada. Además, en ello también influye la química segregada por el «shock». Sería demasiado tiempo conviviendo con ello. Quedaría un gusto agrio. Aunque te puedo prometer que no soy ningún monstruo. Sólo soy alguien con unos gustos que la sociedad rechaza porque no los comprende.

"¿Sabes la de gente que hay que no merece la existencia? Con esas podrían crearse criaderos que sirvieran de sustento. Con ellas podríamos disminuir la hambruna a lo largo del planeta. Y acabar con la exagerada población. Incluso podría llegar a ser un veredicto en los crímenes. Hay mucha más gente como yo. Muchísima. Pero la mayoría no ha tenido el valor de dar el paso que di en su día.

"Y no, no es que tenga un trauma originado en una infancia difícil. Simplemente me gusta el sabor de la carne humana. Me atrae, al igual que el sexo. Y sí, el alimentarse de un congénere puede describirse como una experiencia orgásmica. Además, no es lo mismo que una droga. Sus sensaciones no disminuyen con el paso del tiempo. Y menos aún te enganchan. Lo que hace es propiciar uno de los mayores placeres que hay en la vida.

"Lo que es adictivo es acabar con la existencia de otra persona. Eso sí que te atrapa. Es adrenalina pura. El observarla, tenderle una trampa, cazarla... por mi parte, he escogido este sistema. El de daros confianza y atraparos después de dejaros dormidos. Me gusta la caza de presa mayor. Me encanta ver cómo corréis por el bosque escapando. Me vuelvo a sentir igual que nuestros primeros ancestros.

"Así que... lo que voy a hacer contigo es soltarte. Pero antes voy a abrir la puerta de la cabaña. En cuanto corte las cuerdas, podrás salir por ella. Además, te daré treinta minutos de margen. Va a ser un juego entretenido. Más que nada porque sabes de sobra que no vas a poder escapar. No vas a encontrar a nadie que pueda ayudarte. Estás muy lejos de cualquiera. Y mientras huyes, lo único que te va a quedar es la esperanza de que te encuentre lo antes posible. Más que nada para que pueda dar final a tu sufrir".


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