Y SIENTE QUE LE VA GUSTANDO MÁS
La lengua bífida se lamenta.
Las fétidas escamas la cubren
llegando el olor a sus entrañas.
No encuentra consuelo.
Sólo siente el hedor.
La lengua bífida se fustiga.
Lo insano es el traje que la viste
haciéndole nacer crueles llagas.
No encuentra descanso.
Sólo siente dolor.
Una vez trató morderse.
Lo único que logró fue perder un trozo.
Y de él emergieron los gusanos
que del pedazo se alimentaban
y, a la par, de la lengua bífida también.
Lo más curioso de todo ese proceder
es que, después, los bichos obtendrían
la belleza al transcurrir el tiempo.
Pero la lengua bífida igual prosiguió
conviviendo con la peste.
Ese mal se enraizó.
Como la raíces que van extendiéndose
bajo tierra mientras buscan
los nutrientes de la vida.
Ese mal gangrenó.
Igual que los diccionarios le confieren
a lo negro la potestad
de ser cada verbo del mal.
La lengua bífida se carcajea.
La va cubriendo la podredumbre
y siente que le va gustando más.
No encuentra remanso.
Sólo siente rencor.


Comentarios
Publicar un comentario