LA BOLA DE NIEVE Y ATLAS
La bola de nieve
logró detener el mundo.
Fue con tranquilidad,
con mucha paciencia.
Y mientras, creció en tamaño.
Suave su ritmo fue.
Cargado de los esmeros
que traen las caricias
buscando dar la paz.
Transformar en algo nuevo.
Al fin, Atlas consiguió descansar
al librarse de su misión
que con tanto esmero forjó con sus artes.
Una roca usó a modo de banco
y mientras miraba la bola de nieve
fue cargando sus pulmones con el aire
con tal de reponer fuerzas.
Su corazón se llenó de gozo
y pudo de los quebrantos liberarse
mientras el sudor iba surcando su piel
al terminar la batalla.
Fijó, entonces, su atención en su propia fe.
En las veces que le tentó
la pena en el tirar de la toalla.
Y le dio por reírse
al sentirse por fin lleno.
Agarró la bola
de nieve y de su agua
bebió hasta verse saciado.


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