El origen de la fragancia del rey



Aunque la cabeza todavía le daba vueltas, decidió levantarse de la cama. Por suerte, el punzante dolor que sentía hacía unas horas que desapareció. Trató de seguir durmiendo en cuanto se despertó por su malestar. Fue al baño con mucha dificultad y regresó a la comodidad de las mantas y sábanas. Y ahora, tras volver a abrir los ojos, una exquisita fragancia llamó su atención.

Así sería que iría al salón y encontrara a su compañero de piso fumando un peta de una florida marihuana. Pero antes de ello, pasó por la cocina y cogió el paquete de cereales. Y vertió parte de su contenido en una taza de cerámica. Hasta arriba. Casi hasta que rebosara su tope. Pero no los mezcló con leche. En su lugar, agarró la botella con agua fría que guardaba en la nevera. No tenía el estómago en condiciones.

- Vaya, por fin hace acto de presencia la Bella Durmiente - comentó su compañero nada más verlo -. ¿No te da vergüenza? Capullo, son casi las cinco de la tarde.

- Anda, no me jodas... y pásame algo de eso - contestó -. ¿Qué? ¿Qué tal fue la noche? ¿Hubo suerte? ¿Pillaste cacho?

Su colega lo miró de arriba abajo. Y con asombro analizó lo destrozado que estaba. "Fue una noche tranquila; fumando y dándole a la lengua. Y por lo que veo... el que pilló fuiste tú... y una bastante seria... menudo careto llevas, chaval".

- Anda, déjate de chorradas. Ponte alguna peli de mierda y pásame el porro. Aunque sea un par de caladitas... aunque sea para calmar el «esmótago».

El colega comenzó a desparramarse en el sillón por el ataque de risa. "Estás hecho una mierda, chaval... anda, toma... relájate", comentó a la par que le ofrecía el canuto.

- Dios... esto es otra cosa... está de la ostia... uno puede alcanzar el Valhalla y todo.

- Creo que no... me suena que para ello tendrías que cascarla en batalla... siendo un héroe... y tal y como estás... pareces un piltrafilla... hay que ser hombre de día y de noche... chaval...

- Venga, deja de soltarme mierda... ¿qué? ¿Qué tal la noche? ¿Alguna novedad?

- Qué va... todo normal... menos por una rara historia que le dio por contar al Charly.

- Vaya... ¿y de qué iba?

- Pues es una de esas que le da por soltar cuando va todo fumado... en serio... tendría que escribir un libro con ellas. No tendría éxito, pero nos partiríamos el ojal.

- Venga, no seas cabronazo... cuéntala de una vez...

Con un silencioso gesto, su compañero le pidió que le devolviera el peta. Nada más recibirlo, dio una profunda calada y bebió un sorbo del café que tenía a su lado. Bajó el volumen de la televisión y comenzó a concentrarse en lo que a continuación contaría. Entonces, antes de volver a pasarle el porrillo, le dio otra honda chupadita.

- Pues iba sobre un rey que era inmortal. Nadie sabía si lo era de nacimiento. O si la consiguió mediante alguna poción. Tampoco cómo llegó al trono. Con qué métodos. De eso habían pasado 500 años. Y la gente lo olvidó. Pero lo que si tenían presente eran dos cosas. Una; que era un déspota. Un auténtico psicópata que disfrutaba haciendo la vida imposible a sus súbditos.

"La otra era que siempre vestía un abrigo. Y este estaba hecho con la piel de un dragón que fue cazado tiempo atrás. Decían que cayó a manos de uno de sus más valerosos soldados. Y al enterarse, el rey le tendió una trampa. Le acusó de traidor. De estar asociado con la bestia. Así que, tras eliminar al soldado, cargó sobre sus espaldas todos los honores de haber acabado con la vida del animal. El cual, por cierto, decían que, en realidad, era sabio y bondadoso. Así que la teoría que circulaba era que lo mandó matar porque podía suponer una amenaza hacia él.

"Hasta ahí lo que rodeaba a todo el asunto. Pero contaban también que el dragón, al igual que todos los de su especie, tenía un olor corporal que mezclaba el de la miel y las amapolas. Era gratificante. Además de poseer la cualidad de revivir las tierras marchitas. Fue por ello que el rey de marras decidió encargar el abrigo con su piel. Pretendía que su grandiosidad fuera percibida incluso antes de llegar a una zona en concreto. Tenía que dar la sensación de que era omnipresente.

"Aunque, tal y como te he dicho, ese rey era un auténtico desgraciado. Viendo esto, y lo que padecía el pueblo al que pertenecía, el sastre al que le encargaron la prenda tomó una decisión. La parte de piel con la que lo hizo pertenecía a la que había alrededor del ano del dragón. ¿Esto qué suponía? Pues que usaría el agujero del culo con tal de que el monarca pasara la cabeza por el al vestirlo. Además, por un lado, esa deliciosa fragancia llegaría a todos aquellos que estuvieran cerca de él. Pero el rey solo olería el repugnante y nauseabundo hedor de la cloaca anal del bicho.

"Así estuvo el rey durante doscientos años. Hasta el momento en que no pudo soportar más aquel sufrimiento y decidió que quemaran el abrigo. Y así lo hicieron tras ordenarlo. Pero aquel pestazo había traspasado hasta los rincones más recónditos y escondidos de su organismo. Por lo tanto, por mucho que se hubiera deshecho del abrigo, el asqueroso tufo le acompañaría siempre. Se había hecho uno con él.

"Fue tal la desesperación que sentía que lo único que pudo hacer fue acabar con su propia vida de la única manera que le era posible. Por lo tanto, ascendió hasta la montaña más alta del reino. Pero esta tenía la particularidad de que, en realidad, era un peligroso volcán cuya lava formaba un gran lago. Una vez allí, y mirando todo lo que dejaría atrás, le vino un chispazo de lucidez. Compendió lo que había sucedido. Pero no había marcha atrás. Y maldiciendo al sastre y a todo su reino, se tiró al magma acabando con sus días".

Sorprendido, su oyente dio una caladita al porro y se lo devolvió.

- Ya, y todas estas chorradas me las tienes que contar cuando estoy de resaca - expresó entre risas.

- Eh, chaval, haberte quedado y la hubieras oído en primera persona.

- Bueno, bueno... pues lo tenía merecido el monarca de marras...

- Ya te digo...


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