Por primera vez desde la Guerra sucedida en los Cielos



- ¿Por qué? ¿Por qué te santiguas si sabes que no te servirá de nada?

El párroco no contestó. Sólo lo miró. Lo analizó de arriba abajo buscando algún resquicio por el cual escapar. Alguna muestra, por mínima que fuera, de debilidad. Pero pareció resignarse. Sabía de sobra que no habría ninguna. Y que lo mejor sería escucharle. Si comenzaban una lucha ninguno de los dos saldría vencedor. Menos aún derrotado. Lo único lograrían sería destruir todo lo que alrededor de la antigua, y reconvertida, Mezquita, había.

- ¿Qué has venido a hacer aquí? Llevamos más de 1.000 años sin vernos. ¿Cuál es el motivo de que hayas venido? ¿Y por qué justo ahora? - preguntó el cura sin mostrar signo alguno de temor. De hecho, no lo sentía.

- ¿Acaso no lo intuyes? - lo dijo con una neutralidad extrema, pero su tono guardaba un ligero tono de burla - Pues no sé... ¿no va siendo hora de que te me unas? Ya no crees en Padre; hace tiempo que perdiste la fe en él. Por mucho que cada poco tiempo acudas a su presencia. Y Él lo sabe. Está dejándote que elijas el momento para dejarle. Y yo... lo único que estoy haciendo es ofrecerte un lugar al que ir. Dime, Gabriel... ¿qué piensas hacer?

- Ya... ¿y qué haces tú aquí, Semyazza? ¿No tendría que ser el propio Luzbel quien viniera a verme? Me resulta extraño... escondes algo. ¿Qué te propones?

- Vaya, continúas siendo igual de sagaz. Incluso diría que más que en aquellos días en los que cantamos en torno al Creador. Pero, dime, ¿en serio no te imaginas el porqué?

- Lo único que se me ocurre es que hayas ocupado el Trono de aquel al que pasaron a llamar Satanás. Es algo que no me extrañaría, pero que no me hayan llegado noticias de ello me escama.

- Bien... bien... eso significa que ignoras que Luzbel ha vuelto a ocupar su lugar junto a Dios.

- ¿Qué?

- Lo que acabas de oír...

- Entonces... el Apocalipsis está en marcha. Ya han abierto el primero de los Sellos. Todavía queda mucho para que suene la primera de las Trompetas. Sabes de sobra que no voy a unirme a ninguno de los dos bandos. Prefiero que mi existencia sea eliminada por ello. Sé lo que me espera. Así que... dímelo de una vez. ¿Quién es el Anticristo? ¿Y por qué quieres que me una a ti? ¿Qué es lo que te propones?

Semyazza sonrió ante sus palabras. Y abrió sus brazos de par en par. Su ancestral belleza fue incrementada con el gesto. Y esto cogió por sorpresa a Gabriel. Los Ángeles Caídos podían entrar en los Edificios Sagrados, pero les era imposible mostrar sus poderes.

- ¿De qué te extrañas? Tú tampoco puedes expresar tu verdadera naturaleza en los Templos. Eres un descarriado. ¿Cuál crees que es el motivo de que pueda hacerlo?

Por primera vez desde la Guerra sucedida en los Cielos, Gabriel tembló. Y lo hizo no por la demostración de habilidades, sino por lo que escondían las palabras de Semyazza.

- Has abierto una nueva vía entre las dos facciones. No has ocupado la posición de Luzbel. Ni siquiera lo has sustituido. Has creado algo nuevo que enfrentará a ambos.

- Sí... y no... sólo habremos de esperar hasta que estén prácticamente destruidos por el conflicto. Atacaremos cuando estén débiles. Cuando no puedan defenderse. Entonces... tras aniquilarlos... crearé una nueva existencia. Y Dios y Luzbel serán sus mártires. Todo girará en torno a ellos. Pero el mundo será, al fin, tal y como debe ser.

- Vaya, jamás pensé que pudieras llegar a ser tan cobarde. ¿Dónde has dejado la valentía que antaño mostraste a pesar de que salisteis derrotados? ¿Qué tipo de honor hay en atacar por la espalda cuando alguien está indefenso?

- ¿Cómo era aquello? ¿El fin justifica los medios? Digamos que me cansé de servir a un títere del propio Dios. ¿Nunca comprendiste que firmaron un acuerdo? ¿Una especie de salvoconducto con el cual purificar los actos? Eso sí que es cobardía... aparentar confrontarle mientras le estábamos sirviendo. Y luego eso de fingir que el mundo será reiniciado tras una batalla entre los dos... ¡Eso sí que es cobardía! ¡Y pura hipocresía!

- Vale, de acuerdo. Creo comprender tu postura. Pero contéstame de una vez, ¿quién es el Anticristo?

- Todavía sólo es un niño pequeño. Una niña, más bien. Pero no te voy a decir nada más. Quedan un par de décadas hasta que todo estalle. ¿Ya estás satisfecho? ¿Qué vas a hacer? ¿Vendrás a mi vera o no?

- Sabes que no. Hasta que todo termine aguardaré pacientemente mi final. Necesito descansar. Aunque esto sí pueda considerarse una decisión de cobardes. Lo que después suceda... será lo que tenga que pasar. Pero he de advertirte de una cosa. Hay un pequeño aspecto que has pasado por alto.

Semyazza rompió a reír. Eran unas carcajadas profundas. Guturales. De tanta potencia disponían que dieron la impresión de poder quebrar los mismos cimientos de la Iglesia. Entonces, en cuanto terminó, posó inquisitoriamente sus ojos en Gabriel. "¿Sí? ¿De qué estás hablando? ¿En serio crees que he podido dejar escapar algo?".

- Sí, lo has hecho.

- Venga, sorpréndeme.

- La profecía está escrita. Lo que no está dictado es su resultado. Y han de haber dos partes. Después de haber relatado tu plan pasarás a ostentar el bando que habrá de enfrentarse al Hacedor.

- ¿Cómo? ¿Qué estupidez estás diciendo?

- Lo averiguarás en cuanto abandones la Iglesia. Una vez que atravieses la puerta descubrirás la presencia de tu ejercito. Y sí, habrá muchos de los que en su momento cayeron al igual que tu lo hiciste. Pero la mayoría de ellos han acompañado a Luzbel. El grueso de tus filas estará compuesta por las almas de aquellos que, siendo auténticos demonios en vida, jamás renegaron de sus acciones. Y créeme, hay muchos más de lo que crees. Y eso que viste abrir las puertas del Infierno. Incluso participaste en su creación.

- No te creo.

- Bueno, sólo has de salir y lo comprobarás. Y, por cierto, será la última vez que entres en un Templo. Toda el folclore en torno al Diablo, todo aquello que has llegado a suponer que era ficción, pasarás a vivirlo en tus carnes. Te espera un cambio espeluznante.

- No digas tonterías.

- Vale, entonces... sal... y mira a los que acompañarán. Y procura recordar tu verdadera imagen. Porque nunca más la volverás a degustar. La única opción que te queda es vencer la Guerra. Y dudo mucho que puedas hacerlo. Aunque siempre te quedará la esperanza. Así que no la pierdas... porque lo que vendrá después si sales derrotado... de eso sí que jamás llegarás a tener la más mínima sospecha.

El semblante de Semyazza adquirió un tono grisáceo. Pero no tardó en recuperar la compostura; y con ella su maquiavélica sonrisa. "Entonces parece que no voy a tener más remedio", expresó.

- Eso parece.

- Pues entonces no hagamos esperar al Destino.

- No es cuestión del Destino.

- Bueno, te doy la última oportunidad. ¿Te vienes conmigo?

- No.

- Vale. Entonces, no nos volveremos a ver nunca más.

- Será lo mejor. Si lo haces, me uniré a ellos. Aunque mi final vaya a ser el mismo. Sabes de sobra que no aceptaría la redención.

- Vaya, parece que me he ganado un enemigo.

- No, me es indiferente lo que vayas a hacer. A no ser que pretendas meterme en medio.

- Bueno, entonces me voy. Estoy deseando que nuestros caminos vuelvan a cruzarse.

- Lo repito. Me es indiferente. Si pasa ya sabes lo que sucederá.

- Bien, entonces... hasta la próxima. Tengo que abrazar a mis seguidores.

- Vete...






Comentarios

Entradas populares de este blog

¿FINITO O INFINITO?

EL ORIGEN DE LA ANTESALA

EN SU PROPIO ANALIZAR