ERA EL ARMAZÓN DE SU ESPÍRITU

 

El fuego brotaba de su boca:

era pasión,

alegría, tesón, fe.

El miedo por quebrarse.


Los asaltos de cada batalla:

cada temor,

caída, mareo, golpe.

La lucha por no ceder.


Ese fuego que brotaba de su boca

era el armazón de su espíritu

al necesitar alivio.


Pero también lo gozoso

al poder mantener el ímpetu

cuando la claudicación le solía tentar.


Los fantasmas vueltos en su mejor arma

cuando parecía rebosar el baúl 

al resultar recargado.



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