Un viaje en tren que parecía circunstancial



Sus manos temblaban. Lo hacían de tal manera que el llavero se le escurrió cuando fue a introducir la correspondiente en la cerradura. Atrás dejó la euforia que lo acompañaba. La sonrisa constante que dibujó su rostro hasta poco antes de llegar a casa. Hacía cinco minutos que el corazón le dio un vuelco. Y aunque sabía que nada debía de lamentarse, el malestar fue inundando su cuerpo. Una especie de raro escalofrío no dejaba de recorrerlo. Su estómago se retorcía por un constante, pero intermitente, dolor punzante.

En cuanto logró abrir la puerta, un ligero alivio lo abrazó. Pero no conseguía difuminar esa gris sensación. Sólo la mitigaba. Como si la disfrazara o fuera la sacarina usada con tal de prevenir los males del azúcar. Tras resoplar, cruzó el pasillo hasta llegar a la sala de estar. Y una vez allí, dejó caer la mochila del trabajo en el sofá y se tiró en él llevándose las manos a la cabeza.

- ¡Hombre! ¡Ya era hora de que llegaras! - era su compañero de piso justo después de oírle entrar -. ¿Quieres una cerveza? Antes he comprado varias. Igual todavía están algo calientes.

No contestó. En su lugar, comenzó a fijar su atención en el techo. Buscando algo extraño que le sirviera para despejarle la mente.

- ¿No me has oído? - comentó al acceder a la estancia al ver que no le hacía caso -. Tiene tela, lo tuyo no tiene nombre. ¿Quieres una o no?

Entonces, nada más verlo, se sorprendió por el estado que presentaba. Estaba ausente. Y algo alterado. Nervioso. "¿Qué coño te pasa?", quiso saber.

- ¿No te has enterado?

- ¿De qué?

- El autobús que suelo coger después de trabajar ha sufrido un accidente. No ha habido heridos, pero ha quedado completamente destrozado. Lo acabo de escuchar por la radio. Estaba oyéndola desde la estación de tren. Mientras venía.

- Vaya... no, no la tenía puesta. Bueno, pues dentro de lo que cabe... podríamos decir que has tenido suerte... pero dime, ¿por qué has venido en tren? Me parece extraño; por norma general tratas de evitarlo.

Cogió aire. Como si estuviera tratando de ordenar lo que iba a contarle. Y ese momento lo aprovechó para agarrar la cerveza que estaba destinada a él. Tras comprobar su temperatura, la abrió y dio un pequeño trago. "No está mal, con esto es suficiente", expresó dando su aprobación. Después, vendría otro más profundo y prolongado. Y, de nuevo, volvió a centrar su mirada en el infinito.

- Hemos ido a tomar algo - soltó al fin -. Me han ascendido, tío. Fuimos a celebrarlo. Nos tomamos un par de cervezas y fui al autobús. Pero se fue prácticamente en mis narices. Así que marché hacia la estación. Tenía tiempo de sobra. Y ese paseo me haría bien para rebajar el puntillo.

"Cuando entré en el vagón, me puse los cascos. Y la radio mientras leía algo. Casi no la presté atención. No fue hasta que llegara, y dejara lo otro, cuando me fijé en lo que decían. Y ahí lo escuché. Además, el accidente sucedió en medio del camino hasta llegar aquí. Así que, cuando pase por ahí, vi el autobús. Estaba hecho una auténtica mierda. No entiendo cómo es posible que todos hayan resultado ilesos. Es increíble".

- Joder, eso ha tenido que suponer una impresión de campeonato. Pero no ha pasado nada, así que respira. Y tómate la birra. Pero solo esa. Que te conozco y ya llevas varias más. Respira. Relájate.

- Sí, lo sé. Eso es lo que estoy tratando de hacer.

- ¿Sabes una cosa?

- ¿El qué?

- Todo esto me recuerda a un proverbio japonés. O por lo menos a un texto que circula por ahí diciendo que su procedencia es esa.

- ¿Eh?

- Lo que acabas de escuchar.

- Vale, y qué cojones dice.

- Suave, relaja. No necesito una muestra de tu mala hostia.

- Está bien... ¿qué es lo que dice?

- Pues, en primer lugar, comenta que si pierdes un autobús tal vez hayas evitado un accidente. Tal y como es tu caso...

- Vaya...

- Y sigue versando que si se diera la circunstancia de que te rechazaran, en realidad, te estaría salvando porque ese no era tu lugar. Y bueno, aunque no sea así del todo, te han ascendido.

- ¿Cómo sigue...?

- Pues referenciando que si alguien se va es porque están haciendo espacio hacia el que va a llegar. Es decir; las nuevas personas que conocerás a partir de ahora.

- ¿Entonces?

- Pues que el Universo te protege aunque parezca que al principio pareciera que tuvieras mala suerte.

- Ya, ¿y qué tiene que ver con el ascenso?

- Pues que el Universo ha hecho que vuelvas a la Tierra. Que recuerdes que hay miles de circunstancias. Tanto para bien como para mal.

- ¿Y qué pintas tú en todo esto?

- Nada, sólo soy aquel que te toca los cojones y te trae una cerveza para que disfrutes un poco.

- Gracias...

- Y también el tocapelotas que te insiste en que habrá que celebrar tu ascenso...

- ¿Pero no decías que no me pasara con la cerveza?

- ¿Y después de la tontería que te he soltado todavía me haces caso?

- Manda huevos... pues sí... me vendría bien salir y tomar algo...

- Pues aséate un poco y vamos.

- Lo que usted ordene.

- Venga, ostias. Date prisa. Que las birras van a terminar calientes.


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