SIN QUE SU AUSENCIA COBRARA
Se fue. Se quedó. Se marchó
dejando la esencia
en el céfiro a modo de su perfume.
Estuvo, por lo tanto, siempre presente
sin que su ausencia cobrara
de las penas de los que le conocieron
al verterles sus ganas del vivir.
Contagió, por lo tanto, la luz de soles
sin que fuera descubierta
la segunda estrella que le da sentido
al sistema al que debes tu existir.
Y con ellas la risa de su semblante
a modo de gloria
por el tacto de su calor.


Comentarios
Publicar un comentario