EL CANTAR DE LA FLOR EN EL AGUACERO
La flor le cantaba al dolor.
A la pena
mientras florecía en un ataúd
con la madera pulida
y aguaceros persistentes.
Desde los días sentenciados
le cantaba.
Sin miedo al venir del alud
cargado de las tragedias
que conforman a los seres.
Pero no comprendía que en el sufrir
los que se van no se marchan,
ya que les da por quedarse
en lo más profundo.
Quizás como los fantasmas
que nos regala la mente
con tal de que tengan cuerpo.
O sus voces en los oídos
buscando tranquilizarse
aún sabiendo de su ausencia.
Pero sí que comprendía del sentir
al ver a los que se quedan
en su querer marchitarse
por lo que les dejó.


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