Una historia sobre un parque y la cerveza de después
- ¿Estás segura? ¿En serio quieres que te la cuente?
- Sí, ¿por qué no?
- Te contaré la historia si prometes no analizarme...
- ¿Y eso?
- Eres psicóloga. Parece que siempre estás escudriñando a la gente...
- ¿Y qué tiene de malo?
- Puedes llegar a ponernos cardíacos con esa actitud. Aunque no lo estés haciendo.
- Ese efecto tiene nombre, y lo llamamos sugestión...
- A eso me refiero. Ni que fueramos Pavlov y el perro de marras...
- Tampoco te pases. ¿Me vas a contar la historia o no? No quiero hacerte perder el tiempo.
- Ya te lo he dicho. Lo haré si prometes no analizarme.
- No te prometo nada. Si lo hago será de forma inconsciente. Podría ser algo inherente a la profesión. U oficio, si lo prefieres.
- ¿Y por qué me da la impresión que estás condicionándome con tal de que lo haga?
- Pues porque lo estoy haciendo.
- Es decir; que no me queda otra que contártelo.
- No diría que llega a tales extremos. Si quieres podemos dejarlo para otro día.
- No, lo mejor es que lo haga y así me quito un peso de encima.
- Pues adelante. ¿A qué esperas?
- Voy, voy...
***
"Al igual que en otros tantos cuentos que te he contado, este tiene un banco de epicentro. En él solía sentarse un hombre. Tendría unos 50 años. Es decir; no era joven, pero tampoco viejo. Estaba en la plenitud de sus días aunque ya fuera desgastándose. Desde ahí contemplaba el lago que en el parque había. Y sobre sus aguas solían nadar los patos. Y también alguna que otra tortuga, además de los peces correspondientes.
"Esos ratos los invertía en recordar sus años de juventud. En cómo una maldita guerra le arrebató lo que más quería. Sus padres desaparecieron. Y por mucho que los buscó a lo largo del tiempo, jamás los localizó. Sólo pudo encontrar el documento de defunción. Y este indicaba el lugar en el que fueron enterrados. Pero al querer recuperar sus cuerpos allí no había nada.
"A pesar del mazazo, prosiguió en su empeño. Y en aquellos días todavía seguía en ello. Aunque no hubiera obtenido fruto alguno. Además, no tenía hermanos. Ni siquiera tíos o tías. Por lo tanto, tampoco primos. Ambos fueron hijos únicos; me refiero a sus padres. Era algo verdaderamente extraño en aquellas fechas. Por fortuna, sí localizó a bastantes de sus amistades. Algunos todavía estaban vivos. Por desgracia, muchos otros no.
"Pero otro asunto que le quemaba era que tampoco sabía nada de la que fue su pareja en aquellos días. Por aquel entonces, los dos tenían 18 años. Y él fue mandado al frente. A pesar de las cruentas batallas, sobrevivió a la guerra. Todavía no tenía claro cómo lo logró. Y lo que más le sorprendía era que consiguiera escribirle cartas en medio de las balas y explosiones. A ella y a sus padres. Pero cuando todo terminó, cuando regresó a casa después de la contienda, lo único que encontró fueron las epístolas mandadas. Estaban en el suelo de la entrada de su casa. Sin abrir. Completamente desperdigadas sobre el piso después de que el cartero las introdujera por la rendija de la puerta.
"En consecuencia, a sus 22 años, empezó una búsqueda sin fin que abarcaba dos objetivos. Y acabo convirtiéndose en su obsesión particular. Fue pasando el tiempo, y en medio de toda aquel agotador esfuerzo, conoció a una mujer. Le fascinó que la confianza y química entre ellos surgiera como si nada. Así que, un día cualquiera, mientras estaban tomando un café, le contó la historia de su vida. Ella lo aceptó con naturalidad. Incluso después de casarse continuó apoyándole en su frenética busqueda. Y lo mismo hicieron sus dos hijos cuando fueron mayores y tuvieron la edad necesaria que les ayudaría a comprender la situación.
"Fue así que los años, lustros y décadas transcurrirían. Y pese a estar cansado, no cejó en su objetivo. No bajó los brazos, ni tiró la toalla. Pero de vez en cuando necesitaba un descanso. Aclarar la mente y ordenar sus ideas. Por ello, solía ir al parque. Siempre que podía ocupaba el mismo banco. El contemplar los animales habidos sobre las aguas del lago, y bajo ellas, le tranquilizaba. Era su recreo. El retiro espiritual con el que recargaba las pilas a través de un trance que no alcanzaba a explicarse. Aunque los de alrededor suyo comprendieran su propósito.
"Sería entonces que llegara la jornada con la cual he comenzado la historia. Estando sentado completamente abstraído en su mundo interior, una mujer se colocó a su lado. No dijo nada, pero con un gesto le pidió permiso con tal de hacerlo. Y él no puso ninguna objeción. Contestó de la misma forma; con el uso del lenguaje corporal.
"Entonces, tras unos 15 minutos de largo silencio, su anónima acompañante comenzó a hablarle.
"- ¿Vienes mucho por aquí?
"En un principio, el hombre guardó silencio. No tenía ganas de conversar. Pero algo en la voz de ella le daba seguridad y confianza. Todo su recelo fue evaporándose hasta desaparecer por completo. Entonces, cuando esto sucedió, comenzó a hablar.
"- Por desgracia, mucho más de lo que quisiera. Me estoy haciendo mayor. Y estos instantes son como una medicina. Pero de vez en cuando siento que sus efectos duran menos. Es como si fuera un antibiótico del cual mi organismo se hubiera acostumbrado.
"- Es una lástima. La belleza de este lugar es impresionante. Tiene la capacidad de sanar cualquier mal.
"- Sí, así es. Llevo haciéndolo mucho tiempo. Tal vez debiera cambiar de lugar. Buscar otro rincón en el que conversar conmigo mismo.
"Ante esto, la mujer no dijo nada. Sólo suspiró. Pero sacó un cigarrillo de la pitillera que guardaba en el bolso. Era uno de los que son finos y largos. Con un mechero cuya carcasa era de metal, lo encendió con soltura. Dio una suave calada que disimulaba el profundo aspirar que haría.
"- No soy de dar consejos, pero quizás debieras seguir viniendo aquí. Darle una segunda oportunidad, por decirlo de algun modo. Tal vez lo que buscas llegue tarde o temprano. Nunca es tarde.
"Está última frase le resultó familiar. Pero no pudo concretar dónde la oyó antes. Aunque tenía la certeza de que fue hace muchos tiempo atrás. Además... el tono de la voz de la mujer le era tan familiar a pesar de que parecía estar gastada por la edad y el tabaco...
"- No creo que deje de venir -contestó al final el hombre -. Hace tiempo llegué a una conclusión. Si no encuentro lo que busco puede que ellos lo hagan conmigo. Y si tengo por costumbre estar por aquí... tal vez les sea más fácil. Siempre y cuando lo esté haciendo, claro.
"- ¿Y qué es lo que buscas con tanto deseo?
"- No, no es deseo. Es una parte de mí. Una persona que fue muy especial. Y sigue siéndolo aunque no sepa nada de ella.
"- ¿Hombre o mujer?
"- Mujer.
"- ¿Cómo se llama?
"- Elisa.
"Al escuchar esto, la recién llegada contuvo la respiración. Aunque él no lo notó al estar embelesado mientras contemplaba las aguas. «No quiero ser altiva, pero es un nombre muy bonito».
"- ¿Altiva? ¿Por qué habrías de serlo?
"- Porque yo me llamó igual. Y por lo que deduzco, tú te llamas Teodoro. Si eres quien creo que eres... yo también llevo mucho tiempo buscándote.
"Nada más escuchar esto, dejó de prestar atención a las aguas. Y fijó su mirar en los ojos de su acompañante. Estos eran marrones mientras eran cubiertos por unas finas pestañas. Sobre ellos, unas delicadas cejas oscuras incrementaban su delicada belleza a la par que sus carnosos labios rojos temblaban por la emoción. La reconoció enseguida. Era ella. Pero no podía decir nada. Se quedó mudo por la impresión.
" - ¿Cómo? ¿Cómo me has encontrado? -alcanzó a decir al final -. Si todos mis esfuerzos han sido en balde.
"- Mi marido es empresario. No es por echarle laureles, pero tiene un gran poder adquisitivo. Y mucho de ello lo ha usado con tal de ayudarme a encontrarte. Lo que nunca llegué a pensar es que te fueras a quedar en el pueblo de nuestra infancia.
"- Así te sería más fácil poder encontrarme.
"- Pues ha resultado al revés.
"- ¿Tenéis hijos?
"- No, no puedo. Pero sé que tú sí. Antes de venir aquí, y encontrarte, hicimos una pequeña labor de investigación.
"El silencio entre ellos se adueñó del lugar. Dudando, y con un claro nerviosismo, extendió su mano y estrechó la de ella. Su gesto fue devuelto con fuerza, pero dulcemente.
"- Tenemos muchas cosas que contarnos.
"- Sí, así es - respondió Elisa.
***
Tras oírle terminar el relato, le pasó la mano sobre su pelo pretendiendo darle forma. Consistencia. "¿Y esto era a lo que le tenías miedo de contarme? Es una historia muy bonita; triste, pero bonita".
- ¿Miedo? No era miedo, era recelo. Pero no ha contártelo. Sino a que me analices.
- Tonto, no cambias. Sigues siendo un moñas romántico de campeonato.
- Ya, y con este gesto adulador estás volviendo a condicionarse.
- No exactamente. Lo que pretendo es que me invites a una cerveza. Y quizás que me cuentes otro cuento. Aunque lo mejor sería que lo dejáramos para mañana.
- ¿Otro? ¿No prefieres un café? Además, no he terminado. Todavía tengo que contarte lo que sucedió después.
- Prefiero la cerveza. Aunque si la historia sigue... estoy deseando escuchar su desenlace.
- De acuerdo, que sea una cerveza. ¿Te parece bien que vayamos al bar que está en la esquina?
- No tengo ningún inconveniente.
- Por cierto, algo me dice que no has cumplido tu palabra. Me da la impresión de que estás todo el rato analizándome.
- Por supuesto, ¿acaso lo dudabas?
- En ningún momento. Lo has hecho constantemente. No has dejado escapar ningún detalle.
- Así ha sido.
Tras decir esto, pusieron rumbo a la cafetería. Una vez allí, y estando en la barra, le pidieron las consumiciones al camarero. Las abonaron en cuanto fueron puestas delante de ellos. Acto seguido, marcharon hacia una mesa iluminada por una lámpara habida sobre ella. Después de dar los primeros sorbos, y algún que otro chiste en torno a la profesión y actividad de ella, prosiguió su relato. Una historia cuyo final puede que, tal vez, algún día sea revelado.
***
* Nota: esta historia está parcialmente inspirada en las personas de Bosko Brckic y Admira Ismic. Conocidos como los "Romeo y Julieta de Sarajevo", murieron el 19 de mayo de 1993 tras ser acribillados por francotiradores al tratar de cruzar el puente Vrbanja durante la Guerra de los Balcanes. Ella era musulmana y acababa de cumplir 25 años. Él un cristiano ortodoxo de 24.

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