ERAN VERTIENTE DEL ESPÍRITU
Las rimas de otoño
llegaron cuando la primavera
estaba a puntito de caminar.
Lo hicieron sin pretensiones,
pero llenas de emociones.
Vivieron en folios,
y también a través de pantallas
de lo que llaman la tecnología.
Pero tenían las comunes
pautas de las emociones.
A veces podían llegar a ser del dolor,
pero también de las rabias y la pasión.
Eran vertiente del espíritu,
de las partes más nobles del alma
que conformaban un ser completo.
Con sus buenos y malos momentos,
también con sus ratos de ira
y de la paz más completa
ante su necesidad de estar ausente.
Eran los sentir de un ser complejo,
de una alma nada perfecta
porque nuestras circunstancias
hacen que ninguna sea de tal carácter.
Al igual que le sucede al mundo
a través de todas las figuras
que le van confiriendo su ímpetu.
A veces alcanzando a ser del Caos,
otras de las calmas y el sosiego.


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