LA MÁSCARA DEL ANÓNIMO
Era conocido.
No podía caminar por la calle
sin que lo reconocieran.
Fuera al lugar donde fuera
la gente solía reconocerle.
Era su suplicio.
Deseaba ser normal.
Poder caminar tranquilo
en cualquier lugar o sitio.
Quería poder pasar por indiferente.
Optó por coser una mascara.
Una con la que el anonimato
paz le concediese.
Le costó, pero le otorgó forma.
Pudo caminar en los veranos
y otras estaciones.
Sintió tranquilidad
con los ligeros respiros.
Pero llegarían los vacíos.
Era por manejar un disfraz constante.
Sería entonces que se lo quitaría.
Y que nadie lo reconocía vio sorprendido.
Al final, de su imagen se fueron olvidando
por no llegar a verla cada día.
Entonces sí fue que respiraría
al no sentirse ya nunca más reconocido.

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